David Ramirez

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El desastre ecológico en Ecuador y el negocio petrolero

Publicado: 29/01/2013 14:11

NUEVA YORK.- El mundo está dividido entre quienes defienden la naturaleza promoviendo acciones para contener el calentamiento global y los que apuestan al desarrollo aun a costa de la destrucción misma del planeta. Esta realidad la expone National Geographic, en una investigación sobre el irreversible desastre ecológico que está en curso en el Parque Nacional Yasuní, ante el avance de la explotación petrolera en esa reserva ecológica en la región amazónica de Ecuador.

La revista de National Geographic -que conmemora este mes su 125 aniversario- dedica su primera edición del año, la portada y un reportaje con un gran despliegue de fotos sobre el Yasuní, declarado reserva mundial de la biosfera en 1989 por la Unesco.

El parque abarca una extensión de más de 3.800 millas cuadradas donde habitan unas 700 especies de aves, 2.280 de árboles y arbustos, 382 de peces, 170 de mamíferos, 150 de anfibios y 121 de reptiles. Hay tantas especies de insectos en una sola hectárea de la selva aquí, como todas las conocidas en los Estados Unidos y Canadá juntos, dice Andrés Link, un primatólogo de la Universidad de Los Andes, citado en la publicación.

Hasta allí fueron Scott Wallace y Steve Winter, periodista y fotógrafo de la organización para dar testimonio del panorama que se cierne sobre el último bastión de selva virgen que está siendo presa de la acción depredadora del hombre. De acuerdo a la investigación, el pronóstico es muy pesimista ya que en el subsuelo de la región se albergan unos 846 millones de barriles de crudo, que representan el 20 por ciento de las reservas de petróleo de Ecuador; las compañías han irrumpido en el desbroce de la selva, el trazo de vías y están al acecho para iniciar la voraz explotación del hidrocarburo.

Este territorio también es el hogar ancestral de varios pueblos indígenas que viven nómadas en la selva y se resisten a todo contacto con el mundo exterior. Los indígenas inclusive han atacado a los colonos, madereros y los trabajadores de las petroleras porque se sienten amenazados por el evidente deterioro de su hábitat natural; sin embargo, hay otras tribus como los de los Kichwa y Waorani, que desde sus comunidades participan o se han incorporado en actividades de comercio y ecoturismo. En los últimas seis décadas, vastos territorios de selva en los países amazónicos de Perú, Colombia, Brasil y Ecuador fueron destruidos y convertidos en tierras desérticas por la acción de las compañías petroleras.

National Geographic recuerda. En el 2007 Ecuador hizo una innovadora propuesta como aporte contra el calentamiento global. La iniciativa consiste en suspender indefinidamente toda actividad exploratoria y de explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní para proteger la biodiversidad y a los pueblos indígenas, a cambio, Ecuador pidió a la comunidad internacional una compensación de 3 mil 600 millones de dólares o el equivalente al 50 por ciento de los recursos que percibiría el país en caso de optar por la explotación petrolera.

La propuesta ecuatoriana que fue presentada como un nuevo modelo cooperativo entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo, crearía un fondo administrado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la participación del gobierno, la sociedad civil ecuatoriana y representantes de los contribuyentes.

De acuerdo al gobierno, el fondo será utilizado para desarrollar fuentes renovables de energía en el Ecuador, mantener los ecosistemas y las áreas protegidas, reforestar áreas degradadas, promover el desarrollo social y el empleo sustentable y mejorar la eficiencia energética. La iniciativa además permitirá evitar la emisión de 407 millones de toneladas de CO2, el principal gas que provoca el cambio climático. Esta reducción, argumentó Ecuador, es mayor a las emisiones anuales de países como Brasil y Francia.

No obstante, la expectativa generada por la iniciativa lanzada hace cinco años, no se ha traducido en el respaldo que se esperaba. A la fecha, la comunidad internacional ha contribuido al fondo con una cantidad muy inferior a la de la meta propuesta, por lo que ahora el gobierno de Ecuador ha amenazado en dar paso a la explotación petrolera en el Yasuní. En otras palabras, Ecuador, desde la óptica de su gobierno, ha puesto contra las cuerdas a los países desarrollados, haciéndolos ver como que carecen de compromiso real en la lucha contra el calentamiento global.

A mi juicio el tema es mucho más complejo. En primer lugar, cuando está en juego el negocio petrolero, las preocupaciones ecológicas se diluyen en medio de los grandes intereses y mucho más cuando se trata de países en vías de desarrollo, como en efecto es en este caso; en segundo lugar, los países industrializados como Alemania por ejemplo, interesados inicialmente en la propuesta, se muestran escépticos de que, en caso de aportar al fondo, Ecuador sea el que no honre su compromiso de no extraer petróleo en el Bloque ITT (donde están los yacimientos Ishpingo, Tambococha y Tiputini) del Parque Nacional Yasuní.

La comunidad internacional sigue con reserva la evolución de los acontecimientos en el Ecuador. La siempre volátil situación del país no resulta un escenario que inspire confianza para aportar en una propuesta que ha sido reconocida por su visión de largo alcance, pero que requiere de estabilidad jurídica y política, condiciones que precisamente el Ecuador no garantiza.

En este marco se inscribe la investigación de National Geographic, que en el contexto estrictamente ecológico advierte sobre la destrucción de la reserva ecológica Yasuní y revela y adicionalmente el punto muerto en que caído la propuesta ecuatoriana. Por último, en cuanto al daño ecológico producido por la irracional explotación petrolera, Ecuador tiene un oscuro precedente que debe llamar a la reflexión.

En 1993 un grupo de indígenas ecuatorianos presentaron una demanda en Nueva York contra Texaco por daño ambiental y los efectos colaterales en la salud de la población. Según los demandantes, Texaco -más tarde adquirida por Chevron- que operó en Ecuador entre 1963 y 1990, para reducir los costos de la explotación, vertió desechos de petróleo y químicos en la selva y ríos de la región amazónica produciendo una catástrofe ecológica 30 veces mayor que la del derrame del Exxon Valdez en Alaska.

En la primera fase del juicio, los abogados de Chevron lograron que el proceso se radicara en Ecuador convencidos de que allí les sería más fácil lograr un fallo favorable, lo cierto es que, tras dilatar la demanda y pelear el caso en tribunales de Estados Unidos y Ecuador, en febrero del 2011 un tribunal de Lago Agrio, jurisdicción de la provincia ecuatoriana de Sucumbíos condenó a Chevron a pagar 18 mil millones de dólares por daño medio ambiental. Sin embargo, un juez del Distrito Sur de Nueva York resolvió poco después que la sentencia era inejecutable en Estados Unidos, adicionalmente Chevron apeló al Tribunal Arbitral Internacional exigiendo anular la sentencia del tribunal ecuatoriano. En suma, la demanda 20 años después continúa en el limbo.

La antítesis de lo que ocurre en Ecuador, es la demanda que se instauró contra la British Petroleum (BP) por el derrame de millones de barriles de petróleo en el Golfo de México por la explosión de la plataforma petrolera Deepwater-Horizon del 20 de abril del 2010. En marzo del 2012 -es decir menos de dos años después- BP se declaró culpable de negligencia criminal y accedió a pagar 4.500 millones para librar los cargos. En otro acuerdo, la petrolera pagó otros 7.800 millones de dólares a los abogados que representan a las víctimas, saldando de esta forma, el que se considera el mayor desastre ecológico ocurrido en Estados Unidos en la historia reciente.

Si bien la publicación de National Geographic denuncia la gravedad del daño ecológico que la explotación petrolera está produciendo en la selva amazónica de Ecuador, también deja traslucir las implicaciones políticas y particularmente cómo, el gigante petrolero Chevron ha logrado eludir hasta ahora la justicia. De mi parte, expongo cómo en el caso de la BP, la justicia prevaleció de manera ágil en favor de las víctimas y en redimir el desastre ecológico. En conclusión, un atentado contra la naturaleza en dos realidades distintas.

Lo que está por venir es fácil de colegir. Prohibido olvidar.

 

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