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Julio Benitez

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La madre del reverendo Luis León

Publicado: 03/02/2013 20:41

Ahí está la foto de Luis León, pastor latino, cubano y guantanamero. Luego viene la televisión y la bendición de un nuevo período de Obama. No voy a decir que su cara me parece conocida porque sería una gran mentira. Sin embargo, pude habérmelo encontrado cuando un poco más grande que yo, sólo unos dos años, tal vez corrió o se movió en un pasillo, en el patio de juegos o a la entrada del edificio adonde estudié mis primeras letras.

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Pero debo atenerme a la verdad y confesar que no sé si León estuvo registrado allí cuando yo comenzaba cada día luego que el microbús de los niños de clase media o tal vez pobres con algún recurso nos desembarcaba en el colegio americano, como le decían todos a Sarah Ashurt School, una institución fundada a finales del siglo XIX por norteamericanos necesitados de evangelizar y ofrecer a los hijos de americanos una institución a su semejanza y que hoy es un plantel de secundaria erigido la pequeña iglesia episcopal construida detrás de la escuela y a la que asistíamos todos los estudiantes aunque no fuera nuestra propia religión porque nos decían que allí estaba la casa de Dios no importara si eras judío, católico o evangélico. Y yo sentí ese respeto y ese amor sin prejuicios mientras estudié allí hasta que la escuela fue intervenida.

Me siento un momento y contemplo una vieja foto adonde me veo uniformado con una de mis maestras, de la cual no me acuerdo el nombre y algunos rostros se tornan familiares, el chino Muñoa, Teresita, Eunice y otros que mejor digo, quizá mi edad, no recuerdo sus patronímicos. Y vuelvo entonces a aquel primer año cuando mi mamá dijo que valía la pena porque iba a asistir al mejor colegio del pueblo y aprender inglés. Y tenía razón. Todos mis compañeros de aquellos primeros tiempos en el aula se graduaron de la universidad.

Todavía recuerdo a Miss Clancy, la directora, con su perrote grande viviendo ahí mismo en la escuela y comprendo ahora como maestro que debió llevar una vida muy modesta aunque mantenía aquel lugar limpio, lleno de alegría y con un increíble deseo de aprender en cada esquina y sobre todo orgullo, el orgullo que jamás experimenté en otra escuela adonde estuve matriculado.

Mi kindergarden o kínder adonde enseñaba la madre del reverendo que bendijo la segunda toma de posesión de Obama fue una experiencia increíble. Allí nos sumergimos en el mundo de los juegos, de la educación bilingüe y la experiencia de esa cultura que terminó siendo la de mi patria adoptiva. Gracias a Concha Palomares y todo parece indicar que Lauradis M. Cardet ompartía junto a ella, el salón de clases, aprendí quién era Santa Claus, las canciones navideñas en inglés, las cosas que enriquecieron mi vida junto al respeto que se desbordaba por nuestras propias tradiciones.

¿Quién fue esa mujer llamada Concepción Palomares y que iniciaba el ciclo de Kindergarden o pre-escolar al frente de muchos niños como yo en eso que llamaban todos en Guantánamo, el Colegio americano? Sería una gran mentira si dijera que me acuerdo de ella físicamente. He logrado mirar algunas fotos y por mucho que trato no hay forma que cincuenta y cinco años después logre visualizarla. Esas extrañas jugarretas de la memoria.

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Dicen que detrás de todo hombre grande hay una mujer y que una madre no sólo nos da la vida sino que inspira lo mejor de cada uno de nosotros. Mi prima Ángeles que fue también su estudiante le amerita el hecho de que su hermana Ada decidiera seguir en aquella escuela. La una es hoy una exconsejera y maestra retirada de Los Ángeles, la otra es arquitecta de la ciudad más grande del oeste americano.

El tiempo nos hace mirar al pasado con la óptica de los sentimientos. Hace más de cincuenta y cinco años yo estaba en mi escuela, en pre-escolar. Más de uno nos dice que Concha Palomares inspiraba respeto, que nos enseñaba las maneras y los juegos apropiados para nuestra edad. Durante años estuvo allí junto a los que venían del nursery o que como yo confrontaban sus primeras experiencias junto a otros niños en un aula.

El reverendo Luis León salió de Cuba como Peter Pan. Me imagino cuán difícil fue para ella dejar a su hijo abandonar el país solo. Como otro padres fue guiada por aquella ola de terror, tal vez inducida tal vez real que inspiró en muchos un terror por un gobierno del que se dijo arrebataría la patria potestad de los menores y destruiría la espiritualidad de sus hijos.

La familia se reunió no mucho tiempo después y entonces buscando un cabo por acá y otra nota por allá me topé con un sitio de internet que nos une y que está dedicado a los antiguos estudiantes del colegio americano. La madre del reverendo se encuentra en una foto. La mujer que junto a su otra colega me inspiró el amor por la escuela, por las cosas diferentes, por el inglés y por tantas otras experiencias aparece allí en un par de fotos que he podido copiar.

No exagero cuando digo que esa mujer de carácter firme y dulzura para hacer de su clase un hogar debió enseñar mucho al reverendo que bendice presidentes y como yo nació en una ciudad del Alto Oriente cubano y que se llama Guantánamo o Entre Ríos en lengua indígena. Allí mi primera maestra regalaba el amor que llegó como bendición a nuestro presidente.

 
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