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  <title>Pedro García Domínguez</title>
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  <updated>2013-05-22T09:23:28-04:00</updated>
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    <name>Pedro García Domínguez</name>
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  <rights>Copyright 2008, HuffingtonPost.com, Inc.</rights>
  <subtitle>HuffingtonPost Blogger Feed for Pedro García Domínguez</subtitle>
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    <title>Crónicas de Mogarraz: Latidos (II)</title>
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    <published>2012-12-04T16:52:12-05:00</published>
    <updated>2013-02-03T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Dris Pashá hizo una pausa, había reparado en la cara de asombro de los presentes. Se llevó lentamente la copa a los labios, y pausadamente continuó su relato. Al segundo personaje lo había localizado cerca de los años de la Redención del Mundo de 1460, leyendo a los historiadores Francisco López de Gómara y Emilio Sola.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="albetto" src="http://i.huffpost.com/gen/889786/thumbs/s-ALBETTO-large300.jpg?5" /><br />
<br />
Dris Pash&aacute; hizo una pausa, hab&iacute;a reparado en la cara de asombro de los presentes. Se llev&oacute; lentamente la copa a los labios, y pausadamente continu&oacute; su relato. Al segundo personaje lo hab&iacute;a localizado cerca de los a&ntilde;os de la Redenci&oacute;n del Mundo de 1460, leyendo a los historiadores Francisco L&oacute;pez de G&oacute;mara y Emilio Sola.<br />
<br />
Tomaron los turcos en Albania, que es una provincia de Grecia, un muchacho, llev&aacute;ronlo a Constantinopla, hici&eacute;ronle turco, llam&aacute;ronle despu&eacute;s de renegado Mahomedi. Este Mohamedi, siendo ya hombre, cometi&oacute; un delito en Constantinopla y por miedo del castigo huy&oacute; y refugiose en Mitilene, que antiguamente se dec&iacute;a Lesbos; all&iacute; se cas&oacute; con una cristiana natural de la villa de Marchena, en Andaluc&iacute;a, que se llamaba Catalina, viuda que ten&iacute;a de su propio marido dos hijos y una hija. Hubo con ella seis hijos, las mujeres siguieron a la madre en su fe; los hijos tomaron la del padre. Tal era la costumbre entre los turcos. Este Mohamedi y su mujer Catalina ser&iacute;an los padres de Aruch y Jered&iacute;n Barbarroja. <br />
<br />
Ayudaba el mozo a su padre en su arte y oficio de ollero; pero como el padre fuese pobre y el tributo que pagaba al turco fuese grande determin&oacute; con la primera ocasi&oacute;n tentar la fortuna y buscar alg&uacute;n modo de aventura; estando pues con estos pensamientos aport&oacute; una goleta de corsarios turcos; lo cual sabido por Aruch, al momento y sin decir nada a sus padres, se fue a ella y rog&oacute; con mucha insistencia al arraez lo recibiese en su compa&ntilde;&iacute;a, diciendo que de buena voluntad se quer&iacute;a hacer turco. El arraez, que esto vio y consider&oacute; al mozo ser de buen talle, disposici&oacute;n y esp&iacute;ritu, de muy buena voluntad lo acept&oacute; y recogi&oacute; en su galeota. De esta manera, y en compa&ntilde;&iacute;a de este corsario y de otros, anduvo algunos a&ntilde;os Aruch por los mares robando. <br />
<br />
En aquellos momentos los Caballeros de Rodas comenzaban a coordinar el corso cristiano contra el cada vez m&aacute;s activo corso turco. Aruch fue alistado por c&oacute;mitre de una galera contra los Caballeros de Rodas. Despu&eacute;s de un duro combate Aruch fue hecho prisionero en aguas de Cand&iacute;a, la actual Creta. Anduvo dos a&ntilde;os al remo con una cadena al pie. En todo este tiempo nunca quiso decir su nombre, temiendo que si lo dec&iacute;a lo matar&iacute;an los cristianos, porque Aruch quiere decir 'renegado', tornadizo. Era hombre m&aacute;s bermejo que de otro color, por lo que los de la galera le apodaron Barbarroja. <br />
<br />
En cierta ocasi&oacute;n fue la galera, en que estaba aherrojado, a tierra de turcos a hacer, como sol&iacute;a, alg&uacute;n robo; all&iacute; con un cuchillo, que llevaba escondido, se cort&oacute; el tal&oacute;n del pie donde llevaba la cadena, y, cortado, sacose la cadena, echose al agua y lleg&oacute; a tierra nadando. <br />
<br />
En Constantinopla conoci&oacute; a dos mercaderes ricos, que estaban armando una galera de veintid&oacute;s bancos, los cuales recibieron a Barbarroja por timonero de ella. Con esta galera y con otro bergant&iacute;n partieron los corsarios a robar. Enferm&oacute; uno de los due&ntilde;os y muri&oacute;. Barbarroja, luego que vio a uno de los se&ntilde;ores de la galera muerto, propuso matar al otro, alzarse con la galera y salir de lacer&iacute;a. De noche ya, acostose el se&ntilde;or de la galera y durmiose. Barbarroja, en viendo que dorm&iacute;a, diole, con un hacha, dos o tres golpes en sus sienes y lo mat&oacute;; muerto, lo ech&oacute; al mar y llam&oacute; a los soldados y marineros que ten&iacute;a sobornados y alzose con la galera y el bergant&iacute;n. <br />
<br />
A partir de este momento Dris trat&oacute; de abreviar. Narr&oacute;, pues la historia de Aruch era bien conocida de todos los presentes, c&oacute;mo desde su base de la isla de Gelbes conquistar&iacute;a toda Berber&iacute;a. Relat&oacute; sus m&aacute;s destacadas haza&ntilde;as, su amor por Argel, pero sobre todo, y lo que no era tan conocido, su amor por la villa de T&aacute;nger, donde se hizo construir un palacio y una fortaleza inexpugnable. Aruch fue conocido por su generosidad, implacable con los enemigos, incluso cruel. Era de una munificencia proverbial, elegante, instruido, amante de las mujeres y de la buena mesa. Sus maneras exquisitas eran envidiables y envidiadas. <br />
<br />
Como el tiempo transcurr&iacute;a inexorable, y a pesar del inter&eacute;s que por esta amena charla mostraban sus comensales, Dris les comunic&oacute; que hab&iacute;a descubierto dos metemps&iacute;cosis m&aacute;s de Alberto en dos personajes: el uno era Ziriab, m&uacute;sico y &aacute;rbitro de la elegancia en la C&oacute;rdoba del siglo IX, y el otro, don Enrique de Arag&oacute;n, Marqu&eacute;s de Villena, hombre de letras, gastr&oacute;nomo, alquimista y sabio del siglo XVIII. <br />
<br />
A todos un&iacute;an unas mismas inquietudes en su aparente diversidad y todos amaron la misma ciudad de T&aacute;nger. La &uacute;ltima transmutaci&oacute;n la hab&iacute;a encontrado en Isaac Toledano, cuya vida y milagros ya conocemos, cuyas vivencias, a&uacute;n presentes en la mente de Alberto G&oacute;mez Font, eran conocidas de manera un tanto misteriosa por Dris Pash&aacute;, que desde hac&iacute;a tiempo le segu&iacute;a la pista. <br />
<br />
Lo que no hab&iacute;a podido desvelar Dris era por qu&eacute;, aparentemente, nunca se hab&iacute;a reencarnado en ning&uacute;n animal, cosa habitual seg&uacute;n la filosof&iacute;a budista. Seg&uacute;n Dris pensaba, y por razones de peso, que a esta hora tan avanzada no entrar&iacute;a a exponer, esta ser&iacute;a la &uacute;ltima reencarnaci&oacute;n de Alberto, despu&eacute;s llegar&iacute;a al aniquilamiento de todos los deseos, salvo del yo individual, su identificaci&oacute;n con el Universo. Alcanzar&iacute;a as&iacute; el estado de paz imperturbable y felicidad absoluta, libre de sufrimientos y de inquietudes: el nirvana. <br />
<br />
Sa&iacute;d, Calu y Alberto se despidieron de Dris y de Amina. Emprendieron el camino del hotel en silencio, apenas intercambiaron algunos monos&iacute;labos. No estaban cansados pero era tarde y por la ma&ntilde;ana tendr&iacute;an que madrugar, ya que al d&iacute;a siguiente Alberto tendr&iacute;a que presentar su libro, C&oacute;cteles tangerinos, en el hotel El Minzah de T&aacute;nger.]]></content>
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<entry>
    <title>Crónicas de Mogarraz: Latidos (I). Alberto Gómez Font</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://voces.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/cronicas-de-mogarraz-latidos_b_2193406.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2193406</id>
    <published>2012-11-27T07:58:08-05:00</published>
    <updated>2013-01-27T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Conoció el sufí Dris Pashá a Alberto Gómez Font en el restaurante «Es Grop» de Cala Millor, en la isla de Mallorca, donde el indio, los martes atendía sus consultas sobre la mística sufí. Llamole la atención el porte noble de Alberto, sus refinados ademanes. «Es él» --se dijo--. Hízole llegar un mensaje, invitándoles, a él y a su inseparable Calu, a su masía, para cenar, cualquier día de la semana.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="alberto g f 2" src="http://i.huffpost.com/gen/877970/thumbs/s-ALBERTO-G-F-2-large300.jpg?4" /><br />
<br />
Conoci&oacute; el suf&iacute; Dris Pash&aacute; a Alberto G&oacute;mez Font en el restaurante &laquo;Es Grop&raquo; de Cala Millor, en la isla de Mallorca, donde el indio, los martes atend&iacute;a sus consultas sobre la m&iacute;stica suf&iacute;. Llamole la atenci&oacute;n el porte noble de Alberto, sus refinados ademanes. &laquo;Es &eacute;l&raquo; --se dijo--. H&iacute;zole llegar un mensaje, invit&aacute;ndoles, a &eacute;l y a su inseparable Calu, a su mas&iacute;a, para cenar, cualquier d&iacute;a de la semana.<br />
<br />
Llegaron a casa de Dris Pash&aacute; a las nueve de la tarde. A&uacute;n calentaba el sol estival. Dris les present&oacute; a Amina, la periodista tetuan&iacute; de la MAP, Amina Harraq, acompa&ntilde;ada de un mancebo de aspecto inquietante, Sa&iacute;d al Masri, el magnate de las babuchas de tafilete m&aacute;s famoso del Magreb. Alberto se ofreci&oacute; a prepararles unas combinaciones, un 'dry martini'  parec&iacute;a lo adecuado a esa hora, pero sus anfitriones eran abstemios. Discurri&oacute; la velada entre sonrisas, afablemente, pero a medida que transcurr&iacute;a el tiempo se fueron relajando las mentes y los modos. <br />
<br />
Calu, sagaz y silenciosa, advirti&oacute; c&oacute;mo Alberto era cada vez m&aacute;s sol&iacute;cito con la bella e inteligente Amina, aunque sab&iacute;a que este gesto era un movimiento reflejo de coqueter&iacute;a, tan inofensivo como inevitable. Tambi&eacute;n advirti&oacute; c&oacute;mo Dris, implacable y delicadamente, llevaba la conversaci&oacute;n a un terreno desconocido, ostensiblemente interesado: preguntas que, con imperceptible amabilidad, se interesaban por la vida de Alberto, que halagado, satisfac&iacute;a con largueza. <br />
<br />
Terminada la cena se retiraron a un sal&oacute;n acogedor, cuyo mirador daba a la cala. Alberto y Calu apuraban sus copas, mientras Masri, Amina y Dris beb&iacute;an sendos t&eacute;s. Calu observ&oacute; con inter&eacute;s c&oacute;mo Dris, aceleraba su tarea inquisidora, se ve&iacute;a abocado a una explicaci&oacute;n. As&iacute; fue. <br />
<br />
Arrellanados en los c&oacute;modos sof&aacute;s, Dris Pash&aacute; relat&oacute; c&oacute;mo en Simla, su ciudad natal, en la India, en 1944, ten&iacute;a &eacute;l 20 a&ntilde;os, conoci&oacute; al lama budista, Yah Seh, que aun a sabiendas de que era musulm&aacute;n trat&oacute; de iniciarlo en la gnosis reformista del Budismo Mahayana. De todo lo que le contara, lo &uacute;nico que le turb&oacute; fue lo relativo a la metemps&iacute;cosis: no comprend&iacute;a la preocupaci&oacute;n de Yah Seh por la transmigraci&oacute;n de las almas &iquest;Qu&eacute; importancia pod&iacute;a tener en qu&eacute; orden animal o especie natural podr&iacute;a reencarnarse un alma despu&eacute;s de muerta? Lleg&oacute;, en soliloquios, a la conclusi&oacute;n de que lo que &eacute;l podr&iacute;a interesarle era la 'retromigraci&oacute;n', es decir, qu&eacute; habr&iacute;an sido en sus vidas anteriores. <br />
<br />
Calu, Sa&iacute;d y Amina estaban perplejos, mientras Alberto se afanaba, sin perder el hilo de la conversaci&oacute;n, en preparar unos tragos: a Calu y a s&iacute; mismo un 'whisky Sour', a Sa&iacute;d un &laquo;Cuba Libre&raquo;, a Amina y Dris Pash&aacute; unos jugos frutales aromatizados con agua de azahar. Todo esto lo hac&iacute;a sin el m&aacute;s m&iacute;nimo ruido,, sin turbar la paz, que en ese ambiente m&aacute;gico comenzaba a reinar. <br />
<br />
<br />
Dris Pash&aacute; estaba seguro de que hab&iacute;a encontrado en Alberto al hombre que buscaba. Hab&iacute;a ca&iacute;do en sus manos un ejemplar de una extra&ntilde;a revista, 'El Canto de la Tripulaci&oacute;n'. Atrajo su atenci&oacute;n un cuento un tanto l&uacute;dico, situado en T&aacute;nger y firmado por un tal Alberto G&oacute;mez Font, y pidi&oacute; que le consiguieran todos los n&uacute;meros de dicha publicaci&oacute;n. Desde entonces hab&iacute;a seguido sus andanzas, y el 'azar' lo hab&iacute;a tra&iacute;do a Mallorca. Crey&oacute; llegado el momento de exponer el resultado de sus pesquisas: <br />
<br />
Abducido, supo de la existencia de Korobius --marino de Samos-- leyendo a Herodoto. Korobius era piloto consumado. Se hab&iacute;a hecho con una peque&ntilde;a fortuna, arm&oacute; una nave de 50 remos y puso proa a Egipto en busca de fortuna, pero sorprendido por los vientos  contrarios fue arrojado a la isla de Plutea; cuando quiso de nuevo lograr su objetivo navegando hacia oriente, a lo largo de la costa, lo alcanzaron nuevamente los vientos contrarios del este, que no le abandonaron hasta que vio a sus espaldas las columnas de H&eacute;rcules. As&iacute; lleg&oacute; a Tartesos, lugar que a&uacute;n no hab&iacute;a visitado ning&uacute;n griego. All&iacute; fue recibido por su rey, Argantonios, venerable sabio de ciento cuarenta a&ntilde;os que cobr&oacute; gran afecto por Korobius. <br />
<br />
Protegido por la cordial amistad de Argantonio, Korobius se estableci&oacute; en Tartesos, donde cre&oacute; un pr&oacute;spero negocio. Desde Tartesos hizo frecuentes incursiones en el norte de &Aacute;frica. Fund&oacute; dos colonias, Tingis (T&aacute;nger)  y Lixus (Larache), a la primera le profesar&iacute;a un especial cari&ntilde;o y devoci&oacute;n, en ella levant&oacute; un templo dedicado a Afrodita. <br />
<br />
Al cabo de unos a&ntilde;os y de regreso a Samos con rica ganancia, Korobius, agradecido, entreg&oacute; a los dioses seis talentos, que constitu&iacute;an el diezmo de sus beneficios; repiti&oacute; inmediatamente el viaje y tras &eacute;l salieron, ya con frecuencia, las naves griegas. Korobius les hab&iacute;a convencido de que pod&iacute;a llegarse al Mediterr&aacute;neo occidental sin temor a los peligros de Circe y Calipso. <br />
<br />
De regreso a Tartesos y Tingis, Korobius fund&oacute; la colonia de Kal&iacute;polis, la ciudad bella --hoy Barcelona--. A su regreso a Tartesos hall&oacute; a Argantonios en su lecho de muerte. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s morir&iacute;a a los ciento cincuenta a&ntilde;os de edad y Korobius, apenado, se retirar&iacute;a a su bien amada ciudad de Tingis. <br />
<br />
Herodoto lo describe como un hombre de gran belleza, dotado de fuerza f&iacute;sica suficiente y de mayor ingenio, elegante y muy amado por las mujeres; incluso se dice que fue amado por Dido y que la auxili&oacute; cuando su hermano Pigmali&oacute;n, despu&eacute;s de haber asesinado a su marido, la despojara de su fortuna. (Continuar&aacute; la pr&oacute;xima semana).<br />
<br />
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    <title>Crónicas de Mogarraz: Borges</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2138152</id>
    <published>2012-11-15T12:20:29-05:00</published>
    <updated>2013-01-15T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Llegó Jorge Luis Borges a Madrid, por última vez, dos años antes de extinguirse. En un momento cruel de la vida de Luis Rosales. «Nadie ha tenido nada si no lo sigue teniendo», sentenció y fue entonces cuando comenzaron a caérsele los palos del sombrajo. Para Luis, el eccema  del labio superior era «la calentura del cuadro y de los libros». Y es que súbitamente su 'Resurrección', se había tornado 'Cruz'. Su inmensa biblioteca en, 'La Casa Encendida' de Altamirano, había sido 'cedida', precipitadamente, a la Junta de Andalucía por iniciativa de María, y su rica colección de cuadros, comenzaba, impacientemente, a ser 'transferida'. Así, sin dar tregua a su desolación llegó Jorge Luis Borges.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="borgesyt" src="http://i.huffpost.com/gen/864505/thumbs/s-BORGESYT-large300.jpg?4" /><br />
<br />
Lleg&oacute; Jorge Luis Borges a Madrid, por &uacute;ltima vez, dos a&ntilde;os antes de extinguirse. En un momento cruel de la vida de Luis Rosales. &laquo;Nadie ha tenido nada si no lo sigue teniendo&raquo;, sentenci&oacute; y fue entonces cuando comenzaron a ca&eacute;rsele los palos del sombrajo. Para Luis, el eccema  del labio superior era &laquo;la calentura del cuadro y de los libros&raquo;. Y es que s&uacute;bitamente su 'Resurrecci&oacute;n', se hab&iacute;a tornado 'Cruz'. Su inmensa biblioteca en, 'La Casa Encendida' de Altamirano, hab&iacute;a sido 'cedida', precipitadamente, a la Junta de Andaluc&iacute;a por iniciativa de Mar&iacute;a, y su rica colecci&oacute;n de cuadros, comenzaba, impacientemente, a ser 'transferida'. As&iacute;, sin dar tregua a su desolaci&oacute;n lleg&oacute; Jorge Luis Borges. <br />
<br />
Borges decidi&oacute; hospedarse en el grandioso Colegio Mayor Argentino, de Mart&iacute;n Fierro en la Ciudad Universitaria. En esta residencia, viv&iacute;a su paisano, el paciente fil&oacute;logo  Luis Mart&iacute;nez Cuiti&ntilde;o. Por estar con &eacute;l se quiso albergar all&iacute;. Pero quien lo acompa&ntilde;aba era su querido amigo Marcos Ricardo Barnat&aacute;n, se&ntilde;or del 'Talism&aacute;n'. <br />
<br />
Lo curioso es que su repertorio era de cinco conferencias, aunque distintas, a&ntilde;adiendo u omitiendo, seg&uacute;n el hilo del decurso flu&iacute;a, con una facilidad asombrosa y placentera. Borges carec&iacute;a de la apoyatura de la mirada afable del espectador, pero ten&iacute;a esa fecunda mirada interior que no se desv&iacute;a ni un &aacute;pice de su sendero, que poseen quienes han trocado la visi&oacute;n, por el don de la videncia --como Homero y Joyce--.<br />
<br />
Pocas personas he conocido con la amena erudici&oacute;n de Borges, lector implacable pol&iacute;glota y pol&iacute;grafo. Se expresaba con ins&oacute;lita y paralizante propiedad en conversaci&oacute;n arriesgada. Finamente susceptible y dispuesto a pulverizar sutilmente a su interlocutor. Su expresi&oacute;n --oral o escrita-- no est&aacute; sujeta a ley alguna, ni siquiera a la Ley de la Gravedad. Puede convertir sin miramientos la realidad en mito y el dogma en leyenda, incluyendo su biograf&iacute;a.  No solo Dios escribe con renglones torcidos, Borges tambi&eacute;n. Pero, qu&eacute; te voy a decir que no sepas. <br />
<br />
<strong>Pero voy a intentarlo: </strong><br />
<br />
<blockquote>Sol&iacute;a Luis Rosales, despu&eacute;s de las conferencias, almorzar o cenar en  `El 4' --un restaurante, situado en Buen Suceso, 4; frente al Corte Ingl&eacute;s de Princesa, donde otrora se reuniera la Generaci&oacute;n del 27--. Nos acompa&ntilde;aban F&eacute;lix Grande, Onetti, Alberto Porlan, Luis Mart&iacute;nez Cuiti&ntilde;o y Pepe Hierro. No s&eacute; c&oacute;mo, pero Borges, recurrente, lament&oacute; la liviandad de la literatura espa&ntilde;ola, exceptuando a Per Abbat, Quevedo y Cansinos Asens. F&eacute;lix Grande y Paca Aquirre abogaron por algunos otros y, de paso,  por  Antonio Machado. Recuerdo que Pepe Hierro y yo &iacute;bamos por nuestra segunda botella de rioja y apuramos la copa, antes de que se desplomase el techo. &laquo;Don Manuel... &iexcl;Qu&eacute; gran poeta, y qu&eacute; injustamente ignorado en Espa&ntilde;a...!&raquo; dijo Borges. &laquo;Me refiero--terci&oacute; F&eacute;lix-- a don Antoni Machado&raquo;. Aqu&iacute;, se desplom&oacute; el techo: &laquo; &iquest;Ah, pero Manuel ten&iacute;a un hermano?&raquo; Espet&oacute; con aplomo Borges, traviesillo, &eacute;l.  Luis desvi&oacute; la conversaci&oacute;n, pero no lo suficiente. Borges se hab&iacute;a adue&ntilde;ado de la situaci&oacute;n y no estaba dispuesto a irse de rositas. Estas situaciones tensas y vidriosas le fascinaban. Le encantaba provocar, y, en este campo, para &eacute;l, lo m&aacute;s sagrado era pura falacia; f&aacute;cil presa para la voracidad de su ingenio --que le hab&iacute;a costado el Nobel desde hac&iacute;a tres decenios--, sinti&oacute; la necesidad de a&ntilde;adir: &laquo;Los admiradores de Federico Garc&iacute;a Lorca son unos desagradecidos, pues gracias al general Franco, que lo fusil&oacute;, no es un desconocido...&raquo; Nos quedamos pasmados, y Luis daba sorbitos a una copa de vino en el vac&iacute;o, respirando profundamente concluy&oacute;: &laquo;Bueno, creo que se est&aacute; haciendo tarde...&raquo;.</blockquote><br />
<br />
Luis Mart&iacute;nez Cuiti&ntilde;o y yo acompa&ntilde;amos a Borges dando un paseo por el Parque del Oeste. Hablamos del 'esplendor' del 'Zohar' y del 'Safer Raziel HaMalach'; de la C&aacute;bala de Gershom Scholem; de los s&iacute;mbolos alqu&iacute;micos de El Bosco y del sufismo de Idries Shah. Guardo el recuerdo de esa conversaci&oacute;n luminosa, como algo sagrado, en lo m&aacute;s profundo de mi memoria y de mi coraz&oacute;n.<br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/o8Wo4Hd4RZ8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
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    <title>CRÓNICAS de Mogarraz: Francisca Aguirre</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.2090361</id>
    <published>2012-11-08T09:12:35-05:00</published>
    <updated>2013-01-08T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[No me es fácil escribir con serenidad sobre la poeta Francisca, Aguirre. Juntos, con Luis Rosales, los tres, desempeñamos durante 30 años una hermosa tarea responsable en la Dirección de Actividades Culturales y Artísticas del Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI).  Jamás tuvimos el más mínimo desencuentro ni roce, por pequeña que fuere y tampoco acepté otro trabajo o destino, si ello significaba alejarme de Paca Aguirre y de Luis Rosales. Aseguro que en el MAE, trabajar en nuestro despacho era codiciado.  Aunque tuviéramos distintos niveles administrativos, a cualquiera le hubiera sido difícil averiguar quién era el jefe, pues allí nadie mandaba.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="franciscaaguirre" src="http://i.huffpost.com/gen/852881/thumbs/s-FRANCISCAAGUIRRE-large300.jpg?4" /><br />
<br />
No me es f&aacute;cil escribir con serenidad sobre la poeta Francisca, Aguirre. Juntos, con Luis Rosales, los tres, desempe&ntilde;amos durante 30 a&ntilde;os una hermosa tarea responsable en la Direcci&oacute;n de Actividades Culturales y Art&iacute;sticas del Instituto de Cooperaci&oacute;n Iberoamericana (ICI).  Jam&aacute;s tuvimos el m&aacute;s m&iacute;nimo desencuentro ni roce, por peque&ntilde;a que fuere y tampoco acept&eacute; otro trabajo o destino, si ello significaba alejarme de Paca Aguirre y de Luis Rosales. Aseguro que en el MAE, trabajar en nuestro despacho era codiciado.  Aunque tuvi&eacute;ramos distintos niveles administrativos, a cualquiera le hubiera sido dif&iacute;cil averiguar qui&eacute;n era el jefe, pues all&iacute; nadie mandaba. <br />
<br />
Las puertas de nuestros despachos, siempre estaban abiertas,, nunca se cerraron, y siempre fueron refugio y esperanza de cuantos necesitaron de nuestra ayuda, para recuperar su dignidad. En tiempos de represi&oacute;n, eran el punto de referencia y encuentro de argentinos, uruguayos, chilenos, paraguayos, peruanos, filipinos y un largo etc. Los reclam&aacute;bamos, si estaban 'desaparecidos', a muchos los repatriamos, v&iacute;a Canad&aacute;; les conced&iacute;amos una 'beca', hasta que encontraron un trabajo digno. Hubo quien no tuvo m&aacute;s remedio que instalarse en nuestro despacho Otros, encontraron acomodo en  el contiguo 'Cuadernos Hispanoamericanos', con el inmenso y  cercano F&eacute;lix Grande y otros en prensa o en exposiciones. Cuesti&oacute;n de memoria.<br />
<br />
Para Paca: &laquo;la poes&iacute;a es una herramienta del conocimiento, que sirve para sacar lo que llevamos dentro.&raquo; S&iacute;, y para contar su historia. Y es que del 'coraz&oacute;n' de Paca participan F&eacute;lix Grande [el apellido es responsable, como su noble figura] y Guadalupe, poetas igualmente distintos. De este modo, ya podremos comprender a Paca, su poes&iacute;a y su historia. Al menos, aqu&iacute;, de esa parte entra&ntilde;able de su vida que no figura en sus biograf&iacute;as. Pues, como a todos los humanos, la vida nos ha forjado entre el amor y la soledad --m&aacute;s all&aacute; de la 'nada'--, ya que la armon&iacute;a nace de los contrarios, y que, &laquo;ni el bien ni el mal son durables&raquo;, todo cabe en la vida de Paca y con sutil cobertura nos lo cuenta. <br />
<br />
Sentenciaba Luis Rosales que &laquo;la alegr&iacute;a no tiene historia&raquo;. Un d&iacute;a lleg&oacute; Pace compungida. Estaba claro de que, ese d&iacute;a, Paca ten&iacute;a 'historia'.  Luis, le pregunt&oacute;: &laquo; &iquest;T&uacute; podr&iacute;as vivir el resto de tus d&iacute;as sin F&eacute;lix?&raquo;. Pero Paca no sab&iacute;a, ni pod&iacute;a vivir sin F&eacute;lix. De modo que le aconsej&oacute;: &laquo;a quienes 'queremos' hemos de 'amarlos', no como son, sino como est&aacute;n siendo&raquo;: 'paciencia', le aconsej&oacute; --que se dice pronto--. 'Paciencia'. El aforismo de Luis, como todos los suyos, es contundente, porque 'amar' es la antinomia de 'querer', lo uno es 'dar' y lo otro 'recibir',  'poseer'.<br />
<br />
Una acci&oacute;n es activa y la otra, pasiva; generosidad o ego&iacute;smo. No nos ha tocado vivir tiempos de 'amor', voz que ha ca&iacute;do en desuso; son &eacute;stos, tiempos de 'querer', tiempos de posesiones &laquo;y no hace falta aprenderlo&raquo;.<br />
<br />
Lo que pas&oacute;, lo escribi&oacute; Paca en un libro, que se puede leer mil veces y cada vez aprendes algo m&aacute;s: &Iacute;taca es su nombre. Despu&eacute;s de suficiente 'paciencia', todo ha pasado, y est&aacute;n &laquo;m&aacute;s juntos que una l&aacute;grima&raquo;.<br />
<br />
Pero Paca, al nacer --en 1930--, cometi&oacute; un error imperdonable. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, estallo la infame Guerra Civil espa&ntilde;ola. Lleg&oacute; con el conocimiento necesario para comprender lo que era el horror y el terror. Para llegar a su Frontera:<br />
<blockquote>&laquo; [...] y no ingresar en ese tiempo loco<br />
que cobra su alquiler en monedas de espanto. [...]&raquo;<br />
Algunos escribimos con sangre. Otros con el coraz&oacute;n. </blockquote><br />
<br />
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<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/lC4aG2bsuvc" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>]]></content>
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    <title>Crónicas de Mogarraz: Mujica Láinez</title>
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    <published>2012-11-01T10:18:49-04:00</published>
    <updated>2013-01-01T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Manuel Mujica Lainez, así firmaba, siempre, sin tildes en las vocales acentuadas; más conocido como Manucho. Creyó con tal vehemencia en su ascendencia de noble alcurnia, que nadie osó ponerlo en duda. Evidentemente sí pertenecía a la aristocracia porteña. Inteligente, generoso, culto y altivo, con terror a envejecer, así era Manucho.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="manucho 1" src="http://i.huffpost.com/gen/842193/thumbs/s-MANUCHO-1-large300.jpg?4" /><br />
<br />
Manuel Mujica L&aacute;inez, as&iacute; firmaba, siempre, sin tildes en las vocales acentuadas; m&aacute;s conocido como 'Manucho'. Crey&oacute; con tal vehemencia en su ascendencia de noble alcurnia, que nadie os&oacute; ponerlo en duda. Evidentemente s&iacute; pertenec&iacute;a a la aristocracia porte&ntilde;a. Inteligente, generoso, culto y altivo, con terror a envejecer, as&iacute; era Manucho. <br />
<br />
Su estilo, patente en Bomarzo, era ampuloso, preciso, descriptivo; a medida que uno avanzaba en la lectura enganchaba; ten&iacute;a preferencia por las grandes gestas de la Historia, como las Cruzadas; las gestas de Carlos V, la batalla de Lepanto; Felipe II, que no dudaba en iluminar con voces arcaizantes y poco usadas para sumergir al lector en un ambiente ampuloso, descomunal, exclusivo, selecto. As&iacute; era &eacute;l, pero sin dobleces. Miraba siempre, miraba a los ojos de su interlocutor, limpiamente, 'desnud&aacute;ndose' complacido. Era responsable de su rostro --como lo somos todos--.Por los ojos se ve&iacute;a su conciencia --por eso hay gente que reh&uacute;ye la mirada--. Jam&aacute;s ocult&oacute; nada.<br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/E7fX9xXX77k" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
En el oto&ntilde;o de 1974 nos avis&oacute; de su llegada. Martine de Burdet quer&iacute;a conocerlo y me acompa&ntilde;&oacute; a la estaci&oacute;n madrile&ntilde;a de Chamart&iacute;n de la Rosa, en el 'Puerta del Sol', llegaba procedente de Par&iacute;s, como buen argentino. Lo reconocimos por el sombrerito. Lo acompa&ntilde;aba un efebo exultante, Claudio Crespi. Fuimos directos al Palacio de la Hispanidad, en la Ciudad Universitaria. Manucho deseaba abrazar a Luis Rosales, que se qued&oacute; perplejo con la belleza de Claudio Crespi: &laquo;un adolescente ang&eacute;lico --dijo--. &iexcl;As&iacute; ya podr&aacute;!&raquo;. Despu&eacute;s de preguntar por su mujer e hijos, hablaron de 'sus' cosas hasta llegada la hora del almuerzo. <br />
<br />
Le di a Manucho los datos que me hab&iacute;a pedido sobre Carlos II &laquo;El Hechizado&raquo;, que ser&iacute;a su pr&oacute;xima obra. Necesitaba que le acompa&ntilde;ase al Museo Nacional del Prado, para documentarse sobre &laquo;el rey, nuestro se&ntilde;or, Carlos II&raquo;; el magn&iacute;fico retrato en bronce, Carlos II, ecuestre (1690),  de  Giovanni Battista Foggini; los &oacute;leos, Carlos II, con armadura (1681), de Juan Carre&ntilde;o de Miranda;  Carlos II, rey de Espa&ntilde;a, a caballo  (a. 1694), de Luca Giordano y algunos otros que no detallo, para no agobiar al paciente lector, que sin duda, a estas alturas ya se habr&aacute; percatado del traj&iacute;n que nos tra&iacute;amos subiendo y bajando, de una escuela y de un piso a otro. <br />
<br />
Claudio Crespi, siempre tan atento y discreto, comenzaba a despistarse, sin perdernos de vista. Al pasar por las salas de la Escuela Flamenca le llam&oacute; la atenci&oacute;n a Manucho el grandioso y herm&eacute;tico tr&iacute;ptico, un &oacute;leo sobre tabla de roble, El jard&iacute;n de las Delicias, o La pintura del madro&ntilde;o (1500-1505) de El Bosco, (Jeroen Anthoniszoon van Aeken, Bosch), uno de los pintores predilectos de Felipe II, cuyos cuadros, los &uacute;nicos que se conservan, del ciego criterio cerril de la infame Inquisici&oacute;n, en los Pa&iacute;ses Bajos espa&ntilde;oles, ilustraban los muros de sus sobrios aposentos en el Palacio Monasterio de El Escorial. <br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/s4qVdIzAJGE" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
Le dije que no deb&iacute;amos desviarnos de Carlos II, pero Manucho insisti&oacute; en que le explicase el simbolismo de &laquo;semejante maravilla&raquo;. A pesar de mis evasivas, hube de ceder y explicarle que el tema del Jard&iacute;n de las delicias, era una obsesi&oacute;n milenarista recurrente y obsesivo no solo en El Bosco, que volver&iacute;a a tratar 10 a&ntilde;os despu&eacute;s en El carro del heno,  basado en el Libro de Isa&iacute;as: &laquo;Toda carne es heno, que se marchita, y toda gloria de este mundo, hierba de los, campos, que se agosta&raquo;. Lo de la &laquo;carne que se marchita&raquo; fue como si le hubiesen golpeado en pleno rostro. <br />
<br />
Trat&eacute; de explicarle, en el panel central, el s&iacute;mbolo alqu&iacute;mico del Andr&oacute;gino, representado por un hombre invertido, en forma de y griega may&uacute;scula [Y] cuyas manos semiocultan el  sexo masculino y el femenino. Lo ve&iacute;a palidecer. All&iacute; seguimos, descifrando la oriflama: la CONIVCTIO, CORR VPTIO Y SUBLIMATIO. Desentra&ntilde;ando el principio alqu&iacute;mico que asegura, que &laquo;el verdadero sabio, solo habla claro cuando no quiere ser entendido.&raquo; Del s&iacute;mbolo de lo fugaz de los placeres carnales representado por lo que &eacute;l cre&iacute;a una fresa, entre las piernas del Andr&oacute;gino, pero que era un madro&ntilde;o. A pesar de sus prop&oacute;sitos, Manucho no escribi&oacute; ni sobre Carlos II ni sobre El Bosco.<br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/dN2biaQ5UwI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
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    <title>CRÓNICAS de Mogarraz: 007.-Yáñez</title>
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    <published>2012-10-23T09:23:08-04:00</published>
    <updated>2012-12-23T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Aunque todo estaba preparado para la conferencia del autor de Al filo del agua --que con Pedro Páramo, de Rulfo, eran las obras maestras de la literatura mexicana--, la llegada de Agustín Yáñez puso  patas arriba a, no solo a nuestro despacho, sino a buena parte de los intelectuales madrileños, a diplomáticos y a políticos.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="agustinyanezhistoriayt" src="http://i.huffpost.com/gen/827149/thumbs/s-AGUSTINYANEZHISTORIAYT-large300.jpg?4" /><br />
<br />
Aunque todo estaba preparado para la conferencia del autor de Al filo del agua --que con Pedro P&aacute;ramo, de Rulfo, eran las obras maestras de la literatura mexicana, la llegada de Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez puso  patas arriba a, no solo a nuestro despacho, sino a buena parte de los intelectuales madrile&ntilde;os, a diplom&aacute;ticos y a pol&iacute;ticos. <br />
<br />
Corr&iacute;a la primavera de 1977... Franco hab&iacute;a muerto, y la llegada del mexicano Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez, que no era &uacute;nicamente escritor de renombre, sino tambi&eacute;n un pol&iacute;tico influyente, que hab&iacute;a sido gobernador del Estado de Jalisco y secretario de  Educaci&oacute;n P&uacute;blica de M&eacute;xico, y ahora el presidente de la Academia Mexicana de la Lengua y, lo que era m&aacute;s importante, presidente del Colegio de M&eacute;xico.  El 28 de marzo de 1977, M&eacute;xico y Espa&ntilde;a hab&iacute;an restablecido las relaciones diplom&aacute;ticas. Espa&ntilde;a era una democracia desde el 15 de junio de 1977. <br />
<br />
Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez ven&iacute;a oficialmente a dar una conferencia sobre su fecunda obra literaria y, de paso, al llevarse las cenizas del &laquo;Maestro de Am&eacute;rica&raquo;, Justo Sierra M&eacute;ndez, que hab&iacute;a fallecido en Madrid en 1912. Varios notables mexicanos pugnaban por ser embajadores en Espa&ntilde;a. Lo cierto es que despu&eacute;s de varias entrevistas con Marcelino Oreja, ministro de Asuntos Exteriores, el 21 de julio de 1977, presentaba credenciales, el primer embajador de M&eacute;xico en la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica, Gustavo D&iacute;az Ordaz, &iacute;ntimo amigo de Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez, de cuyo Gobierno fuera secretario de Educaci&oacute;n. <br />
<br />
Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez era uno de los mejores oradores que jam&aacute;s he conocido. He conocido muchos, y todos eran americanos, ninguno espa&ntilde;ol. Dicho de otro modo, para que no haya dudas: los mejores oradores en lengua espa&ntilde;ola, desde el siglo XX, son americanos. Eso sin mentar a los parlamentarios espa&ntilde;oles, cuyas intervenciones son balbuceos incoherentes, carentes de ingenio. He escuchado en parlamentos, a oradores, mexicanos, colombianos y nicarag&uuml;enses, y da placer escucharlos. En Espa&ntilde;a escuchar a nuestros pol&iacute;ticos es una tortura. Lo digo con la autoridad que me otorgan los largos a&ntilde;os de docencia e investigaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica universitaria y la autor&iacute;a de varios libros sobre esta materia.<br />
<br />
Luis Rosales insisti&oacute; en que guiase a Agust&iacute;n y a Olivia, su esposa, por Espa&ntilde;a, --Castilla, Extremadura y Andaluc&iacute;a--. Luis me asegur&oacute; que no me arrepentir&iacute;a y, como siempre acert&oacute;. Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez, a pesar de su profundo conocimiento de la historia y la cultura espa&ntilde;olas, hab&iacute;a jurado no pisar suelo espa&ntilde;ol mientras viviese el dictador. <br />
<br />
Era un gigante de casi dos metros, bien parecido, ataviado con cuidado desali&ntilde;o. Olivia, su esposa, una mujer 'g&uuml;era' de gran belleza, voz dulce y enorme discreci&oacute;n, lo mimaba. Viajar con ellos era una delicia y una lecci&oacute;n.  Yo conoc&iacute;a Espa&ntilde;a, pero Agust&iacute;n la conoc&iacute;a mucho mejor,  y era la primera vez que la pisaba. No era un gurm&eacute; refinado, pero apreciaba los postres de chocolate y era entendido en vinos y m&aacute;s a&uacute;n en brandis.  Saliendo de Burgos se detuvo para hacer 'aguas menores'. <br />
<br />
S&uacute;bitamente, desapareci&oacute;. Olivia, el conductor y yo nos pusimos a buscarlo. O&iacute;mos unos lamentos entre la yerba exuberante de la cuneta. No par&aacute;bamos de re&iacute;r. Olivia le dec&iacute;a dulcemente: &laquo;Agust&iacute;n; es que bebes mucho brandi.&raquo;<br />
<br />
Dos a&ntilde;os despu&eacute;s fui a M&eacute;xico, un pa&iacute;s 10 veces m&aacute;s grande que Espa&ntilde;a, que recorr&iacute; desde r&iacute;o Bravo del Norte hasta Yucat&aacute;n y del Atl&aacute;ntico a la Mar del Sur, el Pac&iacute;fico. Me acompa&ntilde;aba Juan Manuel Gonz&aacute;lez Camarena, hombre de confianza de Agust&iacute;n Y&aacute;&ntilde;ez, que me esper&oacute; en Guadalajara. Me la quer&iacute;a ense&ntilde;ar &eacute;l.  Es sorprendente, pero los m&aacute;s grandes, son los m&aacute;s pr&oacute;ximos, afables y humildes.<br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/DE6EZafm_qM" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
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    <title>CRÓNICAS de Mogarraz: El contenido del corazón</title>
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    <published>2012-10-16T09:44:50-04:00</published>
    <updated>2012-12-16T05:12:02-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Para situarnos diré que Las actividades culturales del ICI los organizábamos Luis Rosales, la poeta Francisca Aguirre y  un servidor. La TERTULIA LITERARIA HISPANOAMERICANA, dirigida por el incombustible Rafael Montesinos tenía lugar los martes --continúa celebrándose en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe--.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="009" src="http://i.huffpost.com/gen/816604/thumbs/s-009-large300.jpg?6" /><br />
<br />
Para situarnos dir&eacute; que Las actividades culturales del ICI los organiz&aacute;bamos Luis Rosales, la poeta Francisca Aguirre y  un servidor. La <em>TERTULIA LITERARIA HISPANOAMERICANA</em>, dirigida por el incombustible Rafael Montesinos ten&iacute;a lugar los martes --contin&uacute;a celebr&aacute;ndose en el Colegio Mayor Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe--. <br />
<br />
Pero, entre las innumerables actividades culturales del ICI destacaban dos: <em>TRIBUNA  LIBRE</em>, destinada a los intelectuales emergentes del momento: Ignacio G&oacute;mez de Lia&ntilde;o, Fernando Savater, Javier S&aacute;daba,  Javier Ruiz, Marcos Ricardo Barnat&aacute;n, Luis Alberto de Cuenca y otros. <em>EL AUTOR COMENTA SU PROPIA OBRA</em>, un programa de divulgaci&oacute;n de la narrativa americana con Jorge Luis Borges, Arturo Uslar Pietri, Ernesto Cardenal, Eduardo Carranza, Jorge Luis Borges,  Manuel M&uacute;gica Lainez y un largu&iacute;simo etc.  <br />
<br />
Pero este programa era agotador para los creadores, pues consist&iacute;a en dar sendas conferencias durante dos d&iacute;as. De modo que decidimos que el autor invitado solo intervendr&iacute;a en el turno de preguntas y que durante tres d&iacute;as presentar&iacute;a los aspectos peculiares de su obra, cuatro especialistas destacados. Llamamos a este programa <em>SEMANA DE AUTOR</em>. Luis Rosales decidi&oacute; que la primera edici&oacute;n de este novedoso programa --que ha sido calcado-- estuviera dedicada a Federico Garc&iacute;a Lorca, con motivo del quincuag&eacute;simo aniversario de su asesinato. Lo titulamos <em>FEDERICO EN AM&Eacute;RICA</em> y lo programamos para los d&iacute;as 20, 21, 22 de mayo de 1986. <br />
<br />
No sab&iacute;a a qui&eacute;n invitar de Cuba, pero Luis  Rosales, sin dudarlo, me dijo: &laquo;Evidentemente a Cintio Vitier o Eliseo Diego.&raquo; Por cortes&iacute;a, excepcionalmente, me dirig&iacute; a la embajada de Cuba en Madrid y me top&eacute; con un agregado cultural desconfiado, que de manera intransigente me dijo que no vendr&iacute;a ni Cintio Vitier ni Eliseo Diego, sino un especialista que ellos decidieran. Argument&eacute; en vano, de manera contundente, que ambos poetas cubanos hab&iacute;an conocido personalmente a Federico. Pero ni por esas. No entraban en raz&oacute;n. Me sent&iacute;a m&aacute;s que inc&oacute;modo, pues estaba montando un conflicto diplom&aacute;tico involuntariamente. <br />
<br />
Mis superiores --Carmelo Angulo Barturen-- me dieron carta blanca. No pod&iacute;a ceder. Lo que estaba aconteciendo me parec&iacute;a injusto. Decid&iacute; cortar por lo sano, e invitar a un revolucionario d&iacute;scolo l&uacute;cido, Guillermo Cabrera Infante, convertido en 'tigre' de las letras, que viv&iacute;a exiliado en Londres, el cual acept&oacute; inmediatamente y su nombre apareci&oacute; estampado en un hermoso cartel hecho con el dibujo de un payaso, con l&aacute;pices de colores -- &iquest;'Alpino'?-- por el mismo Federico Garc&iacute;a Lorca, que, hurgando en los legajos de los fondos de la Biblioteca Hisp&aacute;nica, encontr&eacute; por, casualidad, y arm&oacute; mucho revuelo, pues era desconocido. Estaba dedicado: &laquo;Querido Melchorito, te escrib&iacute; y no me has contestado. Federico 1928.&raquo; Luis, al verlo se estremeci&oacute;. Pero dejemos esto a un lado.<br />
<br />
Cuando la embajada cubana supo que ven&iacute;a Cabrera Infante accedi&oacute; a que viniese Eliseo Diego. Demasiado tarde. Guillermo Cabrera Infante y Miriam G&oacute;mez su esposa ya estaban en Madrid, hospedados en el Hotel Mindanao, donde, a pesar de mi rechazo, alojaron a Cintio Vitier, ya provecto y a su esposa. El encontronazo de ambos fue muy desagradable. Cabrera Infante no tuvo consideraci&oacute;n alguna. De modo y manera que una vez concluida con &eacute;xito la <em>SEMANA DE AUTOR</em>  me vi en la obligaci&oacute;n moral de organizar una conferencia extra a Eliseo Diego, que adem&aacute;s de gran poeta, era una entra&ntilde;able persona. Eliseo pretendi&oacute; exiliarse en Espa&ntilde;a, pero termin&oacute; en M&eacute;xico, patria generosa de tantos trasterrados, donde yace en paz.<br />
<br />
<br />
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    <title>Crónicas de Mogarraz: El oficio de escritor</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1948923</id>
    <published>2012-10-09T09:28:05-04:00</published>
    <updated>2012-12-09T05:12:02-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Existen dos clases de escritores: los que escriben para el público y los que escriben para sí mismo --y una vez escrito el texto deja de pertenecerles, pertenece al lector--.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="juanrulfoyt" src="http://i.huffpost.com/gen/806466/thumbs/s-JUANRULFOYT-large300.jpg?6" /><br />
<br />
<blockquote>La escritura, no es ni m&aacute;s ni menos que la manifestaci&oacute;n gr&aacute;fica de la lengua oral; es decir, del pensamiento. Pero el pensamiento es inductivo, a partir de la experiencia o deductivo, si de un principio enunciado se derivan conclusiones. Por extra&ntilde;o que parezca, el pensamiento occidental es deductivo, a pesar de que, nuestro arquetipo, Arist&oacute;teles es inductivo. </blockquote><br />
<br />
Existen dos clases de escritores: los que escriben para el p&uacute;blico y los que escriben para s&iacute; mismo --y una vez escrito el texto deja de pertenecerles, pertenece al lector--. <br />
<br />
Existe la creencia err&oacute;nea, que asegura que el texto cuanto m&aacute;s denotativo sea, mejor se comprende. Sucede al contrario: a mayor ambig&uuml;edad expresiva, mayor comprensi&oacute;n y menor esfuerzo. Digamos que &laquo;en el mar hay muchos ahogados&raquo;. Esto mismo dicho por Federico Garc&iacute;a Lorca: &laquo;El mar recuerda el nombre de todos sus ahogados&raquo; es mucho m&aacute;s expresivo y genial. Aunque Noam Chomsky diga que esta oraci&oacute;n es gramatical, pero es inaceptable porque su incoherencia, ya que el 'mar', 'recordar'. &Eacute;l pone aquel ejemplo celeb&eacute;rrimo: &laquo;Colorless green ideas sleep furiously&raquo; (1957, Syntactic Structures). Cuando coment&eacute; esta oraci&oacute;n, inaceptable, con el poeta Luis Rosales, dijo: &laquo;Pues yo la entiendo perfectamente&raquo;. Es cierto que la oraci&oacute;n: &laquo;en el mar hay muchos ahogados&raquo;, es m&aacute;s denotativa, pero su comprensi&oacute;n se diluye en la evidencia insultante; mientras que el verso de Federico el luminosamente hondo --'jondo', como el flamenco-- y le pone alas a la imaginaci&oacute;n. Escucho los ecos lejanos de una canci&oacute;n de Joaqu&iacute;n Sabina: &laquo; [...] con una condici&oacute;n: que dejes abierto el balc&oacute;n de tus ojos de gata. &raquo; &iquest;Vale?<br />
<br />
La inspiraci&oacute;n solo se apoya en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de la imaginaci&oacute;n, un resquicio imperceptible donde la realidad y la evidencia naufragan. Porque cuanto m&aacute;s abrumadora sea la realidad, m&aacute;s se ahuyenta la inspiraci&oacute;n. Esto afirmaba Juan Rulfo, que solo escribi&oacute; una novela: Pedro p&aacute;ramo. Y a quien le molestaba soberanamente que le preguntaran que cu&aacute;ndo escribir&iacute;a su pr&oacute;xima novela. &laquo;Jam&aacute;s. Ya lo he dicho todo y no tengo m&aacute;s que decir&raquo;. Y es que Rulfo era una de esas personas que siempre est&aacute;n en trance, un visionario. La percepci&oacute;n del mundo le llegaba por medio de 'su' Clara. <br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/cewv7qyUpsA" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<br />
Cuando le impidieron beber, mezclaba pu&ntilde;ados de aspirinas en bebidas de cola. No soportaba la cruda 'realidad' y no tard&oacute; en morir. Eso s&iacute;, sereno. Y lo mismo le ocurri&oacute; al otro mudo genial, Juan Carlos Onetti. M&aacute;s fecundo. Ambos pertenecen a una estirpe sagrada, su antinomia irreductible es Jorge Luis Borges, el 'gigante de al lado'.<br />
<br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/fcSfAhL-JtQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<br><br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/hNYylti4E9A" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br><br />
<br />
Otros escriben la misma novela incesantemente, como  Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, la misma genial novela de mil maneras distintas. A Federico Garc&iacute;a Lorca le hubiera pasado lo mismo; que hubiera repetido incesantemente El cancionero gitano, si no hubiese salido de su Granada natal; pero se fue a Nueva York, donde gest&oacute; otra concepci&oacute;n expresiva y su nueva etapa, a fuerza de arrancarse la apabullante realidad, como quien se deja la piel. Con sangre, escribi&oacute; Poeta en Nueva York. Lo dem&aacute;s son variaciones de la misma partitura.<br />
<br />
La t&eacute;cnica, el m&eacute;todo ayuda mucho, pero &iquest;donde ponemos el l&iacute;mite entre realidad y ficci&oacute;n? La respuesta solo puede ser una para nosotros, pues  lo m&aacute;gico es lo cotidiano, en nuestra Am&eacute;rica.<br />
<br />
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    <title>CRÓNICAS de Mogarraz: El color de los sueños</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1928627</id>
    <published>2012-10-02T08:51:52-04:00</published>
    <updated>2012-12-02T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[No es necesario creer en el inexorable destino, ni en la casualidad, ni en la suerte. Pero me inquita la experiencia vivida, pues suele acontecer que cuando nos sucede una desgracia, que nunca viene sola, como lo sentencia solemnemente Don Quijote, después de recibir una descomunal paliza: «Bueno es saber, Sancho amigo, que dado que ni el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado tanto el mal, señal es de que el bien ya está cerca».]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="luisrosalesyt" src="http://i.huffpost.com/gen/795335/thumbs/s-LUISROSALESYT-large300.jpg?6" /><br />
<br />
No es necesario creer en el inexorable destino, ni en la casualidad, ni en la suerte. Pero me inquita la experiencia vivida, pues suele acontecer que cuando nos sucede una desgracia, que nunca viene sola, como lo sentencia solemnemente Don Quijote, despu&eacute;s de recibir una descomunal paliza: <br />
<br />
<blockquote>&laquo;Bueno es saber, Sancho amigo, que dado que ni el mal ni el bien sean durables, y de aqu&iacute; se sigue que, habiendo durado tanto el mal, se&ntilde;al es de que el bien ya est&aacute; cerca&raquo;. </blockquote><br />
<br />
De modo que sin creer en la predestinaci&oacute;n, soy propenso a desconfiar de la optimista creencia de que las desgracias pasan fugazmente. Todo lo contrario, las desgracias no vienen solas. Voy a explicarlo, refiri&eacute;ndome a una de las personas m&aacute;s extraordinarias que he conocido.<br />
<br />
&Uacute;ltimamente,  acude a mi memoria la larga etapa de mi vida, que pas&eacute; junto una de las personas m&aacute;s grandes en todos los sentidos, que he conocido y que m&aacute;s he querido. Me refiero al poeta Luis Rosales.  Tiempos memorables los vividos junto a &eacute;l en el entonces Instituto de Cultura Hisp&aacute;nica, hoy Instituto de Cooperaci&oacute;n Iberoamericana. <br />
<br />
Por mucho que se haya escrito sobre Luis Rosales, y lo m&aacute;s acertado lo ha dicho F&eacute;lix Grande, queda a&uacute;n por contar lo esencial  e &iacute;ntimo de su vida, nadie lo sabe mejor que Francisca Aguirre, que en un d&iacute;a se&ntilde;alado le dedic&oacute; el primer ejemplar de Los trescientos escalones, en un momento crucial de su existencia. Luis Rosales llevaba d&iacute;as asegurando machaconamente que ya lo hab&iacute;a hecho todo en su vida y que no necesitaba nada de ella si no fuera la muerte. Fue entonces cuando le escribi&oacute; la dedicatoria: &laquo;A Luis Rosales, que por primera vez en su vida comienza a necesitar algo.&raquo; M&aacute;s que una dedicatoria fue una premonici&oacute;n, pues su vida cambi&oacute; a partir de ese instante. Aqu&iacute; comenzaron sus desvelos, sus alegr&iacute;as y una de las tristezas que precipitar&iacute;a el final de sus d&iacute;as: se enamor&oacute;.  Ser intelectual es vivir con arreglo a raz&oacute;n. As&iacute; hab&iacute;a vivido Luis Rosales. Hasta que un d&iacute;a nefasto todo se derrumb&oacute;.<br />
<br />
Lo que ocurri&oacute; a partir de este momento lo cuenta Luis Rosales en su libro m&aacute;s hermoso y entra&ntilde;able. En realidad, una respuesta inconsciente a la dedicatoria de Francisca Aguirre: Diario de una resurrecci&oacute;n. Era abrumador su entusiasmo, su alegr&iacute;a de vivir, su juventud recuperada, sus proyectos y sus nuevos intereses. As&iacute; es el amor.  S&uacute;bitamente, se fijaba en los escaparates de moda. Comenz&oacute; a comprar camisas a rayas azules y rojas y corbatas con colores audaces. Los lunes eran sagrados, &iacute;bamos, los tres al Museo de El Prado y luego nos &iacute;bamos a almorzar a un quiosco situado en la carreta de El Pardo,  en su confluencia con la Dehesa de la Villa y de la Moncloa, donde ten&iacute;amos interminables sobremesas, charlando del P&aacute;jaro Azul de Mir&oacute; o del color de los sue&ntilde;os, que tanto le preocupaba. Sin duda alguna esto es el amor. <br />
<br />
Pero como dec&iacute;a Don Quijote, ni el bien ni el mal son durables... Luis Rosales padeci&oacute; tres trombosis cerebrales sucesivas y esos a&ntilde;os fueron un infierno. Ten&iacute;a tres amores, las tres personas m&aacute;s importantes de su vida y las tres se fueron desvaneciendo, mientras se iba su vida. Sol&iacute;a decir que &laquo;la alegr&iacute;a no tiene historia&raquo;. A&ntilde;os antes hab&iacute;a escrito un poema que titul&oacute; AUTOBIOGRAF&Iacute;A y que en verdad lo ser&iacute;a: <br />
<br />
<blockquote>Como el n&aacute;ufrago met&oacute;dico que contase las olas que le bastan<br><br />
para morir;<br><br />
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores, <br><br />
hasta la &uacute;ltima, <br><br />
hasta aquella que tiene la estatura de un ni&ntilde;o y le cubre la frente, <br><br />
as&iacute; he vivido yo, con una vaga prudencia de caballo de cart&oacute;n en el<br><br />
ba&ntilde;o,<br><br />
sabiendo que jam&aacute;s me he equivocado en nada, <br><br />
sino en las cosas que yo m&aacute;s quer&iacute;a.<br></blockquote><br />
<br />
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    <title>El instinto básico</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1909247</id>
    <published>2012-09-24T10:03:58-04:00</published>
    <updated>2012-11-24T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[En resumidas cuentas, vivimos en la sociedad mejor comunicada de la historia de la humanidad, pero desconocemos los aspectos esenciales de los recursos de la comunicación y de la información y menos aún de los mecanismos de los lenguajes naturales.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="instintobasicogetty" src="http://i.huffpost.com/gen/785397/thumbs/s-INSTINTOBASICOGETTY-large300.jpg?6" /><br />
<br />
En resumidas cuentas, vivimos en la sociedad mejor comunicada de la historia de la humanidad, pero desconocemos los aspectos esenciales de los recursos de la comunicaci&oacute;n y de la informaci&oacute;n y menos a&uacute;n de los mecanismos de los lenguajes naturales. <br />
<br />
Todos los organismos vivos se comunican entre s&iacute; por medio de un lenguaje, desde una c&eacute;lula a un elefante. Las abejas, las gaviotas, los delfines y tambi&eacute;n los humanos, que a su vez nos servimos de innumerables lenguajes artificiales, como los cibern&eacute;ticos, matem&aacute;tico, f&iacute;sico, telegr&aacute;ficos e incluso el lenguaje del abanico y el de las flores, extintos hoy en d&iacute;a.<br />
<br />
Un LENGUAJE  es cualquier sistema de comunicaci&oacute;n, pero al sistema de comunicaci&oacute;n oral y articulado, utilizado por los humanos, lo llamamos LENGUA.  Sabemos la poca eficacia que, en la comunicaci&oacute;n interactiva, tiene la lengua. De modo que vayamos al grano, es decir, a lo que en la comunicaci&oacute;n interactiva es verdaderamente infalible  que son las feromonas, percibidas por el olfato inconsciente o subconscientemente, que en modo alguno podemos controlar. <br />
<br />
El olfato, aunque atrofiado, afortunadamente --de otro modo percibir&iacute;amos contantemente mensajes olfativos de las feromonas de todo aquel que se cruzase con nosotros, mensajes afectivos o de hostilidad, lo que destrozar&iacute;a nuestro precario y vulnerable equilibrio ps&iacute;quico--. Los individuos somos emisores y receptores de ciertas feromonas comunicativos, que nos predisponen favorable mente para entablar una relaci&oacute;n afectiva, selectiva, pues solo somos receptivos de una entre cientos o incluso miles. <br />
<br />
A este proceso comunicativo lo llamamos vulgarmente AMOR y tiene que ver con la percepci&oacute;n olfativa de las feniletilaminas --la hormona del amor-- y de otros neurotransmisores. Pero lo importante es decir que esta percepci&oacute;n olfativa es instintiva y que la tenemos todos los organismos animales, vertebrados e invertebrados. Pero, como no todo consiste en &laquo;aqu&iacute;  te pillo y aqu&iacute; te mato&raquo;, en  la elecci&oacute;n de la persona amada, entran en consideraci&oacute;n otros mecanismos, como nuestro criterio, es decir, los valores, juicios y educaci&oacute;n adquiridos. Los perros, cuando perciben que un ser humano tiene miedo, se ponen a la defensiva. El mecanismo es sencillo: una persona, al sentir miedo, libera adrenalina, que acelera el ritmo cardiaco con el fin de acelerar los procesos mentales de defensa, ataque o huida, que es otro mecanismo instintivo, como el de la reproducci&oacute;n o nutrici&oacute;n. Estas feromonas del amor se transmiten por el sudor --aunque no solo--, a pesar de la limpieza corporal y de los perfumes.  <br />
<br />
Otro mecanismo de comunicaci&oacute;n es la mirada, el contacto visual, que si es persistente y mantenido, en los Estados Unidos, ser&iacute;a molesto, pero no en Europa o en la Am&eacute;rica hispanohablante, donde un contacto fugaz o intermitente significa que el interlocutor miente u oculta algo o que es una persona inestable emocionalmente. Pero estos mecanismos, como nuestras lenguas, tambi&eacute;n cambian y sus significados se modifican. <br />
<br />
Hasta hace muy poco, en los Estados Unidos, sostener la mirada fijamente era un mensaje sexual. Flora Davis, en su Inside intuition: what we know about non-verbal communication (1973), estudia de manera amena y pedag&oacute;gica, todos los aspectos de la comunicaci&oacute;n no verval, que son los verdadero motores de la comunicaci&oacute;n, simple y llanamente. <br />
<br />
La cosa es m&aacute;s seria de lo que a primera vista parece. La felicidad, salvo en fugaces instantes, es una quimera o un anhelo inalcanzable; pero las fugaces r&aacute;fagas de felicidad nos las procura el amor y solo el amor, no lo dudes. Es decir, las feromonas. As&iacute; son las cosas importantes de una vida y as&iacute; las estamos contando.<br />
<br />
<p style="border-bottom:solid 1px;text-transform:uppercase;font-size:10px;font-weight:bold;font-family:sans-serif;">Las diferentes formas de comunicaci&oacute;n:</p><br />
<iframe width="570" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/4fwa5UVswHo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br><br />
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    <title>Crónicas de Mogarraz: Filias y fobias</title>
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    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1893245</id>
    <published>2012-09-19T10:04:33-04:00</published>
    <updated>2012-11-19T05:12:02-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que jamás he envidiado la posición ni la condición de persona alguna, salvo la de Juan Pérez Mercader conspicuo astrofísico de la NASA, cuyo saber codicio inútilmente.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="nieto don pedro" src="http://i.huffpost.com/gen/777703/thumbs/s-NIETO-DON-PEDRO-large300.jpg?6" /><br />
<br />
Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que jam&aacute;s he envidiado la posici&oacute;n ni la condici&oacute;n de persona alguna, salvo la de Juan P&eacute;rez Mercader conspicuo astrof&iacute;sico de la NASA, cuyo saber codicio in&uacute;tilmente. <br />
<br />
A este sabio, le pregunt&eacute; un d&iacute;a que cu&aacute;nto duraba la existencia de los seres humanos idealmente; a lo que con toda naturalidad me respondi&oacute;: <br />
<br />
<blockquote>&laquo;Como todos los mam&iacute;feros, 'tantos' millones de latidos del coraz&oacute;n. A ciertos animales como al elefante o la tortuga, el coraz&oacute;n les late con gran lentitud y su longevidad es considerable y a otros, como el rat&oacute;n o el perro, les late mucho m&aacute;s r&aacute;pido que al hombre y l&oacute;gicamente viven menos, en la misma proporci&oacute;n que sus latidos.&raquo; </blockquote><br />
<br />
L&oacute;gicamente, he olvidado el n&uacute;mero de millones de veces que late nuestro coraz&oacute;n, pues, al contrario de lo que dice la  'sabidur&iacute;a' popular, yo s&iacute; creo que &laquo;el saber ocupa lugar&raquo; o por lo menos neuronas; y tanto los latidos de nuestro coraz&oacute;n, como nuestra actividad mental est&aacute;n regidas por nuestro sistema nervioso. De modo y manera, que sin temor a equivocarme, puedo asegurar que nuestra longevidad depende de nuestro equilibrio psicol&oacute;gico es decir de nuestro sistema nervioso. <br />
<br />
Ahora bien, el equilibrio de nuestro sistema nervioso, depende de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n que recibimos del exterior. Dicho de otro modo, de la opini&oacute;n que los dem&aacute;s tienen de nosotros. Esta clase de informaci&oacute;n la recibimos por los cinco sentidos especialmente por el o&iacute;do, la vista y el olfato. El ser humano es m&aacute;s vulnerable a la informaci&oacute;n que recibimos, subliminalmente por el olfato, que afortunadamente, en comparaci&oacute;n con otros mam&iacute;feros, tenemos atrofiado desde hace millones de a&ntilde;os --desde el Pleistoceno, al parecer--. <br />
<br />
Pero hubo un tiempo en el que los humanos sent&iacute;amos olfativamente las filias y las fobias de nuestros semejantes. Sab&iacute;amos si quien pasaba por nuestro lado nos profesaba afecto o nos detestaba, lo que da&ntilde;aba irremediablemente nuestro sistema nervioso y por ende nuestro coraz&oacute;n y nuestra mente. De tal modo que, como formula Charles Darwin, los animales, &laquo;o se adaptan al medio o se extingue la especie&raquo; regla inexorable que carece de excepci&oacute;n y que es aplicable a los seres humanos. <br />
<br />
<strong>&iquest;Os imagin&aacute;is c&oacute;mo ser&iacute;a nuestra existencia si cuando mont&aacute;semos en ascensor o nos cruz&aacute;semos en los pasillos de nuestro trabajo con nuestros compa&ntilde;eros, nos percat&aacute;semos de sus sentimientos hacia nosotros por la emisi&oacute;n de sus feromonas afectivas? </strong><br />
<br />
Durar&iacute;amos poco tiempo. Por esto, sabiamente la especie humana se ha desprendido del sentido del olfato. Aunque no totalmente. Algunas feromonas las percibimos subliminalmente, o sea de modo imperceptible. Del mismo modo, auditivamente, sobre todo por medio de la televisi&oacute;n o de la megafon&iacute;a en los centros comerciales, recibimos cantidad de mensajes sonoros subliminales, sometidos a la legislaci&oacute;n de cada estado. Pero tornemos a nuestras feromonas olfativas, cuyo estudio incipiente es tan fascinante, como inquietante. Al parecer, el amor es tan solo una cuesti&oacute;n de percepci&oacute;n de ciertas feromonas por las que nos sentimos atra&iacute;dos. <br />
<br />
Pero no solo el amor. La relaci&oacute;n comunicativa entre los animales y los hombres la describe maravillosamente Charles Darwin en su The Emotions in Man and Animals, a mediados del siglo XIX. Y m&aacute;s recientemente seg&uacute;n la Regla de Mahrabian formulada as&iacute;: solo el 7% de la informaci&oacute;n, que captamos, se debe a las palabras; el 38% es debida al tono, timbre e intensidad de la voz; mientras que el 55% restante, es debido a las feromonas olfativas, al lenguaje corporal, es decir, al olfato, a los gestos, miradas, feromonas, posturas, actitudes. <br />
<br />
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<entry>
    <title>Crónicas de Mogarraz: Las TCI</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://voces.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/cronicas-de-mogarras-las-tci_b_1859192.html"/>
    <id>tag:www.huffingtonpost.com,2012:/theblog//3.1859192</id>
    <published>2012-09-13T12:00:49-04:00</published>
    <updated>2012-11-13T05:12:01-05:00</updated>
    <summary><![CDATA[Vivimos en una etapa de la Historia de la humanidad tan fecunda y dinámica en la aplicación de los vertiginosos avances de la Ciencia, es decir en la técnica y más concretamente  en las Tecnologías de la Comunicación y de la Información (TCI)  que han fulminado con extraña celeridad las nociones de espacio y tiempo.]]></summary>
    <author>
        <name>Pedro García Domínguez</name>
        <uri>http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/</uri>
    </author>
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.huffingtonpost.com/pedro-garcia-dominguez/"><![CDATA[<img alt="imperio romano" src="http://i.huffpost.com/gen/771101/thumbs/s-IMPERIO-ROMANO-large300.jpg?4" /><br />
<br />
<blockquote>&laquo;El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad..&raquo; Arthur Schopenhauer</blockquote><br />
<br />
Vivimos en una etapa de la Historia de la humanidad tan fecunda y din&aacute;mica en la aplicaci&oacute;n de los vertiginosos avances de la Ciencia, es decir en la t&eacute;cnica y m&aacute;s concretamente  en las Tecnolog&iacute;as de la Comunicaci&oacute;n y de la Informaci&oacute;n (TCI)  que han fulminado con extra&ntilde;a celeridad las nociones de espacio y tiempo. Nos comunicamos en un instante con cualquier persona, sin tener en cuenta en qu&eacute; lugar del mundo est&eacute;. Dos instrumentos lo hacen posible: las computadoras u 'ordenadores' y  el tel&eacute;fono digital (celular o m&oacute;vil). Ambos artilugios, sin los cuales no sabr&iacute;amos, ni podr&iacute;amos vivir hoy en d&iacute;a, que en el mundo civilizado, han modificado nuestros h&aacute;bitos y costumbres seculares, sociales y acelerado el vertiginoso avance de otras tecnolog&iacute;as, como la cirug&iacute;a (teledirigida, incluso); nuestros h&aacute;bitos  y costumbres laborales, pues ya no necesitamos una misma y com&uacute;n oficina de trabajo desde la que trabajar. El periodismo, por ejemplo, lo podemos ejercer desde cualquier lugar de la dilatada y anchurosa faz de la Tierra. Es m&aacute;s, es mucho mejor hacerlo as&iacute;. No necesitamos residir ni acudir a una misma oficina cada d&iacute;a de nuestra vida laboral. <br />
<br />
El Imperio Romano, desde el siglo II a. C. lo entendi&oacute; as&iacute;, y conect&oacute; todo su dilatado Imperio desde Iberia y Albi&oacute;n a Petra y Ab&uacute; Simbel con una red de rutas de superficie, llamadas 'v&iacute;as' o 'calzadas'. Cuando en el siglo V d. C. la red de v&iacute;as o calzadas romanas, que comunicaban los confines del Imperio con Roma se deterior&oacute; y en muchos casos desaparecieron, el Imperio Romano se derrumb&oacute; y sucumbi&oacute; a la barbarie. Una lecci&oacute;n, que, como todas los dem&aacute;s de la Historia, no hemos ni asimilado ni aprendido. <br />
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En realidad, en lo &uacute;nico que hemos progresado o modificado nuestra existencia, para hacerla m&aacute;s grata y llevadera es &uacute;nica y exclusivamente en la satisfacci&oacute;n de uno de nuestros impulsos primordiales, consistente en economizar el esfuerzo f&iacute;sico, lo que denominamos, ley del m&iacute;nimo esfuerzo, consistente en apretar un bot&oacute;n y que se lave la ropa, se encienda la luz, el televisor, salga el agua de la ducha y un sinf&iacute;n de cosas que tan solo hace unos a&ntilde;os --o en otras latitudes, hoy en d&iacute;a -- requer&iacute;an o requieren el empleo de mucho tiempo y recorrer distancias considerables, con un esfuerzo f&iacute;sico penoso. Ahora bien, lo que no hemos sabido controlar ni economizar son nuestros instintos animales --ni el de nutrici&oacute;n ni el de reproducci&oacute;n ni el de conservaci&oacute;n-- que van unidos a nuestra propia estima, a la satisfacci&oacute;n del ego y a nuestro equilibrio psicol&oacute;gico y por lo cual tampoco sabemos ni podemos controlar nuestras filias y fobias: el amor, el odio, los celos o el FANATISMO. En esto no nos diferenciamos de nuestros antecesores del Calcol&iacute;tico.<br />
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