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Hernan Vera

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La Nueva Revolución Educativa

Publicado: 03/05/2012 16:53

Su complexión pequeña contrasta con los grandes aretes que Claudia Gómez suele lucir. Aunque no son tan grandes como su sueño de tener un futuro mejor.

Las aspiraciones de esta joven latina no siempre fueron grandes y brillantes. Cuando cursaba el octavo grado fue expulsada de la escuela secundaria a la que asistía tras una disputa con otra estudiante. Claudia era la alumna más destacada de su clase.

Una y otra vez, la historia se repetiría. Claudia fue suspendida de varias escuelas de su comunidad porque llegaba tarde o iniciaba discusiones con otros estudiantes que solían burlarse de ella.

Finalmente, su retraso escolar fue de tal nivel que prefirió abandonar la escuela. A lo largo de esos años de castigos y medidas disciplinarias nadie supo reparar su corazón roto. A los 12 años Claudia presenció con horror como su hermana era asesinada de un disparo. Otra de sus hermanas también resultó herida en ese incidente trágico.

"Durante todo ese tiempo en que estuve lidiando con problemas ocasionados por mi comportamiento violento y los aprietos para conseguir transporte, nunca me preguntaron si podían hacer algo para ayudarme," recuerda Claudia. Video:

Las heridas de ese pasado la hicieron fuerte y hoy no sólo comparte su historia con todos aquellos que deseen acucharla, sino que está en camino de terminar la preparatoria y se ha convertido en una activa organizadora de La Coalición de Justicia Juvenil donde lucha por cambiar el sistema que en el pasado la ignoró y nunca hizo nada por entender las heridas detrás de su enojo.

La historia de Claudia muestra una falla importante del sistema educativo en el que están nuestros niños: disciplina escolar excesiva. Desde hace mucho tiempo, los políticos han empujado un enfoque simplista, "el amor duro" un sistema escolar disciplinario que enfatiza suspensiones y expulsiones. Los números son alarmantes. Sólo en California, más de 400,000 estudiantes fueron suspendidos durante el ciclo escolar 2009-2010. La cifra equivale a decenas de millones de horas de clases perdidas para los jóvenes de nuestra nación.

Cabe destacar que las infracciones que condujeron a estas acciones disciplinarias, no fueron tan graves como la mayoría podría imaginar. Datos de un estudio nacional reciente encontró que más de 43% de suspensiones disciplinarias fueron por "insubordinación" (ej. Contestar con un "desafío deliberado", etc.) y menos del 1% se debieron a situaciones serias como posesión o uso de armas de fuego.

Como puede imaginarse, las repercusiones educativas para estos estudiantes son enormes. Las estadísticas muestran que aquellos alumnos que fueron suspendidos al menos una vez, tienen tres veces más probabilidades de abandonar la escuela. Y la correlación entre las expulsiones y la participación en el sistema de justicia juvenil es directa e irrevertible.

Otro aspecto preocupante de esta política disciplinaria es la relación desproporcionada en la que se recurre a la suspensión del alumno entre los diferentes grupos étnicos. Los estudiantes Latinos tienen más probabilidades de ser suspendidos que los blancos. En el caso de los alumnos con discapacidades la probabilidad de que se les somata a una forma superior de castigo se duplica. Estas grandes diferencias persisten incluso cuando los investigadores comparan a estudiantes que presentan antecedentes de comportamientos similares.

A pesar de toda la retórica, los resultados de las investigaciones son claras. Someter a los niños a través de duras políticas disciplinarias en las escuelas simplemente no mejora el desempeño educativo - individualmente o para la escuela en conjunto. Ningún estudio ha podido demostrar que estas políticas impositivas proporcionan algún beneficio pedagógico significativo.

Afortunadamente, la marea se está revirtiendo. Educadores, padres, políticos y estudiantes como Claudia están abogando enérgicamente para que se implemente un enfoque diferente.

Algunos de los cambios van a suceder a través de las acciones en los niveles más altos. Este año, el Secretario de Educación, Arne Duncan, dijo a los medios de comunicación que: "la triste realidad es que los estudiantes de minoría étnicas en toda América enfrentan medidas disciplinarias más severas que aquellos que no lo son, incluso dentro de una misma escuela."

En California, los legisladores están en la búsqueda de soluciones de sentido común para aquellas escuelas que año tras año suspenden más del 25% de su alumnado, y los desafía a que reduzcan sus cifras. Otro proyecto de ley busca cambiar la definición de "desafío deliberado," que puede conducir a un estudiante a ser suspendido por cualquier situación ya sea que no entregue su tarea, no preste atención, o se niegue a seguir instrucciones como quitarse un abrigo, un sombrero o no desee prestar juramento en clase. Si desea conocer más sobre el tema, puede ingresar a la página web www.MejorandolaDisciplina.org o www.FixSchoolDiscipline.org.

Pero el cambio se dará de forma paulatina: Una escuela a la vez, un profesor a la vez y un estudiante a la vez. Hay una revolución silenciosa emergiendo alrededor de la disciplina escolar. Es una revolución de padres de familia que buscan tener una voz activa sobre lo que está ocurriendo en las escuelas de sus hijos. Es una revolución de profesores que buscan pasar de dirigir simplemente un salón de clase a buscar apoyo profesional para ayudar a que todos los estudiantes tengan éxito. Es una revolución comunitaria que está movilizando activistas sociales, jueces y autoridades de la ley a una conversación abierta. Es una revolución de estudiante dispuestos a asumir la responsabilidad de analizar su comportamiento y trabajar para cambiarlo.

Como dijo Claudia, quedar suspendido es sinónimo de "días sin acceso a la educación." Así es cómo todos percibimos este problema.


Hernán Vera es abogado y actual presidente de Public Counsel, la organización de asistencia legal pro bono mas grande de los Estados Unidos. www.publiccounsel.org

 

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