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Felipe Fernández del Paso

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'La casa chica', de Mónica Lavín

Publicado: 11/12/2012 11:38

En fechas recientes fui invitado junto con Alejandro Rosas y Benito Taibo a presentar en la Feria Internacional del libro: "La Casa Chica" de Mónica Lavín publicada por Editorial Planeta, a continuación el texto:

Mónica de viaje, Mónica la curiosa, Mónica la bella... no obstante estoy seguro que como escritora ha de odiar que se lo recuerden aunque como mujer le halague. Pues Mónica la escritora se mete de lleno a hablar de historias de amores grandes que difícilmente cabrían en casas chicas.

La sorpresa llegó a mis manos con pasta azul, una sugerente portada con la llave y el cerrojo para asomarme a la calidez y candidez de amores pecaminosos que su intensidad redime.

Ella nos confiere el derecho de picaporte que la investigación y urdir en cartas, relatos y crónicas prohibidas le otorgaron para abrir la puerta a la intimidad de estrellas que un día fueron de carne y hueso y se mudaron a vivir en casas chicas; esas casas chicas que habitaron y que contribuyeron a convertirlas en leyendas.

Mónica encuentra el paralelismo entre el poder, el mundo del espectáculo y el amor, entre la guerra y la pantalla grande, entre el corazón y la imposibilidad de permanecer por compromisos adquiridos con anterioridad. Nos regresa a los tiempos de los amores que se viven en el anonimato sin el riesgo de las redes sociales y las carreteras de la información: el chisme en la era digital. Época en la que las miradas cómplices al otro lado de una plaza de toros o de una mesa eran el detonador de duelos. Lejos de Twitter y Facebook, lejos de video escándalos. Una era de arrebatos de carne y hueso, de mujeres sumisas, mujeres despechadas, casas chicas y mujeres grandes. El retrato de una época en la que las diferencias se arreglaban a golpes, con serenatas, con resignación y a balazos; fuera de los tribunales.

La Casa Chica es un libro en el que el deseo está en lo que provocan, más allá de sus páginas los preludios de amores interrumpidos, de entregas a medias. La soberbia del amor que como resentimiento orilla a la muerte y a la imposibilidad de seguir al saberse secundario o simplemente un extra y no el protagonista de la historia.

Me hubiera encantado leer "La casa chica" antes de entregar a Editorial Planeta "Que dios se equivoque" mi más reciente novela, y sin querer ser oportunista, ni robarle un minuto a la presentación de las historias del libro que nos ocupa, la coincidencia es irrebatible. Si mi novela es la invitación a asomarse por la cerradura de un camerino, la de Mónica lo es a meterse hasta la cocina.

Ya la había leído en "Yo, la peor" y me confieso cautivado por la voz femenina de ese personaje que podría ser hasta masculino para su época, Sor Juana.

Sus personajes históricos se vuelven reales, cercanos. Ella captura en "La casa chica" el espíritu del cine de oro que sin embargo recordamos en blanco y negro.

Porque ella lo que retrata es esa intimidad y la voz de sus protagonistas con una escritura silenciosa. Carente de efectos pero muy efectiva. Y es a Miroslava a quien mata la nota roja por accidente en un accidente aéreo (las indagatorias convertidas en trofeo fallido) y a la espía alemana a la que no le llega el papel por más que se acueste con el poderoso y a Frida a quien la plata captura en la lente de Nickolas Muray, y a Lupe Vélez la chica le queda grande y la lleva a morir y matar por despecho por el amor no correspondido de amantes insinuados y al Indio Fernández la Olivia que el ventarrón nunca llevó.

Mónica tiene muchas casas chicas que habita con las rebeldes, la más faulera, Nicolasa, Ruby Tuesday y la peor de todas entre otras.

Cómo me hubiera gustado que Mónica Lavín escribiera un prólogo para mi novela: "Que Dios se equivoque" pero le agradezco el que este año me presentó en la feria y me enorgullece estar aquí a su lado en la FIL de Guadalajara, su casa chica.

la casa chica
 
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