Daniel Kaufman

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Repensando la Lucha contra la Corrupción

Publicado: 01/02/2013 10:20

Luchar contra la corrupción requiere una nueva comprensión sobre cómo ha evolucionado el problema globalmente, porque es más grande y más amplio que los pequeños actos de corrupción of los negocios sucios en los países en desarrollo. La sola adopción de una nueva ley anti-corrupción, la creación de una nueva comisión o el lanzamiento de una nueva campaña no lograran cumplir con la atarea. Ya no podemos luchar contra la corrupción solamente luchando contra la corrupción.

La corrupción es síntoma de una enfermedad mayor, el fracaso de las instituciones y de la gobernanza, que resultan en un mal manejo de los recursos y de los ingresos y en la falta de provisión de bienes y servicios públicos. Debemos pensar mas allá de la retorica anti-corrupción y de las tácticas tradicionales. Necesitamos ser más estratégicos y rigurosos, identificando y lidiando con las causas últimas de la corrupción y examinando las debilidades en las instituciones clave del estado y en las políticas y las practicas gubernamentales. Tenemos que enfocar nuestros esfuerzos en el contexto más amplio de la gobernanza y la rendición de cuentas. Solo entonces podremos ver las muchas otras formas que la corrupción puede tomar y lidiar con esta epidemia.

De sus muchas caras, la corrupción legal es una particularmente perniciosa que recibe insuficiente atención. Por corrupción legal se entienden los esfuerzos de las empresas y los individuos para influir las políticas y las normas en su beneficio, algo hecho de manera frecuentemente quasi legal, vía financiamiento de campañas, lobby o intercambio de favores con políticos, reguladores y otros funcionarios públicos. Son los arreglos entre políticos venales y poderosos ejecutivos de las finanzas y las industrias extractivas. En su forma más extrema, la corrupción legal puede llevar al control de estados íntegros, mediante el fenómeno conocido como "la captura del estado" y resultar en perdida enormes para las sociedades.

En muchos países en desarrollo, la corrupción legal e ilegal legal coexisten, y se ha vuelto algo común para las empresas petroleras y mineras multinacionales el coludirse con políticos de la elite para privar a los ciudadanos de los beneficios de sus recursos naturales. Nigeria perdió 35 billones de dólares en los últimos 10 años por la corrupción y el manejo de su industria petrolera. La evidencia sugiere que -y la población de estos países en desarrollo da testimonio- de que el crecimiento no puede sostenerse ahí donde hay corrupción.

El alcance de la corrupción legal no se limita, sin embargo, a países con gobiernos débiles. También ha permitido a los bancos de inversión de Wall Street influir de manera irregular sobre las reguladoras financieras, llevando a la economía de Estados Unidos y del mundo al borde del abismo hace cuatro años, y en meses recientes permitiendo la colusión entre bancos del reino Unido y posiblemente EE.UU. a fijar las tasas de interés bancario en su beneficio.

Este tipo de corrupción es un problema complejo, multidimensional que requiere ser confrontado en todo nivel. Si nosotros, como una comunidad internacional, vamos a llegarle al corazón, necesitamos reconocer que mejorar las instituciones gubernamentales es algo clave. La buena gobernanza apenas comienza con las elecciones y mayores niveles de transparencia las elecciones no pueden ser efectivas si no son libres, justas y limpias y complementadas por una verdadera libertad de expresión. La transparencia con impunidad no hará avanzar la justicia o hacer que los gobiernos rindan cuentas. Reformas más amplias en la gobernanza demandan progresos serios en el imperio de la ley para tener algún impacto real y duradero. Igualmente importante es la libertad de prensa. Mientras hemos visto progresos hacia la democracia en muchas partes del mundo, aproximadamente dos tercios no tienen una prensa totalmente libre y, en algunos países, se está retrocediendo.

Igualmente crucial es el majo de los recursos naturales del mundo. Hoy, 700 millones de personas en unos 60 paires viven en pobreza pese a que están sentados sobre billones de dólares en petróleo, gas y minerales. Esta abyecta pobreza en medio de la abundancia es un llamado a la acción. La enorme mayoría de estos ciudadanos vive en países gobernados pobremente - aquellos que presentan bajos indicadores en control de corrupción, transparencia y rendición de cuentas. La gobernanza de estos recursos y de la riqueza que estos generan sostendrá o frustrará el desarrollo de estas naciones, y sus implicancias sociales, económicas, políticas y de seguridad serán amplias y extensas.

El futuro de estos países ricos en recursos no reposa principalmente en la ayuda extranjera sino en el uso efectivo de sus recursos. Para que esto ocurra, es crítico realizar un esfuerzo focalizado y concreto para mejorar la gobernanza y la rendición de cuentas. Reformular la lucha contra la corrupción en una estrategia que integre el reto de mejorar la gobernanza y las instituciones en las esferas pública y privada es el camino hacia adelante.

 
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