Más

Felipe Fernández del Paso

Recibir actualizaciones de Felipe Fernández del Paso
 

"The parting gift". Toma tu regalo de despedida.

Publicado: 05/12/2012 12:30

disturbios mexico
El uso excesivo de la fuerza sólo trae consigo una respuesta que multiplica la frustración y hace explotar la olla exprés en la que se han puesto a hervir las genuinas demandas de atención de la juventud: oportunidades, un futuro cierto, democracia, equidad, igualdad y garantías de que sus vidas tienen sentido.

Es complicado culpar a quien ha perdido además de la esperanza, la seguridad de si tendrá qué comer y en dónde dormirá. No es justo lo que pasa en el país. No es sano. No es viable. No hay piso por el cual transitar. Aunque la violencia sólo vulnera el legítimo derecho a la protesta pacífica.

La toma de posesión de Enrique Peña Nieto como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos sólo fue el pretexto, el malestar va más allá de la ficticia alternancia, de la lamentable y costosa democracia que padecemos. El país ya no aguanta más.

Entiendo que después de los disturbios y los actos destructivos que dañaron algunas calles, plazas, edificios, bancos, hoteles y comercios del primer cuadro de la ciudad, se pretenda limpiar, arreglar y alzar como vulgarmente se dice cuando la casa de uno está tirada, aunque lo más grave son los heridos, los lastimados, los asustados y afectados e injustamente detenidos. Pero hacerlo tan rápidamente, con dinero de los contribuyentes y sin esperar a que se desinfle el balón sólo habla de una posible forma de operar autoritaria que se vislumbra en el futuro que de tan cercano ya nos explotó como boiler en la cara.

Lejos de erradicar sospechas para fincar responsabilidades, con esa operación de asepsia lo que se logra es vulnerar la confianza. Nadie queremos una ciudad vandalizada que se asemeje a Damasco o a Benghazi después de un ataque consecuencia de la primavera árabe; sin embargo tratar de borrar la evidencia del descontento de parte de la población a la velocidad de la luz, (que todo indica, realizaron ataques coordinados) sólo enciende más los ánimos de los habitantes que estamos hartos de vivir en el país en el que nunca pasa nada. Sin embargo la investigación y el fincar responsabilidades e indagar quien tiene la pluma que firmó ese cheque en blanco de destrucción debe ser expedita y contundente.

Que no sea éste el regreso al país en el que ni los ven ni los oyen, ni cuentan, a menos que sea destruyendo propiedad pública y privada y lesionando intereses, personas y la imagen de México en el extranjero, que por más blindaje y maquillaje y campañas de relaciones públicas y promoción que se paguen, no pueden evitar que se filtren imágenes en diarios y medios internacionales que retratan el tiradero o el caos.

Se despide así Marcelo Ebrard y entrega a Miguel Ángel Mancera una ciudad en la que los disturbios han pegado en el corazón mismo. La Alameda recién remodelada, el Hemiciclo a Juárez (que inapropiado por parte de Marcelo de llamarlo "mi Hemiciclo"). Los disturbios ya no son en la periferia, o en los municipios libres, soberanos y ocupados de Neza, Tepito, o en la "linchadora" Tláhuac.

Como aquellas imágenes de los disturbios de Londres antes de los Juegos Olímpicos de 2012 o la quema de coches en la Banlieue (los suburbios) de París o los L.A. riots, el Distrito Federal se suma a la muestra retrospectiva de ciudades explosivas. A la lista de ciudades que invierten en granaderos, equipos de choque, vallas y alambre de púas. Ciudades sitiadas por el miedo y el contraataque, con la represión a flor de piel. Una ciudad que parecía exenta de la violencia que azota al resto del país.

Ojalá lo que vivimos el sábado primero de diciembre no haya sido el after de la fiesta de Peña Nieto, o la fiesta de despedida del Alcalde que simplemente limpió por donde la suegra ve.

 
SIGUE VOCES