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Christopher Barquero

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Lo que estás viviendo es producto de tus decisiones

Publicado: 18/12/2012 09:23

Consecuenciasdecisiones

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Martha estaba enamoradísima de un joven brillante, apuesto, honesto, que sin embargo, tenía graves problemas con el alcohol y no lo reconocía.

Se comprometieron y muchos opinaron que él no era lo mejor para ella, pues estaban seguros que el alcohol traería disgustos y sufrimiento a su vida.

Algunos quisieron externar su sentir, hablarle, recomendarle, pero sabían que ella no estaba dispuesta a permitir que otros opinaran en sus decisiones de vida.

Al cabo de poco tiempo, ella misma, cansada de lo que el licor provocaba en todos los entornos de su novio, incluyéndole a ella, le recomendó buscar ayuda y él en respuesta a su sugerencia rompió el compromiso.

Martha, en vez de reconocer que la vida le estaba alejando de esa persona para entregarle alguien que le correspondiera de una manera más plena y que él no quería soltar a su dios el licor ni entender los problemas que le acarreaba el vicio, le pedía desconsolada al universo que esa persona regresara a sus brazos.

Por más que intentó olvidarle, por más que algunos amigos y familiares le hablaron y aconsejaron, ella solo deseaba que él regresara a su vida.

El muchacho regresó, supuestamente reconoció los problemas con la bebida y a los meses se casaron. No pasaron muchos años cuando se separaron y ella quedó, según propias palabras: "sola, triste, ofendida y desgraciada". Además, con un niño que ahora dependía de ella.

Meses más tarde en sesiones de coaching con un servidor, Martha entendió que lo que estaba viviendo no era más que producto de las decisiones que había tomado y que de hecho, el aferrarse tanto a esa persona tras haber creado una codependencia y "gracias" a los vacíos emocionales que ambos tenían, le habían hecho elegir vivir todas las consecuencias que afrontaba.

Martha es un buen ejemplo de que somos producto de todas las decisiones que tomamos y de que así como hay decisiones que cambian tu vida, también hay vidas que nos hacen cambiar decisiones. Pues por su hijo, ella tuvo que reconocer que se había aferrado a algo que no era lo mejor para ella y que debía abandonarle para poder ofrecerle un mejor futuro a su hijo.

Estoy convencido de que TODO lo que pasa en nuestras vidas es para algo y aquello que la mayoría llaman problemas o dificultades no son más que lecciones de aprendizaje, pero también es una realidad que todo lo que vivimos es producto de nuestras decisiones, de nuestras acciones. Es por ello que cada vez que vamos a dar un paso en la vida, es bueno hacerlo de una manera consciente y convencidos de que es lo mejor, incluso si eso luego no brinda el resultado deseado.

Cuando tomamos una decisión, es importante saber que en ese momento, gracias a nuestra experiencia de vida, gracias a nuestra formación y tomando en cuenta lo que hemos afrontado y superado, es lo que sentimos será lo mejor.

Eres responsable de tus decisiones. Si una decisión origina un resultado que no te gusta no te culpes. Haz una nueva elección y listo. Recuerda que errar no está mal, de todos modos se aprende, la cosa es aprender las lecciones de la vida y evitar tropezar con la misma piedra más de una vez o que te llegue guste la piedra, como en el caso de Martha.

Inclusive, como hizo Martha, a veces es mejor tomar decisiones que duelan, que decisiones incorrectas.

Recuerdo otro caso, el de Jorge, quien había creado una relación co-dependiente y nada constructiva por años con su pareja. Dejarse fue, según él: "un infierno". Eso era lo que opinó por meses, que digo meses, por dos años para ser exactos, pero llegó el día en el que Jorge reconoció que aquella decisión fue la mejor que ambos pudieron haber tomado, ya que al haber emprendido cada quien por su camino, todo cambió y para bien: cada quien tenía una vida mejor en todo sentido, un mejor puesto laboral y ambos habían logrado más cosas que cuando estaban juntos.

También puede pasar al revés, que las malas decisiones nos lleven a lugares correctos. Y digo malas porque muchas personas no piensan o analizan los pasos que dan o a veces los dan con alguna expectativa y la vida les lleva a otra resolución muy lejos de lo que ellos pensaban pero mucho mejor de lo esperando.

Asume las consecuencias de tus decisiones y para tomarlas mejor, la próxima vez toma en cuenta estos aspectos:

  • Toda decisión tiene consecuencias: haz una lista de lo que ganas y lo que pierdes tomando esa decisión, de lo que te acerca a lo que deseas o de cuánto te aleja y de las causa efecto en las que va a repercutir en tu vida. Piensa si realmente es lo que deseas, o bien, si es una inversión en tiempo, para llegar a donde deseas.
  • Toma en cuenta que las consecuencias de una decisión tomada no siempre surgen a corto plazo. No te desanimes si has tomado un rumbo de acción y no ves resultados, por que todo toma su tiempo y todo lo que sucede es perfecto. Practica la paciencia y la perseverancia.
  • Busca consejo de quien algún experto o calificado en el tema, un asesor, un coach, terapista. Escucha su punto de vista y toma tu decisión basada en lo que analizas, no en lo que te digan los demás.
  • Pregúntate, ¿sé todo lo necesario para tomar esta decisión?" si no es así tómate un tiempo e investiga todo lo que necesites considerar para dar el paso que vas a dar.
  • Pregúntate, como lo hacemos los periodistas: ¿qué? ¿dónde? ¿cómo? ¿quién? ¿cuándo? Estas respuestas te ayudarán a tener un escenario más claro de lo que deseas.
  • No te precipites pero tampoco postergues una decisión que has tomado. Si tienes claro lo que debes hacer: ¡actúa!
  • Como a veces los efectos de tus decisiones -y siempre los hay- no son inmediatos ni ocurren cuando tu quieres, fíjate un plazo determinado para evaluar tu situación y las consecuencias que la decisión te brinda.
  • Evita dar un paso precipitadamente, o como reacción a una provocación, por miedo o por presiones externas de cualquier tipo. No por responder rápido ante un dilema respondes mejor. Es mejor planear bien las tus pasos.
  • Y si ya hiciste todos los anteriores, hay uno que vale por todos: escucha tu corazón. De el siembre brota la verdad. Pero que sea a tu corazón y no a tu ego engañado buscando lo que tu deseas y no lo que debe ser.


Relájate a la hora de tus decisiones, sea cual sea la que tu corazón te indique que es correcta, de seguro la es, porque aprenderás, avanzarás y obtendrás. ¡Eso es un hecho SIEMPRE!

Y recuerda: ¡Sonríe, agradece y abraza tu vida!

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  • <strong>Por Ofelia Perez</strong> Para meditar no hay que ser budista, hindú, musulmán, cristiano, trascendental, yoga, místico ni extraterrestre. Aunque hay tantos sistemas de meditación como creencias, la meditación puede ser una práctica sencilla, en silencio contigo misma, sin connotaciones extrañas ni temibles.

  • Meditación es estar contigo misma en silencio durante al menos 20 minutos, sin pensar ni permitir pensamientos revoloteando en tu mente. Son 20 minutos donde lo único que quieres es no decir ni pensar nada, ni obligarte a resolver nada. Es tu momento de soltar todo lo que tiene tu mente tan ocupada que no puedes discernir con claridad.

  • A mí me han dado resultado tres formas de meditación. Esta es la más sencilla: Si vas a estar pendiente de que se cumplan los 20 minutos, mejor usa un minutero para que no ocupes tu mente en eso. Entonces recuerda una palabra que te represente paz y felicidad. Cierra los ojos y relájate, dejando ir tus pensamientos sin luchar contra ellos ni ponerte tensa. Cada vez que te llegue un pensamiento, repite esa palabra.

  • La segunda técnica de meditación que uso es la que llama el Dr. Wayne Dyer, "Meditación Japa". Consiste en respirar hondo y repetir la letra "A" tres veces al empezar, y mientras te relajas y despejas tus pensamientos. Puedes también decirte afirmaciones positivas sobre ti y sobre tus situaciones, y repetir la "A", aplicando diferentes intensidades de emociones. ¿Por qué la "A"? Porque es la letra que usamos para expresar emociones y se relaciona con el sonido del nombre de Dios y la máxima deidad en otros idiomas y religiones.

  • La tercera técnica, también promovida por el Dr. Dyer en su libro "Getting into the Gap", se basa en acceder mentalmente los espacios entre las palabras. La teoría es que cuando sumergimos nuestra atención en esos espacios entre palabras, podemos integrarnos a nuestro ser interior y encontrar respuestas a la vida y sus retos. Antes de meditar, busca o construye una afirmación positiva, una oración o un verso bíblico. Cierra los ojos y después de respirar tres veces, visualiza, palabra por palabra, que la vas escribiendo en tu mente. Cuando escribas la segunda palabra, concentra tu atención en el espacio entre esta y la palabra anterior. Haz lo mismo, palabra por palabra, con toda la afirmación, hasta que llegues al último espacio entre las palabras.

  • La meditación en general está reconocida como parte de la medicina complementaria. Se ha probado que... 1. Baja la presión arterial. 2. Normaliza los latidos del corazón. 3. Reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés. 4. Aumenta la agudeza y la claridad mental. 5. Aumenta el relajamiento. 6. Ayuda a los pacientes de asma, ADHD, traumas, depresión, fobias, Alzheimer y cáncer, entre otros. 7. Reduce la ansiedad. 8. Aumenta la capacidad de resolver las situaciones.

  • Yo no puedo explicar por qué, cuando medito, las tareas del día y las personas con quienes me relaciono fluyen fácilmente y todo cae en su lugar con un esfuerzo menor. Hasta parezco atraer a mi vida mejores situaciones. ¿Te parece tan difícil dedicarte a ti misma 20 minutos de paz al comenzar el día? El resultado puede hacerte muy feliz.

 

Seguir a Christopher Barquero en Twitter: www.twitter.com/@ChrisBarquero

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