Gabriel Sanchez Zinny

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Democratizando las herramientas de la innovación

Publicado: 14/12/2012 17:46

"Ahora que el poder del intercambio de información ha sido liberado a través de la tecnología y las redes sociales, los hacedores son capaces de colaborar en el diseño y la producción de una manera tal que facilitan la conexión de productores con mercados". Este es sólo uno de los muchos conceptos disruptivos de Chris Anderson en su libro Makers, The New Industrial Revolution, (o en su traducción al español: "Hacedores, La Nueva Revolución Industrial), publicada por Crown Business en Octubre.

Por años, Anderson ha venido describiendo el modo en que internet está cambiando el modo como interactuamos -social, económica y culturalmente- desde su puesto de editor en jefe de la revista norteamericana Wired. Sus últimos dos libros, The Long Tail y Free: the Future of a Radical Price, han generado nuevas miradas sobre el estado cambiante del comercio, la construcción de marca y la fijación de precios en la sociedad del conocimiento.

En su nuevo libro, Anderson nos introduce en el concepto de "hacedores", individuos que hoy se cuentan en varios miles, que están expandiendo la cultura del "hágalo Ud. mismo". Por supuesto, el emprendedor no es una figura nueva. Pero de acuerdo a Makers, lo que ha cambiado es que "la nueva industria es una fuerza económica poderosa no porque cualquier negocio se vuelva gigante, sino porque la tecnología hace posible que cientos de miles de pequeños negocios y emprendedores puedan encontrar sus clientes, formar sus comunidades".

Internet, en otras palabras, amplifica el potencial humano y expande el conjunto de talento humano disponible -al mismo tiempo que expande el mercado para ese talento. No sólo permite que cualquiera cree e innove, sino que también facilita una rápida venta, distribución y diseminación de los productos y servicios.

Esta nueva realidad económica afecta profundamente el crecimiento económico y el empleo. Representa una "democratización" de la producción -o para robar el concepto de Thomas Friedman, "aplana" el escenario económico. En otras palabras, gracias a la tecnología más individuos se convierten en emprendedores al proveerles un acceso rápido a las herramientas para convertirse tanto en inventores como en productores.

Mucho de esto ya lo estamos viendo, por ejemplo en la publicación de libros y otras fuentes de información. Una escritora en ascenso no necesita depender de un gran editor para aprobar su libro y asumir su distribución. Puede escribir sus libros ella misma, publicarlos en Amazon.com y venderlos directamente a sus lectores. Lo mismo aplica si produce contenidos de matemática o dicta una clase en sitios de currícula digital como Coursera o Udacity. Anderson lo define así: "la revolución digital ha estado largamente limitada a la pantalla".

Desde la revolución industrial, las grandes empresas han tendido a dominar la producción para el consumo y de gran escala. Aún hoy, el "mundo atomizado" aún se muestra dominante. El mismo Anderson admite que "el mundo de los átomos es al menos cinco veces mayor que el mundo de los bits". En el libro, esta afirmación es respaldada por datos como los de Citibank y Oxford Economics, según quienes la economía digital genera unos US$20 trillones en facturación, mientas la economía tradicional cerca de US$130 trillones.

El hecho de que el paradigma productivo esté cambiando, aunque lentamente, tendrá implicancias claves - como comprendió nada menos que Karl Marx al afirmar que aquellos que controlan los medios de producción retienen el poder en la sociedad. Pero mientras se trata de un proceso lento, es también un proceso necesario, particularmente en las economías en desarrollo en las que el sector industrial juega un rol menor en el PBI y concentra una proporción menor de la fuerza laboral. En palabras de Anderson: "los potenciales emprendedores e inventores no están más a merced de grandes empresas para producir sus ideas".

La web ha creado miles de mercados nuevos y abiertos, y el nuevo movimiento de "hardware-abierto" es a las industrias de producción de bienes físicos lo que las fuentes abiertas al sector del software. Incluso los modos en que los emprendedores obtienen financiamiento está cambiando: el financiamiento colectivo está reemplazando cada vez más al capital de riesgo o los préstamos bancarios, con los innovadores apelando al esfuerzo colectivo de individuos que brindan sus recursos para financiar sus proyectos.

Las ideas de Anderson guardan un potencial poderoso para América Latina, donde el crecimiento económico logrado en la última década y apoyado en la producción de commodities ha incrementado la renta, disminuido la pobreza, y expandido la clase media. Pero no bastará con la productividad creciente, la innovación acelerada, y un mayor puñado de emprendedores dinámicos creando pequeñas y medianas empresas para llevar a la región a un nuevo nivel de desarrollo. Lamentablemente, América Latina aún enfrenta desafíos importantes en términos de acceso a crédito y desigualdad en el acceso a una educación de calidad -el tipo de capital humano crucial para crear una economía cimentada en productos de alto valor agregado y servicios para el consumo local y global.

Es probable que no sea fácil lidiar con estos cambios, pero ya no pueden ser ignorados. En un contexto global signado por la superación de la última crisis económica y por economías que buscan su propio camino al desarrollo, Chris Anderson trae una perspectiva necesaria: una visión optimista del crecimiento económico basado en la combinación de creatividad humana y las tecnologías del siglo XXI.

 
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