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Ana C. Deutsch

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El Programa para Victimas de Tortura

Publicado: 1/05/2012 07:10

El Programa para Victimas de Tortura (PTV por sus siglas en ingles) ha existido en el área de Los Ángeles desde 1980. En los años 80's tuvimos oportunidad de proveer nuestros servicios a las personas que huían de las guerras que se estaban dando en Centroamérica, así como a personas que huían de las dictaduras militares del Cono Sur.

En aquellos años las guerras en El Salvador, Guatemala, no solo se sentían por la violencia en general, sino además por las consecuencias que la guerra traía en el ámbito laboral y la inestabilidad en la vida cotidiana de los habitantes. En ese contexto, además, personas líderes de sindicatos u opositores al régimen de gobierno en vigencia, eran perseguidas, encarceladas, torturadas.

Un panorama similar se vivía en los países del Cono Sur. Las dictaduras de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, se hicieron sentir por la persecución incesante a todo aquel que se opusiera a los regímenes militares impuestos a la población. Así, estudiantes, obreros lideres de movimientos de oposición, catedráticos, sacerdotes, eran perseguidos por ser sospechosos de pertenecer a movimientos de oposición a los gobiernos, perseguidos, encarcelados, torturados, desaparecidos. Amigos o conocidos de quienes se creían sospechosos, eran también sujetos a persecución.

La guerra y las dictaduras son ahora parte de la historia de América Latina; los acuerdos de paz, las elecciones democráticas, remplazaron esa historia de violencia social y política. El mundo entero celebró el fin de las guerras y el fin de las dictaduras militares.

Sin embargo, actualmente nos encontramos con un panorama de migraciones desde América Latina hacia los EEUU que tiene similitud con aquellos años. La migración no ha cesado, un panorama de violencia cubre la realidad social de muchos países. La violencia abarca no solo hechos, sino también esta implícita en economías que no cubren las necesidades de todos: es decir, la eterna pobreza en ciertas regiones de nuestra América Latina. Pero este es un tema que merece análisis desde varios ángulos que no tengo la intención de discutir en este espacio.

En cambio quiero hacer algunas reflexiones acerca de la violencia que nos sigue preocupando, violencia asociada al narcotráfico, violencia social de distintos orígenes; los gobiernos se han mostrado incapaces de acabar con semejante flagelo. Es la nueva violencia que se da en países democráticos con gobiernos civiles que se supone deberían promover la paz y el bienestar de sus ciudadanos. Aparentemente las coordenadas cambiaron, los gobiernos no provocan violencia (directamente), sino que no son capaces de proteger a sus ciudadanos o incapaces de impedir que la violencia crezca potencialmente como esta sucediendo actualmente.

Qué pasa? Será que es un "aprendizaje" derivado de la violencia de guerras y dictaduras militares que duraron décadas? Será que las nuevas generaciones heredaron el embrión de la violencia que nace, se desarrolla, se perpetua? En realidad estas reflexiones también están fuera de mi alcance.

Pero si se me ocurre que existe un factor que puede dar cuenta de la perpetuación de la violencia. Ese factor es la impunidad. Un alto porcentaje de los crímenes cometidos y los actos de violencia que tanto destruyen individuos así como comunidades quedan impunes. Nadie aparece como responsable, no se investiga.

Actualmente en los países del Cono Sur se están llevando a cabo precisamente juicios para castigar a los que en esos países fueron responsables de la violencia de los años 60's, 70's, principio de los 80's. Es decir, en Argentina, Uruguay, Chile, y como un efecto de onda expansiva otros países mas que sufrieron dictaduras, ha comenzado un gran movimiento social dedicado a "no olvidar", a "buscar justicia" por crímenes cometidos en esos años, con la determinación de que "nunca mas" se repita esa historia. El lema es: ni olvido ni perdón, justicia.

La expectativa es que hacer justicia por el pasado violento es una condición para preservar paz social y garantizar que el pueblo se dedique a crecer, individualmente y socialmente. Es garantizar que la ley prevalezca. Con esas premisas se crea una esperanza, la esperanza que todos tenemos y en la que trabajamos: la de construir "un mundo mejor".

 
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