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Ana Maria Fernandez Haar

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Hablan los latino-estadounidenses

Publicado: 25/09/2012 08:24

votantes latinos

Hace más de una década, al igual que un sinnúmero de grupos entretejidos en el tapiz de nuestra nación, un grupo diverso de líderes empresariales estadounidenses se dieron cita en un ejercicio más antiguo que la propia República: el compromiso ciudadano. Tal fue el comienzo de la New America Alliance (NAA), una Iniciativa Empresarial de Negocios Latino-Estadounidenses. Nuestra misión fue -y continúa siendo- amalgamar, galvanizar y aprovechar nuestro capital humano, económico y político en beneficio de nuestro país y nuestras comunidades. Implícita en esa misión está la creencia de que, habiendo alcanzado una medida del "sueño americano", ahora nos corresponde ayudar a otros a alcanzar su propio potencial.

Tocamos a las puertas de organizaciones afines e individuos que entendían, y todavía entienden, que ahora - más que nunca - nuestro continuo progreso depende de la colaboración y de una participación sólida en la vida económica, cívica y filantrópica norteamericana, que abarque todos los sectores, a través de partidos políticos e instituciones que abordan temas de interés para todos los estadounidenses: educación, desarrollo económico, salud, inmigración y formulación de políticas públicas y del sector privado. Unimos nuestras voces y actividades a las de otras organizaciones que integran el gran diálogo nacional -HACR, NALEO, NCLR, USHCC y Miami Dade College - que han sido socios invaluables junto con decenas de organizaciones que convocan a la Primera Cumbre Bienal de Latino-Estadounidenses en Miami este 24 de septiembre. Marquen esta fecha. Esta Cumbre propone elevar el nivel de compromiso de líderes empresariales y cívicos latino-estadounidenses. Los tiempos y nuestro país no demandan menos.

La necesidad de definir quiénes somos y como son nuestras vidas como estadounidenses, se pone en evidencia a través de la historia, historia que compartimos, en parte, con previas olas de grupos inmigrantes. En estos momentos, esta necesidad es mucho más urgente. Vivimos en una era de noticias instantáneas de un alcance sin precedentes, y muchos en el ámbito público se han mostrado oportunistas al echar leña a los fuegos de la inseguridad económica, al temor a los cambios demográficos, de la inmigración y la globalización, y hasta al temor de algo o alguien ligeramente distinto, para atizar con fuerza el fuego de la animosidad contra los extranjeros y los latinos.

Y en actos de reduccionismo extremo, el patriotismo, los derechos constitucionales, las oportunidades ganadas legítimamente, los valores cívicos y económicos y, a veces, la seguridad física de millones de estadounidenses, se ven comprometidas. Cuando son los latino-estadounidenses los que están en la mira, las actitudes y acciones están regidas por una antipatía tóxica dirigida a 11.2 millones de indocumentados, muchos de los cuales fueron traídos al país de niños, y cuya pura humanidad se cuestiona habitualmente.

"Muéstrame tus papeles y prueba tu ciudadanía" es una frase que nos atrapa a todos, hasta a aquellos que pueden trazar sus antepasados hispano-estadounidenses al San Agustín de 1565, cuarenta y dos años antes de Jamestown, y cincuenta y cinco antes del Mayflower. ¿Y qué decir de aquellas familias que han vivido en el Suroeste de EE.UU. desde los años 1800? Ellas nunca se mudaron, pero la frontera sí. ¿O de los millones de puertorriqueños que son ciudadanos norteamericanos desde su nacimiento? Un factor que a los latino-estadounidenses nunca se les escapa es que nuestro pasado - al igual que nuestro presente - está siempre a simple vista: Los Ángeles, San Francisco, San Antonio, Santa Fe, Montana, Colorado, Nevada, la Florida...

Desde la fundación de la NAA en 1999, la población hispano/latina en EE.UU. ha aumentado a más de 52 millones. Para ponerlo en perspectiva, esta cifra es mayor que la población combinada de los 25 estados más pequeños de la nación y Washington, D.C, y corresponde a más del 56 por ciento del crecimiento total de la población estadounidense desde el año 2000. En hispanos, la media de edad de 27,6 (frente a 37,3 para los no hispanos), con los latinos abarcando casi una cuarta parte de todos los niños estadounidenses menores de 17 años, hace que el progreso educativo y el desarrollo de la fuerza laboral alcancen niveles de urgencia nacional. Se trata de una necesidad económica, no solo para sustentar la jubilación de la población nacida entre el 1946 y 1964 (baby boomers), sino también porque ello determinará nuestra capacidad para permanecer competitivos en un mercado global cada vez más integrado. Sin esta mejoría, nuestra clasificación mediocre (14 en la escala) en logros educativos entre los 34 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, hacen que la sustentabilidad competitiva sea prácticamente imposible.

El segmento hispano aporta a la economía de Estados Unidos más de 1 millón de millones de dólares anuales (del total de $12 millones de millones) en poder adquisitivo del consumidor. Y según la más reciente encuesta del Census Bureau of Business Owners (2007) también contribuyó el valor económico de las 2,3 millones de empresas domésticas hispanas no agrícolas.

Aparte de los empresarios de pequeños negocios en los sectores tradicionales de servicio, se está desarrollando otra historia... la del crecimiento. Muchas empresas de propietarios hispanos han superado ingresos de mil millones de dólares. Es más, que las tres compañías que encabezan la lista del Hispanic Business 500 reportaron ingresos colectivos de más de $10 mil millones para el año 2011, con más de 16.800 empleados y operando en las industrias inalámbrica, de comunicaciones, infraestructura de servicios públicos/energía y urbanización. Como economía independiente, el segmento doméstico hispano estaría entre los veinte mayores a nivel mundial. Estos generadores de empleos y contribuyentes constituyen una parte vital del motor económico de la nación, y representan 243.000 negocios adicionales que son propiedad a partes iguales de hispanos y no-hispanos, y que no están incluidos en las cifras anteriores.

Los temas socioeconómicos son más complejos e intrincados de lo que hacen creer los frívolos pronunciamientos públicos. Mientras se calumnia a México en las plazas estadounidenses, sería prudente considerar que con $159 mil millones anuales, México le sigue al Canadá en importaciones de bienes y servicios de los Estados Unidos. Deja a la China atrás, con sus $96 mil millones, y supera al conjunto total del Japón, el Reino Unido y Alemania. Los turistas y visitantes provenientes de México gastaron asimismo $9,2 mil millones en Estados Unidos en 2011.

Cada día se cuenta con un millón de cruces fronterizos legales, los que aportan $1,25 mil millones en comercio diario bidireccional. Según el Departamento de Estado de EE.UU., "los estados fronterizos no son los únicos que se benefician de esta dinámica relación de comercio - un total de 22 estados en el país tienen a México como el primero o segundo destino para sus exportaciones, incluyendo a California, Iowa, Ohio, Illinois, Indiana, Kansas, Michigan, Missouri, Dakota del Norte, Pennsylvania, Texas, Tennessee y Wisconsin".

Y México es aún más estratégico para los Estados Unidos en cuanto sus exportaciones. De nuevo, después de Canadá, México es el segundo proveedor de EE.UU. de petróleo, con más de 400 millones de barriles anuales. En 2011 superó a Arabia Saudita por 40 millones de barriles. Y mientras que 18.000 empresas con inversiones en EE.UU. tienen operaciones en México, la inversión mexicana en las empresas estadounidenses también ha aumentado, llegando a casi $8 mil millones en 2008. Pasteles de Entenmann´s, panecillos de Thomas´s English Muffins, productos lácteos de Borden´s, telefonía TracFone y Straight Talk son todas propiedades de mexicanos. La firma mexicana CEMEX, una de las más grandes proveedoras de materiales de construcción del mundo, es también la mayor proveedora de cemento y hormigón premezclado a Estados Unidos, un mercado consolidado mediante la compra de Rinker Materials y sus plantas en 2007. Otras historias latinoamericanas son igual de convincentes.

En resumen, los latino-estadounidenses en los Estados Unidos son mucho más que los indocumentados, pero éstos también son parte de nuestra historia y de nuestra preocupación. Una reforma migratoria total no necesita ser ni inhumana ni emprendida en un vacío. La educación nos afecta a todos. Nuestras economías, cada vez más interdependientes, requieren más cooperación que nunca, y toda política o regulación trae consigo consecuencias socioeconómicas.

Nosotros, los latino-estadounidenses representados en la NAA y otras organizaciones en esta Cumbre, hemos aceptado la responsabilidad de la ciudadanía y nos comprometemos a continuar haciendo todo lo que esté en nuestro poder para contribuir al progreso de nuestra nación y de nuestras comunidades, y a esforzarnos individual y colectivamente para alcanzar esa Unión más perfecta.

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©2012, Ana María Fernández Haar.

 
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