César González

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'¡Es Vettel estúpido!'

Publicado: 28/11/2012 14:02

sebastian vettel

Cuando en la campaña de 1992 de George Bush padre por la presidencia de Estados Unidos las propuestas se centraban en política exterior, apareció Bill Clinton con una frase que redefinió las prioridades y volcó la campaña a su favor: "¡Es la economía, estúpido!".

Una frase en el mismo sentido aplicaría hoy con Sebastian Vettel, que se convirtió en tricampeón de la Fórmula 1. A pesar de que el piloto alemán había dado muestras de su genialidad al volante desde que ganó su primera carrera en 2008 en Monza manejando un modesto Toro Rosso, y de que en su corta carrera, ha roto la mayoría de los récords de juventud en la máxima categoría, aún hay quienes dudaban de su talento y le colgaban el milagrito a otro genio: el diseñador del auto Adrian Newey.

El jefe técnico de la escudería es el cerebro que desde 1992 ha diseñado nueve autos campeones del título de constructores. Es el talento detrás del desarrollo del auto, un aerodinamicista de élite, que en 2012 implementó los cambios necesarios justo en el momento que más se necesitaban.

En el GP de Singapur, con siete carreras por delante, Adrian Newey introdujo un paquete de mejores considerables como el doble DRS, y modificaciones al alerón frontal, que hicieron volar al RB8. Vettel llegó a Singapur casi 40 puntos debajo de Fernando Alonso, pero a partir de entonces, remontó en la clasificación hasta quedarse con el campeonato.

No hay duda de que las mejoras tecnológicas de Newey coincidieron con la remontada de Vettel, y por lo tanto, era obvio y natural que muchos creyeran que el campeonato había que acreditárselo a Adrian Newey. Sin embargo, lo que hizo Sebastian Vettel fue casi sobrenatural.

A partir de Singapur, Vettel hizo lo que tenía que hacer y con un manejo perfecto, casi robótico, ganó cuatro carreras consecutivas. Sin embargo, fue en Abu Dhabi donde dio la primera muestra de manejo legendario, una carrera de esas que se relatarán en los libros de historia sobre automovilismo.

En la calificación, tuvo un problema de cálculo de combustible que violó las reglas y le costó una penalización en la que tendría que arrancar desde el último puesto en el carril de pits.Se auguraba la debacle de Vettel que tenía a Fernando Alonso pisándole los talones en los puntos. Pero el alemán hizo lo impensable y fue remontando en la pista desde él último lugar hasta terminar en el podio con un tercer puesto que le supo a triunfo completo.

Y aunque en el GP de Austin, Vettel tuvo una carrera sólida para terminar en segundo puesto, fue en Brasil donde la debacle se asomó de nuevo. Arrancando desde la posición 4, Vettel se tocó con Bruno Senna, se trompeó en medio de la pista y fue pasado por todo el pelotón. En ese momento, Fernando Alonso era campeón del mundo.

El RB8 de Vettel tuvo desperfectos menores con el contacto y podía seguir en la carrera. Pero la pista húmeda, un auto averiado y todo el tráfico por delante, pintaban un panorama de negros nubarrones para el alemán que, otra vez, inició una remontada heroica. Empezó a marcar vueltas rápidas y para el noveno giro ya estaba ubicado en la sexta posición, nuevamente a tiro del campeonato.

Esas dos remontadas, particularmente la de Interlagos, con coche averiado y pista mojada, son hazañas de manos, más que de máquinas. Si bien es cierto que Fernando Alonsopeleó el campeonato mundial hasta el final con un coche mucho menor, también es verdad que Vettel se equivocó menos y empleó un manejo casi perfecto en la recta final del campeonato.

Ha sido un gran talento, como el de Vettel, manejando un gran coche, como el de Newey, lo que ha definido el campeonato. Si tan solo fuera el coche, entonces Vettel habría estado disputándole el campeonato a su coequipero Mark Webber y no a otro genio del volante como Fernando Alonso. Y sin embargo, en las últimas cuatro temporadas, y corriendo el mismo auto que Vettel, Webber no ha pasado de ser un mero guardaespaldas del tricampeón mundial.

Al joven piloto alemán no se le debe regatear un solo mérito, le debe una cena a Adrian Newey, sí, pero no el campeonato. Por eso, hoy más que nunca, en estos tres campeonatos mundiales habría que parafrasear a Clinton: "¡Es Vettel, estúpido!".


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César González es articulista de La Ciudad Deportiva.

 

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