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Andrew Lam

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¿Cuándo se convirtieron los inmigrantes en el enemigo?

Publicado: 17/05/2012 19:26

Recientemente, ante una multitud reunida en la Universidad Duke, la exsecretaria de estado, Condoleeza Rice, lamentó el fracaso de la aprobación de la ley de reforma migratoria integral y el cambio en la actitud de los estadounidenses hacia los inmigrantes.

Aceptar y darles la bienvenida a los inmigrantes "ha estado en el centro de nuestra fuerza", dijo. "No sé cuando los inmigrantes se convirtieron en el enemigo".

En estos días es agradable, si raro, escuchar a alguien de la importancia de Condoleeza Rice hablar en nombre de los inmigrantes. En los últimos años, el discurso público ha sido estridente y en todo caso, la cobertura de los medios de comunicación parece avivar la ansiedad a un nivel sin precedentes.

En lugar de una narrativa más amplia en materia de inmigración--desde la cultura a la economía, la identidad a la historia--lo que tenemos ahora es un modo de pensar del público de "nosotros" contra "ellos", y un clima anti-inmigrante en general que es a la vez inquietante y moralmente censurable.

La historia del amor difícil de los Estados Unidos

Sin embargo, a menudo veo la historia de la inmigración en los Estados Unidos como una especie de historia de amor difícil.

Tome el escándalo que involucra al Sheriff Paul Babeu del condado de Pinal, Arizona, quien era candidato al Congreso. El sheriff es un "duro" en el tema de la inmigración de indocumentados--pero tenía un secreto: una historia de amor con José Orozco, un inmigrante cuya situación jurídica sigue en duda.

El romance se echó a perder, por desgracia, y el amante inmigrante acusa que el sheriff lo amenazó con deportarlo si contaba su historia. Babeu negó con vehemencia la amenaza de deportación. Orozco presentó una demanda con prontitud.

Lo que más me impactó de esta historia es la naturaleza contradictoria de la relación y la manera emblemática con que corresponde al momento que vive Estados Unidos. Queremos y nos beneficiamos de la mano de obra barata de los inmigrantes, pero no queremos reconocer nuestra relación con ellos. Los necesitamos, pero no queremos estar asociados con ellos.

Meg Whitman, la multimillonaria que se postuló para gobernadora de California en 2010, quiso que los empleadores rindieran cuentas por contratar a trabajadores documentados. Pero ella no se incluyó a si misma.

El año antes de la campaña de Whitman, ella había despedido a Nicky Díaz Santillán, quien en una conferencia de prensa espectacular reveló que era indocumentada. Había estado cuidando de la casa de Whitman durante casi una década.

Cuando Santillán pidió a Whitman ayuda para encontrar un abogado de inmigración después de que fue despedida, Whitman supuestamente le dijo: "Tu no me conoces y yo no te conozco".

En la guerra contra el terrorismo, el inmigrante suele ser el chivo expiatorio. Se convierte en una especie de póliza de seguro contra los efectos de la recesión. Al culparlo a él, la válvula de presión se regula en tiempos de crisis. La narrativa dominante en materia de inmigración parece exigir a los que vilipendia a obedecer la ley del silencio. Las lenguas se han mantenido bajo control a través de la amenaza de encarcelamiento y la deportación.

Dios no quiera, que se conviertan elocuentes, organicen, participen en la política del sindicato y exijan mejores salarios y trato justo. Dios no lo quiera, si presentan una conferencia de prensa, o se reúnen para hacer una versión actualizada de la película "The Help".

Inmigrantes: canarios en la mina de carbón

Sin embargo, en el contexto de una sociedad libre y abierta, el inmigrante suele ser el canario en la mina de carbón. Las historias de horror de los centros de detención son abrumadoras:

* Mujeres embarazadas encadenadas a una cama de hospital durante el parto;

* Los presos encadenados y desfilados en ropa interior de color rosa en las calles de Arizona, una escena semejante a la del campamento de presos en Abu Ghraib, Irak;

* Incidentes de violación sexual que nunca fueron investigados;

* Peligrosa falta de salud en los centros de detención de inmigrantes donde los niveles de suicidio son alarmantes;

* Deportados obligados a tomar psicofármacos para que durante su largo viaje de regreso a sus países de origen sean dóciles.

El abuso de los derechos humanos por las autoridades en el suroeste de Estados Unidos es tan notorio que organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch están sonando las alarmas por la falta de rendición de cuentas. Este terrible trato refleja un sistema legal que se ha convertido en tan malo que ahora la misma humanidad de los Estados Unidos está puesta en duda.

"Tu no me conoces y yo no te conozco".

Tal vez no queremos enterarnos de la tragedia y el impacto psicológico y económico a decenas de miles de niños nacidos en Estados Unidos cuyos padres se los han quitado las autoridades. Pero es un hecho que estamos en el proceso de crear toda una generación de estadounidenses que se están convirtiendo en extranjeros permanentes, una vasta segunda clase de ciudadanos.

Cuando una sociedad se esconde detrás de los aparatos de las políticas draconianas, permitiendo un poder casi sin control a las autoridades para detener y deportar, el único resultado lógico es la injusticia y la crueldad.

Voces ausentes

Ausente de la conversación nacional, son voces como la de la exsecretaria de Estado, de los reformadores en favor de inmigración y de los líderes de derechos civiles, que pueden hablar en nombre de aquellos que no tienen voz. ¿Dónde están los líderes que pueden hablar a la idea de que no es ajeno a los intereses norteamericanos, pero que está en nuestro interés socio-económico -- por no hablar de nuestra salud espiritual -- integrar a los inmigrantes, que nuestro país funciona mejor cuando les damos la bienvenida a los recién llegados y los ayudamos a participar plenamente en nuestra sociedad?

Lo que falta es la compasión.

Si simpatizo con la situación difícil de todo tipo de inmigrantes, es porque tengo una buena razón: una vez fui un refugiado vietnamita. Al igual que millones que salieron de Vietnam, mi familia y yo huimos de ese país de manera ilegal, sin pasaportes. Entramos en otro país sin visas. Que soy un escritor y un periodista hoy es gracias a la generosidad estadounidense. La historia de mi americanización es una historia de amor, una historia de éxito.

Pero esa generosidad se ha desvanecido. Los Estados Unidos está sin duda en una encrucijada muy importante. En una dirección está un país gobernado por la desconfianza, la xenofobia y la explotación continua -- con su necesidad de fortalecer la aplicación de la ley. Esta elección nos ofrece una sociedad dispuesta a mirar hacia otro lado, mientras que una población entera vive en el miedo, en un estado policial de facto. Es un país en el que el inmigrante se convierte, de hecho, en el enemigo.

En la otra dirección está una sociedad global definida por la apertura y el entendimiento de que nosotros como nación siempre hemos dependido y nos hemos nutrido de la energía, las ideas y contribuciones de los recién llegados. Es una tierra prometida que sólo se puede imaginar por el recién llegado a nuestra tierra, que aún sueña con el sueño. Porque incluso si no lo sabemos todavía, todos necesitamos desesperadamente volver a nacer a través de sus ojos.

Este texto fue publicado originalmente en NewAmericaMedia.org.

 
 
 
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