Benjamín Cuéllar

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Ética y estética

Publicado: 17/11/2012 09:30

gente etica y justicia

En el diccionario, se dice de la ética que es el conjunto de normas morales que rige la conducta humana; además, señala que ética es la persona recta que actúa conforme a la moral. Y de la estética determina que es la armonía y apariencia agradable a la vista que tiene alguien o algo, desde el punto de vista de la belleza. Considerando ambos términos, al examinar el estado en que se encuentra veinte años después del fin de la guerra,

El Salvador debería darnos vergüenza. O, más bien, deberían tener un poco de vergüenza quienes han conducido el Estado salvadoreño -desde sus poderes visibles e invisibles- a lo largo de esas dos décadas. Y es que hoy, sobre la ética y la estética están el fuerte, pudiente y omnipotente, que genera directa o indirectamente muerte lenta y violenta para regar el suelo patrio con angustia y dolor, para cubrirlo con sangre y terror.

Ese es El Salvador de hoy, que otra vez se aprestó a conmemorar y conmemoró el que debería ser su día nacional: el de los "fieles difuntos". Porque muerta está ya Helene Stephany Arias Moreno, joven de veinte años que desapareció el recién pasado martes a medio día y por quien sus captores después exigieron dinero para regresarla al seno de su familia. Y eso que en el país ya fue erradicado el secuestro, según quienes decían y dicen ser sus autoridades; claro que sí, si se mira desde su perspectiva que es la de gobernar para arriba mientras la gente de abajo sigue llorando a sus víctimas.

Esta estudiante universitaria, al igual que la atleta Alisson Renderos hace unos meses, no fue víctima del ridículamente mal llamado "bullying"; eso, que en "buen cristiano" es simple y sencillamente el acoso escolar, no fue lo que llevó luto y pesar a esas dos familias. La tragedia de Helene y Alisson, la misma de tanta población estudiantil asesinada y desaparecida, es fruto de un Estado incapaz de funcionar en favor del bien común al tener una Asamblea Legislativa que no quiere ni puede nombrar un buen Fiscal General de la República, independiente y dotado de los recursos suficientes; pero, sobre todo, valiente.

Y con un Ejecutivo que no ejerce el liderazgo necesario para unir al país en torno a sus problemas más graves, como lo son la muerte lenta y la muerte violenta que pululan en El Salvador de allá abajo; que pide perdones generales a las víctimas, pero que perdona a generales victimarios; que permite le desobedezcan, al seguir en el muro del cuartel el nombre del asesino de El Mozote y dejar que se siga ofendiendo la dignidad de quienes sufrieron las atrocidades que ese mandó cometer; que no articula políticas públicas eficaces para prevenir y perseguir al delincuente, sin importar su condición económica y social; que no brinda seguridad a toda la población sin distingo, pero que se ufana de apoyar grotescos "golpes a la criminalidad" mediante el desalojo -literalmente ardiente- del ambulantaje en el centro capitalino con la participación policial.

A lo anterior hay que agregar una justicia rastrera, salvo honrosas excepciones entre sus operadores. Justicia que sigue siendo como el campesino le dijo a monseñor Romero: una serpiente que solo muerde al descalzo; justicia que no alcanza a ser como la muerte, de la cual -recordando a Montesquieu- nadie se escapa. Justicia sumergida y ahogada en el mar de la impunidad fortalecida hace casi veinte años, tras el cierre y archivo del informe de la Comisión de la Verdad para darle paso al primer irrespeto de su espíritu y su letra: la aprobación de una infame ley de amnistía que legitimó las prácticas denunciadas y condenadas por el mismo. Por ello, al igual que antes, en este El Salvador se sigue matando individual y colectivamente; también se sigue torturando y desapareciendo.

Y en estas dos décadas, hay una víctima más de la cual casi nadie habla: la esperanza. A esa, se han encargado de matarla a pausas quienes se jactan de ser la "clase política" nacional y no son más que politiqueros sin nada de "clase". Porque en el país, extinta está en la política la belleza a la que Aute le canta cuando nos pide mirar a los políticos baratos "como reptiles, al acecho de la presa, negociando en cada mesa maquillajes de ocasión" y -sin importar a quien atropellan- encaramados y corriendo por las vías que los "conduzcan a la cumbre, locos porque nos deslumbre su parásita ambición". A esos que antes eran "profetas y ahora el éxito es su meta"; a esos mercaderes y traficantes que, "más que nausea, dan tristeza" porque "no rozaron ni un instante la belleza..." A esos hay que sumar otros poderes que tienen iguales o mayores responsabilidades, por ser quienes están fuera del escenario manejando los hilos para hacer bailar a sus marionetas al son que les tocan.

Ética y moral, estética y belleza... ¡Qué lejos están de este país! La exclusión social la quieren esconder bajo los escombros que dejan a su paso los tractores, pretendiendo después llevársela para dar paso a recurrentes ejercicios de cosmetología política y mediática. La Unidad Antimotines y el Cuerpo de Agentes Metropolitanos ocupan el lugar de la inteligencia policial y la investigación fiscal, para hacernos creer que el crimen organizado está en camino de extinción. La inconstitucional e ilegal campaña electoral de cualquier sabor y color se convierte en el cuerno de la abundancia a derrochar, mientras allá -en lo profundo de esta tierra- el hambre y la sangre se pasean.

Seguimos viendo cuántos se valen de los fines para aprovecharse de los medios y llevarse su porción, tal como canta Delgadillo; pero, como él mismo nos propone, comencemos a cerrar los caminos cuando aquel que nos los muestre vaya cambiando de opinión. Cerrémosle los caminos a los palabreros mediáticos y políticos que antes denunciaban los males y hoy los justifican o pretenden vendernos que ya se están superando. De seguro lo harán, ocupando el caso de Helene Stephany Arias Moreno. Como en el de Alisson Renderos, dirán que los resolvieron bien y que no quedaron en la impunidad.

Cierto. Cuando la presión de la sociedad a través de las "redes" los atosiga, trabajan; también cuando la víctima es "don fulano de tal". Como no tenemos el dinero que tiene la familia de este último, hagamos lo que nos toca: organicémonos, reclamemos, rebelémonos, ejerzamos con imaginación y creatividad el poder de un pueblo que -hasta hoy- se encuentra dormido y en estos veinte años solo ha despertado de vez en cuando.

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