Los seres humanos de verdad que somos muy especiales y buscamos la grandeza a toda costa. Esto es lo mejor que tenemos, pues es algo que va impreso en nuestra naturaleza.
Sin embargo, esa misma búsqueda de la grandeza, ha sido usada en nuestra contra porque desde el principio fuimos tentados, acogiendo el deseo de ser "como Dios"; así perdimos esa gran dignidad que ya teníamos, de estar en su presencia y conocerle y amarle, porque quisimos ser grandes sin Aquel que hace grande todo cuanto existe, porque en Él somos, nos movemos y existimos (cfr Hch 17,28). Él es la fuente que puede hacernos y en efecto nos hace grandes, nos hace sus hijos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.
Ante ese deseo de grandeza hemos buscado mil y una formas de realizarlo, no acertando siempre en la elección de lo que conviene a obtener ese fin, y como no lo hemos obtenido, inventamos a seres que pudieran expresar lo que no somos capaces de ser. En otras situaciones, hemos querido ser como otros que consideramos estar en una posición de mayor grandeza que nosotros; y de esta manera al disfrazarnos de ellos, queremos, sobre todo, engañarnos a nosotros mismos.
Buscamos modelos que reflejen grandeza y éxito, entonces todo aquel que detente poder, fama, dinero, oscuridad, se vuelve atractivo. Algunos ofrecen cualquier cosa, hasta su vida para tener un poco de eso, pero precisamente la grandeza está en la vida que poseemos y en ella podemos lograr grandes cosas.
Hoy te quiero invitar a que "no te disfraces y mejor te revistas". Me preguntarás: ¿cuál es la diferencia? Con gusto te la comparto. Disfrazarse es según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: "Desfigurar la forma natural de alguien o de algo para que no sea conocido". Y también: "Una simulación para dar a entender algo distinto de lo que se siente". Si seguimos la línea de estos conceptos, a través del disfraz emulamos lo peor de este mundo o incluso imitamos monstruos, demonios, y toda clase de criaturas oscuras o de obscenidades que desfiguran nuestra belleza y grandeza. Durante estas celebraciones ocurren toda clase de desgracias, cultos satánicos, evocación de muertos y vandalismo. Estas prácticas dan primacía a la muerte y a la oscuridad como si en ellas pudiéramos encontrar la grandeza que buscamos.
En parte este afán de disfrazarse es por temor a lo oculto o en apariencia por curiosidad, pero de fondo hay algo que atenta contra nosotros mismos, y nuestro deseo de trascendencia de ir más allá para alcanzar algo que dé sentido y permanencia a la vida y que permita soñar y realizar los anhelos de nuestro interior.
Por otro lado, el hecho de revestirse, del griego ἐνδύω (enduo), significa "entrar dentro", "meterse dentro". Por ejemplo: dentro de ropas, vestirse o revestirse. Traducido con este último verbo en la Carta Gálatas 3.27, de los creyentes dice: "están revestidos de Cristo" o en Col 3:10 "revestido de la nueva condición". Esto nos enseña que como cristianos no tenemos que aparentar ante nadie, porque el aparentar es otra forma de disfrazarse.
En nuestra naturaleza hemos recibido algo que se llama gracia, que nos eleva a una condición nueva como dice San Juan en su primera Carta (1Jn 3,1): "Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios. Por eso el mundo no nos conoce porque no le reconoció a él".
Mis queridos hermanos, cuando nos revestimos de Cristo usamos la investidura real que Él posee, y vivimos con la dignidad que hemos recibido.
Si quieres mostrar grandeza, ya no son necesarios los vestidos de marcas de diseñadores, que al final son otra clase de disfraz, sino más bien, atiende el llamado del apóstol que nos dice en Ef 4,24: "revestíos del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad".
Y viviendo verdaderamente y llenos de las cualidades que nos presenta Cristo como vemos en la Carta a Colosenses Col 3,12: "Revístanse, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia".
De esta manera veremos cómo nuestro mundo y nuestras vidas se llenan de una grandeza de verdaderos héroes y no nos veremos ni veremos a los demás como monstruos de ultratumba.
Te exhorto a que no celebres la muerte y será mucho mejor que tu vida sea una celebración permanente en la que otros digan: ¡Yo quiero ser como tú!
Sí, es posible. Esta afirmación que parece un derroche de optimismo en realidad es un hecho probable y casi científico. Lo divino siempre actúa a través de nosotros mismos. Los milagros indefectiblemente parten de nuestro interior, es decir del alma que Dios nos ha dado. En la vida cotidiana se manifiesta a través de nuestras acciones.
"Milagrosamente" las fuerzas divinas superiores están instaladas en nuestras vidas y accionan a causa de nuestra fe. En un mundo que parece un tanto perdido, la esperaza y la fe se convierten en palabras demasiado abstractas, pero hay un mundo mejor formado por personas que sin llegar hacer absolutamente puras, luchan para que la esperanza y la fe no sean solo palabras.
La Virgen que cuida enfermos
"Fui durante muchos años enfermera del turno de la noche en el Hospital Ángeles de la ciudad de México D.F. En el invierno del 76 durante una noche de tormenta en la que me tocó estar de guardia, los pasillos del hospital se veían muy solitarios y había en el aire una especie de intranquilidad. De pronto, veo salir de una habitación a una mujer vestida con ropas azul claro y con una larga trenza rubia que parecía iluminar la oscuridad del pasillo. No sé por qué tuve un extraño impulso y la necesidad de acercarme y tocarla, entonces ella me miró con los ojos más dulces que he visto en mi vida, y me dijo con una voz melodiosa: "no te preocupes, Laura, tus pacientes estarán muy bien" (sigue la historia...)
La Virgen que cuida enfermos
Luego la deliciosa mujer se perdió en los cuartos del ala azul. Lo maravilloso de esta experiencia fue que cuando le comenté lo sucedido a una de las enfermeras más antiguas del turno de noche, ella me dijo con toda naturalidad que esa mujer de la trenza rubia era la Virgen que paseaba por las habitaciones durante las noches de tormenta para traer tranquilidad a las personas internadas. Desde esa noche creo absolutamente en los milagros y espero siempre volverme a encontrar con la divina Virgen que sabía mi nombre y que acarició mi corazón". Este testimonio pertenece a la enfermera Laura Alcuza, residente del DF.
La Virgen sana enfermos
Existen muchos relatos en los cuales la Virgen María se aparece para traer paz al alma de las personas que sufren. Se dice que los caminos de Dios son insondables y que él y Cristo accionan a través de nosotros mismos. Un periodista argentino que falleció el año pasado llamado Víctor Sueiro recorrió durante años el mundo buscando testimonios sobre milagros. En unos de los pasajes del libro "Milagros más que nunca", el escritor relata las vivencias de la madre de un niño desahuciado que le pidió a la Virgen la salvación de sus hijos. Y ella les concedió los milagros.
Uno de los relatos más impresionantes es el de la doctora Achaval. Ella tenía a su niño internado en la sala de oncología del hospital Gárrajan de la ciudad de Buenos Aires. "Mi Danielito tenía un cáncer terminal. Todos habían perdido la esperanza y esperaban que en cualquier momento mi niño se fuera (sigue la historia...)
Angelito cuida enfermo
Extrañamente y a pesar de mis grandes conocimientos en el terreno médico, yo era la única de la familia que conservaba la esperanza y que interiormente sabía que había una pequeña posibilidad para mi hijo. Esa tarde en la que todos lo lloraban como si ya se hubiera muerto, dejé a mi Danielito solo y fui hasta la capilla del hospital a prometerle a Dios que si salvaba a mi niño, yo entregaría mi vida para curar a todos los chicos enfermos. Volví caminando y en el pasillo me encontré con los seres que lo amaban muy desesperados. Entonces con la mayor seguridad del mundo les prometí que Daniel no iba a morir y así fue. Mi muchacho ahora tiene 30 años y ya me dió 2 nietos. Esa tarde en que su salvación parecía imposible, cuando entré a su habitación él estaba despierto. Me dijo con su vocecita de duende que en sueños lo había visitado un ángel y que entre caricias y sonrisas lo hizo sentir mejor. A partir de la milagrosa salvación de mi hijo nunca dejé de poner a mis pacientes en la manos me Dios y los resultados están a la vista. Soy una doctora muy exitosa. Les cuento que mi Daniel también es un maravilloso médico pediatra".
Milagros del ángel guardián
Los milagros que Dios, la Virgen y Cristo realizan a través de nuestra propia fe se dan de manera mágica e inesperada. Miriam del Hospital Alemán relata lo siguiente: "Era una noche de tormenta y yo dormía junto a una ventana. En un momento en el que la lluvia y el viento eran muy fuertes, de pronto, me levanté de la cama como impulsada por una fuerza superior y vi con desesperación como el cristal de la ventana se rompía y los vidrios caían como puñales sobres las frazadas. Entonces supe que mi Ángel guardián y que mi fe inquebrantable en él me habían salvado de quedar debajo de los vidrios en punta".
Generalmente, la gente viene a mi consultorio a contarme sus historias, y en sus dichos a veces hay muchos relatos fantásticos. No tengo el espacio suficiente para contarles mis experiencias pero sí puedo decirles que el milagro es posible y que nosotros mismos somos sus artífices.
Milagros de la vida cotidiana
En un edificio del barrio de Caballito de la Cuidad de Buenos Aires un niño cayó del noveno piso por el hueco del ascensor cuando los vecinos, su madre y el portero corrieron desesperadamente a buscarlo en la planta baja, lo encontraron un poco asustado, pero perfectamente sano y milagrosamente lúcido, entonces el niño llamado Brian con voz muy temblorosa les dijo que antes de llegar al suelo lo había sostenido "un colchoncito de plumas y que en el aire se sentía un perfume muy rico". ¿Fue un ángel? o ¿fue la Virgen? , ¿quién sabe?, pero por las dudas no nos olvidemos del milagro de la fe que definitivamente lo mejora todo en la vida.
Los seres humanos de verdad que somos muy especiales y buscamos la grandeza a toda costa. Esto es lo mejor que tenemos, pues es algo que va impreso en nuestra naturaleza.
Sin embargo, esa misma b...
Los seres humanos de verdad que somos muy especiales y buscamos la grandeza a toda costa. Esto es lo mejor que tenemos, pues es algo que va impreso en nuestra naturaleza.
Sin embargo, esa misma b...
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¡Qué lástima que en medio de un mundo tan impresionante en que vivimos, haya personas que sean infelices y anden buscando como mendigos satisfacción y prestigio en cosas que a la larga terminan saqueándolas y llevándolas a un abismo triste y oscuro!
En este comienzo del año 2013, después de tanta alarma y ambiente de malos agüeros, quiero compartir algo que he estado meditando y me llena de mucho gozo...
Muchos han olvidado que la vida es para ser vivida y no para ser absorbida por el materialismo irreverente que nos ha llevado a la despersonalización, sobre todo en esta época navideña. El afán de tener es cada vez mayor creando insatisfacción y dependencia hasta asfixiarnos.
Es de bien nacido el ser agradecido, me enseñaba mi abuelo cuando recibía un regalo por parte de alguien y me quedaba callado. Pero con este y otros dichos me fueron criando en esta virtud que me ha abierto los tesoros de la vida en sociedad.
Miren con certeza: "Dios, ahora nos pide el corazón para vivir en él"; y para que no tengamos la menor duda de su amor -único vínculo por el cual se sostiene la vida-, viene su Espíritu a dar testimonio a nuestro espíritu, a lo más íntimo de nosotros para actuar a favor nuestro.
Dado que la misericordia es colocar el corazón en la miseria del que sufre, y no sólo colocar el corazón sino brindar toda la ayuda posible para salir de esa situación de miseria; como dice el salmo: "Que Dios saca de la basura al pobre y levanta del polvo al desvalido"; pensé en que la mejor manera de expresar lo que he aprendido de Cristología, es hacerlo desde la historia del "hijo pródigo".
La princesa de este cuento de hadas, que más que cuento, es una realidad que te parecerá familiar: estaba a punto de cumplir los 30 años y sus sueños como el de toda mujer habían sido ser madre, tener una familia y ser una profesionista reconocida y es que nada alejada de la realidad su vida se encontraba en un constante cambio.
¿Cuándo celebramos el día de los muertos? Para mí, siempre fue un día a inicios de noviembre; para ser más específicos, el 2 de noviembre. Nada fuera de lo común ocurría ese día. Al contrario, el día anterior, día de Todos los Santos, era feriado. No había que ir a trabajar o a la escuela. Muchos bancos y oficinas públicas permanecían cerrados.
Meditando en las grandezas de Dios me he dado cuenta que muchas personas tienen y pueden recibir a Dios en su corazón, pero teniendo la verdad ante sus ojos, no lo aceptan. Buscan pruebas, llegan a conclusiones, pero no se detienen a observar las grandezas que evidencian su poder y su existencia.
Para mí, Dios es más real que el aire que respiro. El viento sopla y yo sólo puedo sentirlo, pero no verlo. A Dios, no lo veo por el momento tangiblemente, sin embargo, cuando pienso en toda mi vida, lo he visto obrar de tantas maneras que sé que si sigo con vida es realmente porque él ha estado cuidado y vigilando cada etapa de mi vida.
Aviso de la Comunidad: Hemos hecho algunos cambios en nuestro programa de tarjeta de identificación, incluyendo el Además de nuestra nueva insignia: Curadora de la Comunidad.