Luis Montes Brito

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Le guste o no le guste a quien sea...

Publicado: 29/11/2012 10:38

mauricio funes

"Le guste o no le guste a quien sea, este se llamará de ahora en adelante bulevar Monseñor Romero". Mauricio Funes, Presidente salvadoreño.

Generalmente la apertura de una obra importante es motivo de alegría para gobernantes y ciudadanos. Los primeros porque al inaugurarla cumplen sus promesas y los segundos porque que se beneficiarán de la misma.

Normalmente, las autoridades aprovechan la ocasión para pronunciar discursos que buscan reforzar la confianza y armonía de la ciudadanía, elementos fundamentales en una democracia para obtener gobernabilidad y propiciar el progreso y desarrollo como nación.

La frase que da vida a esta columna no puede calificarse más que de prepotente, digna de un populista retórico temporalmente poderoso que se aprovecha de la noble trayectoria de un reconocido pastor espiritual, utilizándola para exteriorizar resentimientos y complejos personales no superados, que en nada abonan al tan necesario clima de paz y entendimiento que pide a gritos El Salvador.

Esta fue emitida por el presidente Mauricio Funes para inaugurar una problemática carretera y de paso ufanarse torpemente de su poder para bautizarla con un nombre a su antojo, sin importar que se haya efectuado un concurso público para escoger el nombre, pero que al final por no ser del agrado del gobernante terminó imponiendo su voluntad.

Gaspar Romero, hermano de Monseñor Romero, Obispo homenajeado con el nombre de la calle, sin proponérselo fue quien hizo más evidente la contradictoria actitud del presidente salvadoreño al decir de su hermano durante sus palabras de agradecimiento por el reconocimiento recibido: "Él era humilde, muy callado..." dos virtudes que obviamente contrastaron con el comportamiento exhibido por el mandatario.

La actitud de Funes es apenas la muestra de un patrón de conducta arraigado en su administración y extendido en la clase política salvadoreña quienes prefieren la matonería verbal o física a su obligación de rendir cuentas que en no muy pocos casos confunden con una concesión personal. Este comportamiento además de reflejar inseguridad es una debilidad en aquellos funcionarios a quienes los traiciona el ego, la soberbia, prepotencia, autoritarismo e ínfulas de grandeza.

La frase no es exclusiva del presidente Funes, sino que ha sido usada anteriormente por funcionarios de su gobierno para intentar ocultar su mediocridad en la administración de la cosa pública. La misma fue utilizada recientemente por Jaime "la Chelona" Rodríguez para justificar el estrepitoso fracaso de la selección nacional de futbol. "Voy a seguir en el INDES, les guste o no les guste" sentenció.

Funes aprovechó la inauguración del "Bulevar Romero" para exteriorizar su resentimiento social, para continuar justificando la incapacidad de su administración culpando redundantemente a los veinte años de los gobiernos de ARENA. Olvidó mencionar a propósito que gran parte de la obra inaugurada fue realizada por quienes tanto critica.

Si Funes tuviera suficientes e importantes obras propias que mostrar después de casi cuatro años de gobernar, seguramente no diera tanta relevancia a la inauguración de menos de 9 kilómetros de carretera. La realidad es que no las tiene, ya que ésta así como la carretera longitudinal del norte, producto de una donación del gobierno estadounidense, fueron gestadas en los administraciones de sus opositores.

Al revisar la ya tristemente célebre frase que titula este artículo, no encuentro cual es la parte conciliatoria de la misma, cualidad que sería esperada de un estadista. La expresión suena a más de lo mismo, al mejor estilo autoritario de un dictador tercermundista, los cuales abundan en la historia latinoamericana y por cuyo proceder la región carece de suficiente evolución política, manteniendo a muchos pueblos en el atraso y provocando una enorme brecha social.

Desafortunadamente, a veinte años de firmados los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra fratricida del país centroamericano, los actos de prepotencia política van en aumento. Recientemente, escoltas de la caravana presidencial golpearon salvajemente a un anciano, que se desempeñó como alto funcionario de la administración Funes, por no atender la señal de alto para que pasara el vehículo del gobernante. El caso fue llevado a los tribunales ordenando el juez la detención del guardaespaldas.

La vida demuestra que al igual que los hijos imitan a sus padres, los empleados imitan a sus jefes... le guste o no le guste a quien sea...

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