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Cuba: la cumbre de CELAC y sus desafíos

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Con la celebración en la Habana de la II Cumbre Cuba culmina su presidencia de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC). El gobierno de Raúl Castro coordinó varias iniciativas regionales de intercambio de experiencias en educación, cultura, lucha anticorrupción y enfrentamiento a desastres naturales; y de consulta diplomática en el dialogo de la troika ampliada con Rusia, y los organismos internacionales. La cumbre planea declarar a América Latina como zona de paz, a partir de la reiteración del compromiso de todos los estados miembros a resolver sus conflictos de modo pacífico y coordinar políticas de enfrentamiento a la pobreza.

La presidencia cubana en CELAC se inscribe en una lógica de diplomacia tranquila con más elementos de continuidad y consenso que la promoción dramática de cambios o declaraciones radicales. Como proyecto integracionista, CELAC es apenas un mecanismo de consulta periódica entre los gobiernos. Carece de institucionalización y adolece de un bajo compromiso de sus miembros, particularmente de los países líderes, para financiar un esfuerzo integrador más allá de los intercambios comerciales bilaterales y programas discrecionales sobre educación, salud y otras áreas. No hay una secretaria permanente, ni integración económica y social más allá de las reuniones ad hoc. Cuba no trató de cambiar esa realidad sino de dar continuidad incremental a los mecanismos creados.

Para la diplomacia cubana, la cumbre es una oportunidad de mostrar una isla en reformas, con notable expansión del sector no estatal, libertad de viajes, y en proceso de mayores aperturas a la inversión externa. Varios presidentes participaran en la inauguración de la ampliación millonaria del puerto de Mariel. El acto engarza con las visitas de los presidentes Peña Nieto de México y Dilma Rousseff de Brasil, las dos economías más poderosas del subcontinente asociadas al auge de lo que se ha llamado las multilatinas, grandes empresas transnacionales con base en la región.

Mariel significa la apuesta cubana a conectar su apertura económica con el crecimiento exportador latinoamericano y el desplazamiento del centro de la economía mundial a la cuenca del Pacifico. La Habana procura ampliar su inserción internacional, particularmente con sus conexiones con China y Vietnam al abaratarse el comercio con el Este de Asia a partir de la modernización del canal de Panamá. Cuba busca capitalizar su privilegiada posición geográfica como llave del Golfo de México en el cruce de América del Norte, Suramérica y Europa.

La cumbre calza con el objetivo estratégico de política exterior cubana de crear un mundo amistoso para las reformas económicas y liberalizaciones políticas en curso. Apunta a hacer difícil una cumbre de las Américas sin Cuba en Panamá en 2015 y a derrotar la política estadounidense de acoso al crear condiciones de desarrollo a partir de las relaciones con terceros países. De esa forma se incita a los sectores de negocios norteamericanos a buscar la normalización de relaciones con Cuba frente a un embargo que se deshace gradualmente, a pedazos, como desean en el Palacio de la Revolución; no de súbito. La elevación de las relaciones económicas cubanas con América Latina apunta en esa dirección.

Sobre la presencia de José Miguel Insulza en Cuba:
La presencia del Secretario General de la OEA José Miguel Insulza en la Habana para la Cumbre de la CELAC no obedece a un acercamiento entre Cuba y el organismo continental pero tiene un importante simbolismo diplomático. De cara a la cumbre de las Américas de Panamá en 2015, culmina un proceso diplomático por el cual el sistema interamericano reconoce que Cuba es parte integrada al hemisferio, guste o no en Washington. Al interior de Cuba, la presencia de Insulza envía una señal positiva acerca de cuanto ha cambiado el sistema interamericano desde la época en que un continente plagado por dictaduras militares expulsó al gobierno cubano en lo que fue expresión de dobles estándares sobre el tema de la democracia y las alianzas internacionales.

La invitación a Insulza ilustra también como Cuba, a pesar de su declarada animadversión a la OEA maneja sin drama las responsabilidades asociadas a su reinserción regional. El enfoque cubano de concebir la CELAC como alternativa a la OEA no es compartido por la mayoría de los países miembros, particularmente los líderes regionales, Brasil y México. Una mayoría de estados de la región verían con asentimiento que Cuba se reintegre a esfuerzos continentales de desarrollo y seguridad, aun si quisiera- como lo han expresado los presidentes Raúl y Fidel Castro- permanecer fuera de la OEA.

Desafortunadamente, desde la Asamblea General de la OEA San Pedro Sula en 2009, cuando se derogó la suspensión de Cuba bajo la resolución VI de Montevideo 1962, la actitud cubana ante la OEA ha sido rígida, anclada en conflictos del pasado, y falta de creatividad. En lugar de mirar con pragmatismo las posibilidades diplomáticas del sistema interamericano y entender que el óptimo para la CELAC y la OEA esta en jugar roles complementarios, la Habana adopta una actitud confrontacional, que por ser ahora de bajo perfil no es menos contraproducente. ¿Para qué quiere Cuba ir a la cumbre de las Américas si por "principio" rechaza a todo el sistema interamericano? Si el Sísifo cubano sube su roca a la Cumbre continental de Panamá en el 2015, ¿Qué va a hacer allí con ella?

Mensaje a EE.UU:
La cumbre de la Habana es un aldabonazo a Washington en términos del costo en poder blando e imagen que conlleva su política de aislamiento contra Cuba; desfasada de las realidades continentales, donde el único aislado es el gobierno estadounidense. Por coincidencia, Human Rights Watch ha publicado esta semana su informe mundial con severas críticas al gobierno de Cuba pero reconociendo avances en algunos derechos como la libertad de viajes. Al referirse al embargo estadounidense dice que "no ha ayudado en nada" al mejoramiento de los derechos humanos en Cuba.

La presencia en la Habana de una mayoría abrumadora de los jefes de Estado de América Latina y el Caribe confirma la brecha existente entre Washington y el resto del continente con respecto a Cuba. Mientras Washington insiste en una política de cambio de régimen impuesto desde fuera, los países latinoamericanos y caribeños conciben la promoción democrática acompañando los procesos de reforma económica y liberalización política que tienen lugar en la isla.