
En este camino de crecimiento personal, he encontrado muchas, muchas terapias y terapeutas con resultados tan variables que me hice una pregunta que también muchos se hacen: ¿Cuál es la terapia o el terapeuta que funciona?
He visto cómo algunas terapias han ayudado a personas a identificar sus miedos y ayudarlas a sanar, y la misma terapia logra escasos resultados con otros. ¿Será la terapia?
Igualmente, he conocido a terapeutas que particularmente me han "abierto los ojos" en un momento dado y al regresar a ellos ya no pudieron aportar demasiado. ¿Será el terapeuta?
Concluí que, en realidad, lo único que nos hará identificar y liberarnos de algún miedo, salir de un momento de caos, entender y comprender lo que estamos viviendo o perdonar, es la voluntad de quien lo necesita y el profundo deseo de estar en paz
Sólo cuando tenemos ese deseo auténtico y no negociable de estar en paz, de liberarnos, en ese momento, todo comienza a "caer en su sitio". Y si necesitamos ver algo del pasado, quizás tengamos una regresión espontanea para identificarlo.
Si queremos auténticamente perdonar a alguien florecerá de nuestro corazón una compasión no conocida hasta ese momento. O si deseamos dar un paso y estamos llenos de miedo, si realmente lo queremos dar, podremos vencer el miedo sin darle demasiadas vueltas. Y si necesitamos un terapeuta de guía, atraeremos al indicado para lograrlo. Y si necesitamos información, seguramente llegará un libro, recibiremos un email o participaremos de alguna conversación en la que "justamente" están hablando de lo que necesitamos saber.
Así, cada vez que una terapia, un terapeuta o un libro no parecen estar dando resultados, me pregunto: ¿realmente quiero estar en paz con esta situación?
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<strong>Por Ofelia Perez</strong>
Mujer "maravilla", empieza por dejar atrás tus ínfulas de mujer perfecta en multitareas y busca tu verdadera liberación con estos tips.
<strong>1.</strong> Pídele ayuda a tu pareja.
<strong>2.</strong> Creen una dinámica de trabajo de equipo. Involucren a sus hijos según las edades.
<strong>3.</strong> Alternen las responsabilidades relacionadas con los hijos, como el transporte, la supervisión de las tareas, el "corre y corre" de materiales de proyectos y otras.
<strong>4.</strong> Compartan las tareas del hogar a base de lo que a cada cual le disgusta más hacer, de manera que cada cual haga lo que menos le disgusta. En la casa hay tareas que disgustan a todos, pero hay que hacerlas. Altérnenlas. El propósito es que se completen las tareas, sin que ninguno de los dos se sienta recargado ni abrumado.
<strong>5.</strong> Observen en qué gastan el dinero y decidan asignar una cantidad para contratar a alguien que limpie la casa. A veces gastamos $60 o $70 sin darnos cuenta. Invertirlos en alguien que limpie la casa redime las energías para cosas más importantes.
<strong>6.</strong> Echa a un lado la vieja idea de que tu esposo, "hombre al fin", no tiene la habilidad para hacer las cosas como tú las haces. Arriésgate a que las haga. Celébralo cuando lo haga bien e instrúyelo (no te burles ni regañes) para que lo haga mejor.
<strong>7.</strong> Escucha sugerencias. Muchos hombres son buenos en logística y en simplificar tareas.
<strong>8.</strong> Comparte las decisiones y recibe nuevas ideas. A tu pareja le va a gustar participar en todo (que es la verdadera vida de pareja) y quién sabe de cuánta carga te puedes liberar).
<strong>9.</strong> Invítalo a coordinar sus salidas contigo o las familiares, hacer reservaciones y resolver detalles, en vez de hacerlo tú. Sugiere opciones específicas y dale seguimiento, pero déjale a él las gestiones.
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