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Está en la mujer

Publicado: 20/01/2013 02:02

Adrián Levy Pernudo / Centro de Colaboraciones Solidarias

En Pekín, una de las ciudades más pobladas del mundo, olvidarse en casa la mascarilla para respirar puede ser un descuido mortal debido a la alta polución. A pesar del grave inconveniente, la capital del Imperio chino parece no tener límites. Su población creció en la primera década de siglo un 50%, con cerca de 20 millones de habitantes.

China parece que tampoco tiene barreras, aunque el Gobierno trate de ponerlas. La política de planificación familiar continuará en el país asiático, donde cada pareja sólo puede tener un único hijo. La severa política del hijo único del país asiático permite dos excepciones. En las zonas urbanas, las parejas en las que ambos miembros son hijos únicos pueden tener dos niños. En el ámbito rural, existe la posibilidad de tener un segundo hijo si la primogénita es niña.

El problema aparece cuando los controles de las autoridades chinas exceden los límites de los derechos humanos. Activistas como el disidente ciego Chen Guangcheng -con residencia en Estados Unidos-, han denunciado abortos y esterilizaciones forzosas realizadas en China para controlar la natalidad. La política del hijo único apareció a finales los años setenta como freno maltusiano al descomunal crecimiento demográfico. Según las cifras estatales, el objetivo se ha logrado.

Próxima al gigante asiático se encuentra otra potencia en auge, India, con similares problemas de superpoblación, a los que también intenta hacer frente con medidas extremadamente maltusianas. Se prevé que en 2030 su población sea mayor que la china.

Y el asunto es global. En algo más de una década, nuestro planeta ha pasado de 6.000 a 7.000 millones de habitantes. Desde 1930 hasta hoy, han nacido 5.000 millones de seres humanos. En la actualidad, cada año nacen 83 millones de personas. Es en el África subsahariana donde más ha crecido la población en las últimas tres décadas. Son las zonas empobrecidas del planeta las que padecen este fenómeno de superpoblación. A más penurias económicas, peor educación sexual y menos acceso a anticonceptivos y posibilidades de abortar.

Thomas Robert Malthus fue un clérigo anglicano a caballo entre los siglos XVIII y el XIX, contrario a cualquier ayuda pública o privada a los pobres, ya que su procreación desenfrenada devolvería la situación al estado anterior. "Nadie consiguió de una forma tan completa cargar sobre las espaldas de los pobres el peso de su pobreza o de librar del mismo a los ricos", decía el economista J.K. Galbraith sobre Malthus. Las ideas del pensador británico siguen vigentes en nuestros días, como bien podrían atestiguar una pareja cualquiera de campesinos chinos con un hijo en brazos.

En 1994, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo, los gobiernos de 179 países aprobaron el Programa de Acción. El plan se centra en las necesidades y los derechos del ser humano; no en el logro de metas demográficas. Es decir, tratar a las personas como personas, dejando de lado las cifras. Y, sobre todo, priorizar el papel de la mujer. En los sucesivos informes del Estado de la Población Mundial, elaborados por Naciones Unidas, se han presentado los logros alcanzados hasta la fecha, así como las posibles soluciones a los crecientes retos.

Pero la explosión demográfica no es absoluta. En las zonas más desarrolladas del planeta ocurre lo contrario: apenas hay crecimiento poblacional. Países como España se envejecen. En épocas de bonanza económica, la solución era fácil. Personas de otros continentes llegaban para trabajar y formar una familia. Ahora, en plena depresión económica, los migrantes se han ido y son los jóvenes españoles los que salen al exterior a buscar una vida mejor.

El problema, por el momento, no es alimentario, como afirma Jean Ziegler, notable economista y alto cargo de la ONU: "No puede ser que en un planeta con los recursos agroalimentarios suficientes para alimentar al doble de la población mundial actual, haya casi una quinta parte de sus habitantes sufriendo infraalimentación". Las soluciones al problema demográfico mundial radican en el papel de la mujer como sujeto de derecho, y en su educación sexual y reproductiva. Todo empieza y todo acaba en ella. En la mujer.

 
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