Felipe Fernández del Paso

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Fallas de origen

Publicado: 14/01/2013 18:02

"Todos traicionamos la promesa de nuestro mejor destino". Daniel Krauze.

Daniel Krauze, autor de "Fiebre" y "Cuervos", es el ganador del premio Letras Nuevas de Novela 2012. El jurado integrado por: Angeles Mastretta, Marisol Schulz, Francisco Martín Moreno, Fernando Solana y Gabriel Sandoval, ha decidido otorgarle el premio a "Fallas de origen" por tratarse de: "Una novela catártica, escrita en un tono y un ritmo que no solo contagian al lector sino que lo hacen vibrar..."

A mi parecer el título con el que se publicó reviste de una moralidad los sucesos que vive y narra su protagonista a lo largo de unos cuantos días. Conozco el proceso de selección del título para una novela, conozco la maquinaria y el engranaje que llevan a verlo impreso en la portada. Después de leer la novela, me hubiera gustado que conservara el título con el que el manuscrito fue sometido al concurso, "Días de lava". Ese encabezado habla de lo que sucede en el interior de un volcán como metáfora de lo que sucede a su protagonista. "Fallas de origen" me parece reduccionista y engañoso (aunque pueda tener mayor resonancia entre el público). Ojalá que el lector no juzgue al libro por su título. El hijo no querido, no reconocido o no deseado por sus padres originales no es el que tiene fallas de origen, no es eso lo que lo hace entrar en la espiral de autodestrucción aparentemente sin fin.

Matías vuelve a México después de vivir 6 años en Nueva York sin realmente dedicarse a nada, su regreso debido a la enfermedad y muerte de su padre lo llevan a confrontar todo lo que dejó atrás en su exilio.

"Cuando no queda nada más por quemar, tienes que prenderte fuego", de Stars. Es la cita fatal con la que inicia la historia. Y es ese proceso de purga, una carnicería de emociones, la destrucción de vínculos falsos y codependencias vacuas las que llevan al personaje a purificarse. ¿Quién no querría transformar su existencia a base de decir la verdad, de actuar sin filtro, sin cortapisas, con los pelos de la burra en la mano y un salvoconducto que ofreciera la redención a cambio de acabar con las apariencias? Cada vez que nos acercamos al precipicio, la acrofobia nos patea y nos aleja de la posibilidad de aventarlo todo por la borda. Hemos sido vacunados contra nuestra propia destrucción a costa de anestesiar nuestro verdadero yo. "Dios no es un seguro de vida contra las idioteces" dice Daniel, por eso cuando un personaje como Matías, lo hace en 248 páginas, la catarsis en el sentido de la tragedia griega le queda a la medida a quien ha optado por una vida cómoda con amigos falsos, falsos dioses, refugios sin techo y volcanes Mi alegría.

El retrato mordaz de seres que pasan de noche la vida. Noctámbulos de emociones, fracasos del día. Las drogas como catalizador de emociones anestesiadas porque no sólo los jodidos tienen derecho a pasarla mal. El mundo que en cuanto a diseño nos ha quedado a deber. Una prosa que se va con la velocidad con la que el protagonista inhala, bebe y pisa el acelerador a fondo. La lectura frenética con el ritmo impuesto por el soundtrack con el que ambienta su vida y que contagia página tras página y pone a temblar a las letras.

Una lectura obligada para entender un mundo que niega su condición hipster pero al que se le chorrea por las paredes de los antros, puteros y hoteles de paso para esconderse de la condición frívola y vacía de una sociedad que obliga a sus miembros a afiliarse con una credencial inventada, a pasar las cuentas de un rosario de pastillas e intercambiar estampitas repetidas del Panini de los mirreyes.

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