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Jesús Jambrina

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Últimos mandatos latinoamericanos: Correa y Castro

Publicado: 25/02/2013 23:39

correa castro

Todo parece indicar que en el 2018 o antes veremos el fin de la cultura política del caudillo en la región, al menos en el lado izquierdo de la bancada, dando paso a las rotaciones sistemáticas de las figuras del poder. En días recientes dos presidentes han anunciado formalmente su decisión de no permanecer en el primer puesto de sus países después de ese año: Rafael Correa en Ecuador y Raúl Castro en Cuba, nación esta que, incluso, reformará su Constitución para establecer un máximo de dos períodos de cinco años para las posiciones políticas más altas.

Tales decisiones simbolizan una importante evolución en los gobiernos de izquierda y confirman el avance de la democracia en una parte del mundo donde esta ha sido históricamente retada y en la actualidad está siendo profundamente transformada.

El caudillismo y los personalismos han sido males endémicos en la política latinoamericana; independientemente de las causas de semejante tradición -residuo colonial, diversidad étnica y cultural, o intereses foráneos, para citar algunos- el autoritarismo, especialmente de izquierdas, ha contradicho los discursos de justicia de sus defensores y la mayoría de las veces ha sembrado el desencanto y el cinismo entre las poblaciones regionales.

En el caso particular de Cuba y Ecuador, la rotación del poder implica la prueba de fuego de sus propuestas económicas y políticas al tener estas que justificarse en la realidad de manera convincente. Cuba comenzó un proceso de reformas de mercado en el 2006 en la línea china - renta de la tierra, creación de pequeñas empresas, facilidad de préstamos-, al que ha ido agregando flexibilizaciones en el campo social como el de los viajes, la tolerancia hacia la comunidad LGTB y el reconocimiento público de los prejuicios raciales.

Ecuador, por su parte, está apostando por lo que el presidente Correa llama la revolución ciudadana, que se traduce en una amplia participación popular en las decisiones económicas así como en la colaboración del estado con la empresa privada en proyectos sociales de envergadura como la renovación de la infraestructura, incluidos varios aeropuertos y el sistema de carreteras, entre otros. Ecuador además impulsa novedosos programas de viviendas, medio ambiente y relación con sus emigrantes.

Debemos celebrar que estos liderazgos latinoamericanos se dispongan a rotar en la medida en que ello puede ayudar a expandir los derechos democráticos e impulsar el desarrollo social de una región cuyo potencial pareciera estar beneficiando a sus pobladores y finalmente, aprovechando las oportunidades de la globalización, dejando atrás la pobreza, la violencia y las profundas desigualdades que la han acompañado hasta hoy.

Latinoamérica, Video Calle 13

 

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