Dr. Juan José Rivera

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Ver lo que veo: Mujer joven que no debe morir

Publicado: 18/09/2012 11:44

mujer que no debió morir
Me levanto alarmado al sonido del pager. Tres de la madrugada. Código azul. Mientras me pongo los suecos y espanto al sueño malhumorado que crónicamente habita en mí, me pregunto si puedo continuar viendo lo que veo. Salgo corriendo en busca de la mala noticia y cruzo pasillos cubiertos de sueños en veremos. A lo lejos veo al escuadrón de la muerte entrando y saliendo frenéticamente del cuarto de la víctima. Finalmente, jadeando, llego y veo lo que vi.

Mujer de cuarenta años con historial de cáncer de seno y metástasis a pulmón en paro cardio-respiratorio. Acerco dos dedos para palpar su pulso carotideo pero sólo siento el mío. Trinco los dientes maldiciendo a la muerte y a las circunstancias que me han puesto de frente a la desgracia, a las tres de la madrugada, cuando soñaba con nada. El daño está hecho. Que comience la función.

Tubo respiratorio conectado al ventilador, compresiones rítmicas en el pecho, epinefrina, atropina, órdenes que viajan en gritos, conversaciones al margen de fin de semana... mujer joven que no debe morir. Comienzo a jugar a la ruleta rusa con lo intangible, sólo que el revólver siempre apunta a la mujer.

La maquinaria en movimiento intenta recobrar un latido cardiaco, un respiro voluntario. ¿Y a que me enfrento? A la muerte, al cansancio, a la incertidumbre del momento, a las estadísticas desfavorables y a un cosmos que últimamente favorece la existencia de un desequilibrio entre la vida y la muerte.

¿Me rindo? No. Más compresiones, epinefrina, atropina, gritos que aumentan en decibeles y ansias por salvar una vida, la cual a mi entender, no está lista para partir.

Una hora duró la lucha; tal vez cargada de futilidad.

En silencio me retiro; derrotado y no rendido. Preocupado por los niños, ahora huérfanos de madre. Deseoso de que su madre se encuentre muerta para que no tenga que tolerar lo intolerable. Y camino para liberar mi carga y así lograr un exorcismo emocional.

Guiado por un reflejo hipocampal entro en un ascensor. Oprimo el número tres. Se abre el ascensor y llego a una puerta doble que tiene un letrero que dice "Sala de parto". Entro y alcanzo a ver múltiples mujeres embarazadas agonizando de vida. Me siento en una silla localizada justo al lado de la primera sala y permanezco en una meditación controlada.

Una mujer grita más fuerte que las otras y una corriente de agua enchumba el piso. Dos doctoras aparecen en la sala de observación y avanzan de prisa en dirección a mi redentora. La camilla en movimiento se mueve rápidamente hacia mí y entra en la sala de parto número uno. Me pongo de pie, solicito permiso para entrar y me estaciono en una esquina del cuarto donde no molesto. Respiro hondo. Estoy cansado. No dormiré hasta que vea al niño nacer.

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  • Por Diana, la astróloga

    Hay fechas especiales, en las que la ausencia de nuestros seres queridos se siente más que nunca. Son fechas para recordar, son fechas para estar en paz con nuestras emociones. Recordar a nuestros seres queridos con amor y con serenidad le hace bien a nuestro corazón.

  • "No puedo creer que esté muerto, simplemente no puedo creerlo". Es lo primero que nos pasa por la cabeza cuando algún ser querido ya no está. Ese momento de negación, en el que nos cuesta pensar que esa persona ya no formará parte de nuestras vidas, no por lo menos de la manera que conocemos, nos paraliza. Hay un contacto íntimo entre el amor y la muerte, es algo que no podemos evitar, la persona física puede morir, pero no el amor que sentimos por ella.

  • Independientemente de las creencias religiosas de cada uno, todos reflexionamos acerca de lo que nos espera, o no, después de la muerte. ¿Existe el más allá? ¿Dónde van las almas? ¿Acaso podemos reencarnar y comenzar de nuevo? Cada uno de nosotros posee sus ideas al respecto.

  • Expresar nuestras emociones es importante en estas fechas, y creo que también es importante hacerlo en nuestros propios términos. Algunos elegirán lo tradicional de las plegarias, el altar para los seres queridos, o las visitas al cementerio; otros, compartirán anécdotas de los que han partido con otras personas queridas. Para algunos puede ser un llanto silencioso, mirar fotografías de tiempos felices, para otros, tal vez danzar bajo la lluvia. Lo importante es expresarse y poder liberar esa energía de nuestros corazones.

  • A veces nuestra falta de fe, nuestra pobreza en lo espiritual es tan grande, que tomamos la muerte como una pérdida, pero la realidad es que en el mismo instante que sobreviene la muerte, el Ser sigue vivo, abierto a nuevas experiencias. Abandonar este plano no es malo para quien se va, sino para quien se queda y debe luchar contra el dolor por la ausencia. Somos almas que transitan brevemente por una experiencia humana, y que luego continuamos transitando otro camino, debemos recordarlo.

  • Muchas personas desearían comunicarse con sus muertos, pero, ante la tentación de llamarlos de alguna manera, debemos recordar que las personas que mueren tienen un camino, y deben continuarlo. Tratar de involucrarlos en nuestros asuntos es una manera de hacerlos volver hacia atrás, lo cual no es positivo, especialmente para ellos.

  • Lo más saludable es recordarlos con cariño, orar por su bienestar y para que se sientan seguros en su nuevo estado, alentarlos con nuestro amor para que sigan su trayectoria, porque hay itinerarios superiores que deben ser cumplidos. Finalmente cuando llegue también nuestro momento, iremos a su encuentro con felicidad, porque la vida no tiene límites, sólo espacios diferentes. "La muerte no es más que un cambio de misión": Tolstoi

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