Jorge Muzam

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Izquierdistas exquisitos, no hagáis papelones

Publicado: 17/02/2013 15:04

talegon

Es una de las más desalentadoras incongruencias de los políticos de izquierda. De los que conquistan cargos públicos, dirigencias sindicales o cupos parlamentarios. Toman la causa de los oprimidos, hablan de injusticia social, aventan eslóganes anticapitalistas ante la muchedumbre, e incluso besan niños pobres frente a las cámaras, pero, a la vez, viven como si fuesen nobles u oligarcas.

Visten ropa finísima, pernoctan en hoteles de cinco estrellas, se desplazan en automóviles de lujo, se toman largas vacaciones en lugares idílicos, comen exquisiteces en restoranes caros y cobran mensualmente salarios de reyezuelos, mientras dicen representar a millones de trabajadores y familias que ganan al menos cien veces menos que cada uno de ellos, o que ni siquiera pueden aspirar a un empleo.

De la derecha no hay mucho que esperar. Ellos provienen de las clases oligárquicas, terratenientes, industriales o financieras, y sólo están para defender los intereses de su hueste, pero de los políticos de izquierda se espera que al menos trabajen defendiendo y conquistando nuevos derechos para las clases menos favorecidas, se espera que sepan lo que es vivir en la miseria, en la ausencia de derechos, en la falta de perspectivas, en la humillación diaria.

En Chile, ningún parlamentario ni funcionario del gobierno ha objetado la desmesura de su salario, que puede oscilar entre los 15 y 36 mil dólares al mes, ni menos se les ha ocurrido compararlo con lo que gana la mayoría de los trabajadores, y que no supera los 390 dólares mensuales.

Lo que muestra el video (a continuación), donde la joven española Beatriz Talegón encara a los delegados de la Internacional Socialista, deja en claro que los sectores más jóvenes parecen ser los únicos que tienen conciencia de este papelón, de esta permanente provocación, o al menos es a los únicos que parece importarles, y buscan la forma de remediarlo, aunque sea denunciándolo en las narices de estos jerarcas izquierdistas, parásitos de la buena vida y la poca vergüenza.

 
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