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Juan Cartagena

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Vinimos para civilizar a los grandes

Publicado: 26/09/2012 10:16

otto perez molina

Cuando el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, reclamó de nuevo a los países centroamericanos a descriminalizar el uso de drogas este año lo hizo con el propósito de eliminar la ola de violencia que amenaza la región. De esta manera hizo eco a sus colegas anteriores como el presidente mexicano Vicente Fox en 2001, el primer ministro mexicano Jorge Castañeda y el presidente uruguayo Jorge Battle, cada uno exigiendo el fin de la guerra contra las drogas por razones humanitarias.

Fox notó que un día la humanidad lo verá como la mejor alternativa. La semana pasada llegó a Nueva York el reclamo a nivel de pueblo - el pueblo mexicano que encarna el sufrimiento de la pérdida de seres humanos por causa de esta guerra. Fue la Caravana por la Justicia y la Paz que unió activistas y familias de las víctimas de la violencia causado por el narcotráfico. Ya son 60 mil muertos en México. Y ya es tiempo según la caravana para terminar esta guerra y el tráfico de armas y la violencia que lo acompaña. Es necesario considerar alternativas en EEUU, el líder mundial en el consumo de drogas ilegales. Es decir, es tiempo para considerar la legalización del mundo narco.

¡Imaginasen!

Es Latinoamérica que encabeza este movimiento progresista que exige un fin a la guerra devastadora que apeligra el hemisferio a cada lado del Río Grande. En EE.UU. latinos tienen la tasa más alta de encarcelación por delitos de narcotráfico no violentos. Miles de años de vidas latinas se desperdician en la encarcelación masiva y la industria castigadora que se nutre de esta guerra selectiva y discriminatoria contra las drogas. En Centro y Suramérica y el Caribe los muertos suman a cantidades inconcebibles. Miles y miles de armas hechas en EEUU cruzan a México para empeorar un ambiente ya lleno de una violencia irrazonable que ni siquiera llama la atención de los medios en este país.

Vinimos para civilizar a los grandes, notó el poeta y activista Javier Sicilia el líder de la Caravana por la Paz y Justicia. La caravana viajó más de 6,000 millas y llegó a más de 20 ciudades antes de culminar en el capitolio estadounidense esta semana.

En Nueva York la capital mundial de arrestos marihuaneros la Caravana de México no logró una audiencia con la alcaldía. Fueron ignorados, y la administración ni siquiera contestó. La recepción oficial en la alcaldía se la dieron un grupo nutrido de activistas americanos que han cuestionado la lógica de la política americana en este campo.

Los que cuestionan esta política son los valientes porque es casi imposible en este país criticar todo que tenga que ver con la política del uso de drogas sin que te sospechan ser tecato. ¿Estás endrogado?, me preguntó en Queens, NY, una mujer que acaba de oír mi pedido a re-examinar esta locura de criminalizar cada aspecto del uso de drogas por sus consecuencias devastadoras en la comunidad latina. No, le contesté. Ni tampoco son la multitud de analistas, escritores de editoriales, y activistas humanitarios que cuestionan debidamente el cambio sísmico en los 1930s en este país de tratar el uso de drogas con la mano dura de la criminalización en vez de un asunto médico. Y eso que el cambio se efectuó sin ninguna evidencia que la criminalización iba curar el hambre insaciable que tienen los americanos para las drogas ilegales - ni ahora, ni en ese entonces.

En la alcaldía era imposible no sentir la emoción palpable de las madres mejicanas cuando narraron sus experiencias. Los muertos exigen que le demos una oportunidad por la paz, nos contaron. Son ellos, los inocentes, que demandan un fin a esta guerra. De tras de ellas las imágenes llenaron nuestras vistas y nuestra percepción del evento con retratos de sus familiares queridos, junto con detalles de sus últimos días en la tierra. También hubo carteles impresionantes con llamativos que decían "Necesitamos poetas, no metralletas" y "hasta que la justicia y la paz se besen".

¿Cuándo vamos a escucharlos? Si nos llevamos por las ponencias de los candidatos a la presidencia Americana, no será pronto. El problema no es lo que dijeron, es lo que fallaron a decir. Ningunos de los dos candidatos hablaron de esta inversión de miles de millones de dólares en la guerra contra las drogas - fácilmente uno de los más fracasados programas domésticos que hemos vistos en nuestros tiempos.

Su silencio lo dice todo. Pero es un silencio que ni llega a los codos al silencio de nuestros difuntos mexicanos. Juntos con los miles de vidas americanas que se han perdido, estos difuntos nos preguntan, colectivamente.


¿Cuándo vamos a escucharlos?
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