Andres Schmucke

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El NO debate presidencial venezolano

Publicado: 05/04/2013 22:02

henrique capriles
La política venezolana ha sufrido una especie de involución desde hace algunos años para acá. Recuerdo que en algunos libros de historia contemporánea de Venezuela que me tocó leer en la secundaría y la universidad, hablaban de candidatos que debatían con un discurso duro, pero elegante. Personajes como Rómulo Betancourt (quien fue presidente de Venezuela) y Jóvito Villalba (su más grande rival), eran ampliamente reconocidos por sus "lenguas de plata". Sus discursos motivaban a sus seguidores y las plazas se llenaban sólo para oírlos hablar. Quizás esa fue la época dorada de la política venezolana.

Lo que los venezolanos vivimos ahora en esta nueva campaña presidencial, para dictaminar quien será el sucesor del fallecido presidente Hugo Chávez, es política del más bajo nivel. Los insultos van y vienen, las amenazas van y vienen y el debate, con argumentos e ideas, no se ve por ningún lado. Siempre me ha parecido que la política es muy sucia y lo que sucede actualmente en Venezuela me hace pensar que no estaba equivocado en mi aseveración.

En una esquina tenemos al Presidente Encargado y candidato presidencial (impuesto por Chávez antes de morir), Nicolás Maduro. Maduro se ha dedicado a llamar a su rival con una extensa cantidad de motes como: burgués, golpista, pitiyankee, agente de la CIA, loco, drogadicto, y mariconsón, este último es una manera despectiva de llamar a los homosexuales. Su campaña se basa en degradar a su contrario, mas no en proponer ninguna solución a los graves problemas que aquejan a los venezolanos. Una de sus últimas ocurrencias fue llamar a la oposición "los herederos de Hitler". Nicolás es un (mal) imitador de Hugo Chávez. Igualmente, Maduro usa groseramente la imagen del fallecido presidente como eje central de su campaña; utilizando, además, en sus concentraciones, la última cadena donde se vio a Chávez con vida y donde le ordenaba a su seguidores que si algo le llegaba a pasar, votaran por Nicolás. Esto me lleva a concluir que el verdadero candidato del gobierno es Chávez, lo cual me lleva a preguntarle lo siguiente a Maduro: Nicolás, si Chávez gana estas elecciones, ¿cómo vas a hacer para ponerle la banda presidencial?

En la otra esquina está Henrique Capriles Radonski, el candidato de la oposición, quien dejó de lado su discurso meloso y un poco cursi del año pasado, para entrar de lleno en el terreno de la confrontación. Capriles ha tenido éxito con slogans pegajosos contra Maduro como: "Nicolás, el problema eres tú" o "Nicolás no es Chávez", pero se ha embarrado al calificar a su rival como un "toripollo" (en Venezuela, "toripollo" es una palabra despectiva para referirse a alguien mentalmente lento. "Tú tienes cuerpo de toro, pero mente de pollo"). Particularmente, yo soy fiel creyente de que si quieres ser diferente, no tienes que actuar de la misma manera que aquellos que adversas. Pero yo no soy asesor de campañas electorales.

Lo que sí está claro es que un debate entre los dos candidatos es inviable. El discurso de ambos deja mucho que desear (aunque hay que reconocerle a Capriles que su nivel de propuestas y su plan de gobierno es muy superior al de Maduro). Si llegase a darse un debate, es muy probable que los venezolanos no veamos una confrontación de altura, sino una mala escena de pelea de una novela mexicana. Quizás en ocasiones sea bueno el pan y el circo, pero no en este momento.

Otra de las variables por la cual no se verá un debate presidencial en Venezuela es la siguiente: Nicolás Maduro se encuentra de primero en los sondeos de opinión y al que está de primero no le conviene, y tampoco le interesa, debatir. A Chávez tampoco le convenía debatir con nadie. Recuerdo hace unos años que el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, se encontraba en un evento en Venezuela, y el presidente Chávez lo invitó a un debate; cuando Vargas Llosa aceptó, Chávez dio un paso atrás. Maduro simplemente sigue su (mal) ejemplo.

Los venezolanos tendremos que imaginarnos cómo sería un debate, leerlo en los libros de historia, hablar con algún abuelo o abuela que los recuerde, o buscar en Youtube los que protagonizaron Obama y Romney, e imaginar que en el futuro podremos experimentar algo así.

 

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