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Grace Fuller

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La felicidad puede comprarnos salud y longevidad

Publicado: 30/08/2012 16:27

sonrisa

Hace unos años estaba sentada en una plaza tranquila del barrio barcelonés de Gràcia. Era una tarde de otoño en la que intentaba encontrarle el sentido a los cambios, no tan recientes, ocurridos en mi vida profesional. Sopesaba los pros y los contras de mi decisión de haber vuelto a España, dejando atrás una carrera que me apasionaba en el periodismo digital.

De repente, se sentó a mi lado una mujer de ojos pardos brillantes, con cabello corto y gris, de unos 80 años de edad. "Anda que no había bancas vacías", pensé algo incomodada. No tenía nada personal hacia esta anciana que llevaba una fragancia agradable, floral y fresca. Simplemente tenía ganas de estar un rato a solas, considerando mis desafíos del momento.

Estoy casi segura de que me dijo que se llamaba Emma, antes de mostrarme su amplia sonrisa. Sin preguntar, también supe que vivía en los alrededores, "de toda la vida", y que estábamos en el único lugar al que podía salir sola y charlar con otra gente. "Esa es la condición que mi hijo ha logrado negociar conmigo, por seguridad", me dijo divertida.

Además de su paseo diario hasta la Plaça de la Revolució, Emma me aseguró tener otro motivo de alegría cada día. "Ricard viene a verme por las noches, de camino a su casa, en donde lo esperan mis pequeños nietos y mi nuera", me contó. "Su primera pregunta siempre es, '¿Cómo has estado hoy, mamá?'. Suelo responderle: 'He estado muy bien, querido. Pero, contigo aquí, ¡estoy aún mejor!".

"Me casé con un catalán hace 65 años e hice de este barrio mi hogar", me dijo. "Era muy jovencita cuando mi marido y yo nos conocimos durante las fiestas de mi pueblo, y venirme con él fue un cambio muy grande, aunque me adapté estupendamente desde el principio. Aprendí la lengua a pesar de la terrible represión que sufrimos durante la dictadura de Franco. Y, aunque no lo escribiéramos, en mi hogar se habló el catalán desde 1939 y hasta mucho después de que falleciera mi marido en los '90".

Pero aquellos ojos que miraron su bastón clásico de ébano al recordar la ausencia de su marido, pronto encontraron otro motivo de alegría.

"¿Y esa sonrisa?", le pregunté. "Bueno, no suelo pensar mucho en ello, pero el mes que viene cumplo 91 años", me comunicó.

Hice una pausa para pensar en que Emma pertenecía al selecto grupo de los que han logrado sobrevivir amenazas físicas y psicológicas que afectaron a otras personas que ya no están con nosotros. Esta mujer sencilla no sólo llevaba a sus espaldas incontables obstáculos superados, sino que también era capaz de mantener la ilusión, de cuidar de su persona y de su trato con propios y extraños a una edad tan avanzada. Finalmente, le hice la pregunta eterna.

"Emma, ¿cuál es el secreto de tu felicidad?"

"Verás, querida... Lo que primordialmente me ha funcionado a mí es el agradecimiento, en mi caso a Dios, por los seres que me rodean, procurando que ellos lo perciban", me respondió. "Lo segundo, sentirme satisfecha con lo que tengo, ¡sacándole todo el partido posible!"

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No me considero una experta pero la pregunta que me surgió desde mi único encuentro con Emma fue: ¿Puede una dosis diaria de gratitud proteger nuestro bienestar físico, mental y emocional?

Por su propia naturaleza, la satisfacción con la vida es profundamente personal y subjetiva. Por ese motivo la comunidad científica ignoró durante décadas el tema. Pero los científicos sociales están recuperando el tiempo perdido y a una velocidad prodigiosa están encontrando nuevas formas de medir nuestra vida interior y demostrando su efecto en la salud a largo plazo.

Los resultados de más de 30 estudios acerca de la felicidad y la longevidad que se divulgan en el Journal of Happiness Studies, una publicación científica fundada en el 2000, indican que la felicidad protege nuestra salud contra las enfermedades y alarga la vida.

También existe una cantidad significativa de documentación que respalda una relación positiva entre la salud cardiovascular y la espiritualidad.

La espiritualidad -definida en un estudio como "la percepción de lo sagrado, la relación con Dios, un ser o fuerza superior, la relación con el propio ser y la relación con las demás personas y el entorno"-- ha sido reconocida como una parte integral de la salud, el bienestar y la calidad de vida.

En palabras de John Cacioppo, Director del Centro para la Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago:

"Los principios religiosos se asientan sobre la fe --la creencia incluso en ausencia de pruebas... mientras que la incredulidad existe aún en presencia de pruebas. Las creencias pueden tener efectos significativos en la salud sean o no verdaderas las creencias (por ejemplo, los efectos del placebo). La ciencia, por lo tanto, es especialmente adecuada para probar los efectos que tienen las creencias o comportamientos religiosos en los resultados de salud".

Si, como la investigación da a entender, las personas con un sentido de espiritualidad, que puede ser o no ser religiosa, son propensas a experimentar una mayor felicidad y bienestar; y es a su vez un medio viable para conservar la salud, ¿Cómo podemos cultivar la espiritualidad en nuestro día a día?

La autora estadounidense y reformadora cristiana Mary Baker Eddy tuvo algo que decir en este sentido. Eddy sugirió que un modo en el que todos podemos empezar es con la reflexión activa, como una manera de enriquecer nuestra vida interior a fin de alcanzar tranquilidad mental y paz en el corazón.

Tener una vida rica en gratitud, en generosidad y en otras tantas cualidades mentales y espirituales nos acerca a los demás y nos ayuda a tratar de entender a las personas de veras; trayendo a la vida cotidiana aquello que perdura y deja huellas en la vida de las personas.

Talvez tardemos en entender el potencial completo de la humanidad para lograr la felicidad. No obstante, hoy mismo podemos seguir buscando nuevas maneras de disfrutar un poco más de nuestras actividades cotidianas. A veces sólo con dejarnos interrumpir unos minutos para conectar con la persona que tenemos al lado es posible aumentar inesperadamente nuestra capacidad de asombro y de descubrir un nuevo significado en la vida.

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