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Pepe Flores

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La retórica del caso The Guardian-Televisa

Publicado: 07/02/2013 16:13

Quien afirme que el diario inglés The Guardian se disculpó con Televisa, incurre en una imprecisión. No se trató de un acto de expiación hacia la empresa de Emilio Azcárraga, sino de un acuerdo que pasa más por lo legal que por lo periodístico. El martes 5 de febrero, The Guardian emitió un comunicado de dos páginas en el que señala que ambas empresas han acordado resolver sus diferencias "de forma amigable", después de los roces provocados por la investigación del diario británico sobre el sesgo de cobertura de la televisora a favor de Enrique Peña Nieto.

El 7 de junio de 2012 (a menos de un mes de la elección presidencial en México), The Guardian emitió una pieza de Jo Tuckman acerca de supuestos pagos que hicieron diferentes figuras políticas en 2005 para recibir un trato mediático favorable. Entre ellas, destaca el entonces presidente Vicente Fox, quien habría pagado para crear una campaña en contra de Andrés Manuel López Obrador, jefe de gobierno del Distrito Federal y candidato presidencial en los comicios de 2006. Asimismo, el diario señaló que Televisa había favorecido la imagen de Enrique Peña Nieto (en ese momento, gobernador del Estado de México) para allanar su camino rumbo a las elecciones de 2012.

La investigación de The Guardian -basada en buena parte en el trabajo previo del periodista mexicano Jenaro Villamil- enardeció a Televisa, que exigió una disculpa pública por las acusaciones. El periódico respondió con otra pieza en la que señaló la metodología que utilizó para corroborar (en la medida de lo posible) la legitimidad de los documentos que usó para elaborar su trabajo periodístico.

A raíz del reclamo, The Guardian excavó más profundo en el tema, encontrando un cable filtrado por WikiLeaks en 2009, en el que oficiales de Estados Unidos afirmaron que "es ampliamente aceptado (...) que el monopolio televisivo de Televisa apoya al gobernador [Peña Nieto] y le da un extraordinario tiempo al aire y otro tipo de coberturas". El 26 de junio, a unos días de la elección, Jo Tuckman publicó en el diario otro artículo sobre la relación entre Peña Nieto y Televisa, en el que afirmaba que la empresa había creado un equipo especial (denominado "Equipo Hancock") para denostar a los opositores del político en redes sociales.

Los artículos de The Guardian provocaron una disputa en el terreno legal con Televisa. Al final, la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en contra de las impugnaciones de Movimiento Ciudadano, terminó por decantar la balanza. En el comunicado, el diario reconoce que "la cobertura política de Televisa fue encontrada por el Tribunal Federal Electoral de México en cumplimiento de las estrictas regulaciones mediáticas y de imparcialidad política del país". Así mismo, The Guardian señala que "tanto el IFE como el Tribunal Federal Electoral encontraron las alegaciones del PRD sobre parcialidad política en la cobertura de Televisa entre 2005 y 2012 como sin fundamento."

Es decir, el diario reconoce que la instancia correspondiente eximió de las acusaciones a Televisa. Además, The Guardian apunta que "no fue su intención sugerir que esos documentos constituían una prueba conclusiva de la parcialidad política de Televisa". En ese sentido, el periódico tuvo éxito: su investigación se condujo como parte de una acusación más grande por la vía institucional (la impugnación ante el TEPJF), y fue en dicha mesa que fue rechazada. En realidad, ocurrió a lo que toda investigación periodística seria debe aspirar: a proveer pruebas para sustentar dudas razonables y acciones concretas en un terreno jurídico.

Así, la retórica de la disculpa es inexacta e inaceptable. No hay sometimiento de The Guardian hacia Televisa ni nada por el estilo. La realidad es que las acusaciones han sido desestimadas por el tribunal y que el periódico no logró "verificar más allá de la duda la autenticidad de los documentos en cuestión". Sin ese respaldo, aunque fuese verdadera dicha información, no es posible avanzar más. Por dicho motivo, el mismo diario ha señalado que los artículos se mantendrán en línea -e incluirán un enlace hacia el acuerdo legal entre ambas empresas-. Lo que resulta peligroso es que la opinión pública interprete el suceso como un acto de sumisión o de derrota. Por el contrario, el prestigio de The Guardian no debería quedar en entredicho. Si acaso, la sensación que persiste es un dejo amargo que apunta más hacia el cuestionamiento del accionar del tribunal que al de la labor del rotativo británico.

 

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