Hirania Luzardo

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De Mujeres: Y ellos preguntan ¿dónde están las damas?

Publicado: 07/09/2012 21:18

mogarraz

Hace unos días publiqué en esta columna un texto bajo el título: ¿Y dónde están los caballeros? Uno de los lectores, a quien había conocido personalmente en Mogarraz, Salamanca, en España, y quien nos sigue desde allí, reaccionó ante las ideas expuestas y nos dio el punto de vista masculino.

En mi anterior blog expongo sobre los caballeros: " Cada vez existen menos, pero también son menos las mujeres que ni siquiera saben lo que es gozar de los privilegios y bendiciones de conocer a uno".

Y nuestro amigo lector comienza así su disertación:

Sorprendido por tu reflexión "De Mujeres: ¿En dónde están los caballeros?" me he animado a escribirte un comentario. Al principio pensaba mandarlo al blog pero veo que tienes múltiples seguidores y quizás no proceda. Por lo que me animado hacerlo de esta manera. Tendríamos que pensar de igual forma por la parte femenina que se está igualmente extinguiendo.

Yo continuaba en mi columna: "Esos hombres que ya se olvidaron lo que es abrir la puerta de un coche a una mujer, que se hacen los locos a la hora de pagar una cena y tú terminas pagando tu comida..."

El dice sobre las mujeres:

Me refiero a quienes cuando les cedes el paso a la entrada de una cafetería renuncian a ello y contestan con una frase malhumorada; cuando llevas a los niños al colegio y el desodorante no existe o cuando quieres invitar a un café te comentan que tienen sus propios recursos.

En un acto de fe en mi blog, intento compartir la esperanza de que los los caballeros sí existen y es divino cuando les conoces.

Y este lector recurre a describir -con mirada de caballero - lo que puede ser el coqueteo con una mujer: sólo observando detalles, sin dar un paso más, ni una palabra más, más que el acercamiento con delicadeza sin que nadie se sienta invadido.

Continúa él:

En aquella ocasión saliste de cenar con una amiga en la plaza de la villa y te acercaste a la barra del bar a pedir una consumición. Un día antes, nuestro amigo común, ya nos había presentado en la terraza del restaurante de Tomas. Por lo tanto una sonrisa de caballero sirvió para saludarnos [...] Mis ojos me traicionaron y se quedaron fijos a tus andares acompañado por las campanitas que emitía el choque de los hielos contra el cristal en tu consumición.

Te encontrabas sentada acariciando el torso de un iPad como si de un joven musculado se tratase ya que tus dedos lo atravesaban en vertical y horizontal. Y con las yemas de tus dedos le mandabas tu mensaje [...] En ese momento comenzamos a conversar y tu voz cálida como las luces amarillas de la plaza retumbaba a frescura y felicidad.

Más que pensar que esto puede ser un coqueteo amoroso, no fue más que la señal de la aproximación inteligente. La que no pasa de ahí. La del juego de las palabras. La que las mujeres amamos y nos permite ir al próximo paso.

Este hombre, sin preguntar nada más, reparó lo que para mí era lo más importante mientras esperaba en la única plaza de la villa de Mogarraz.

Todo este rollo es porque me encantó la frase que dijiste sonriente y que la pienso guardar para siempre: "Estoy encantada, como embriagada al ver que mi hija por primera vez juega con amigas en la calle".

De esa noche me quedó esa imagen romántica, de la quien sabe de redacción, tendría un poema en su mano para describirlo como fue. Ya que ninguna pintura del mundo lo reflejaría tal y como lo describiste. Quizás sería un bonito motivo para un son habanero.

Mujeres: no perdamos la fe...pocos caballeros, pocas damas también, pero sí existen, sí existimos.

 

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