Alberto Sanchez

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Una lección de generosidad o lo que es lo mismo, mi hijo "el gigante"

Publicado: 18/10/2012 11:08

generosidadhijos

Un hombre sabio hace casi 2,000 años dijo "dejad que los niños vengan a mí... porque de ellos es el reino de los cielos". (Mateo 19:14). Si existe el reino de los cielos, o no es "arena de otro costal" y no intento dar clases de religión. Pero lo que sí es cierto es que esas palabras resonaron en mi mente cuando mi hijo hizo algo que me dejó con la boca abierta.

Estábamos disfrutando de un fin de semana en familia: calor, piscina, buena compañía, una que otra bebida embriagante... Mi hijo salió de la alberca para pedirme algo de comer: un snack. Le respondí que con todo gusto y me preguntó si le podía llevar a sus amigos ahí mismo. En ese momento me detuve un poco y pensé en las fechorías que esos niños le hacen a mi pequeño... bueno, ¿fechorías?

Creo que exageré, pero siendo mi hijo, el simple hecho de que le arrojen agua jugando es como si me arrojaran aceite hirviendo. Después de un ligero exabrupto mental, le contesté:

"Sí mi amor, sólo que no les des a esos niños que no te prestan sus juguetes de piscina. Ellos no son compartidos".

Después de esas "sabias palabras", según mi retorcida visión de la justicia, pensé, "qué buena lección para esos niños y qué buena enseñanza para mi hijo". Su respuesta me dejó helado.

Cabe aclarar que siempre les hemos inculcado a nuestros hijos el respeto a los demás. Y aunque no tenemos animales en casa, saben que deben respetarlos. En una ocasión alguien le regaló a mi hijo una resortera o tirachinas para matar lagartijas, le expliqué las razones por las cuales no debía hacerlo y él mismo regresó el juguete.

Bueno, regresando a su respuesta. Después de sentirme como el orgulloso patriarca que educa y dirige a sus discípulos sabiamente, mi hijo de cuatro años me respondió:

"Papá, yo les voy a demostrar que no soy como ellos, ¿me das muchos snacks?".

Me quedé mudo, impresionado por sus palabras, creo que nadie me había dado tal lección de generosidad y sabiduría en mucho tiempo. Lo único que recuerdo haberle dicho fue:

"Sí hijo, tienes razón, te voy a dar muchos y les llevas a todos. Nada más no coman cerca de la piscina".

Mi hijo me dio una gran lección ese día que no olvidaré, me hizo recordar lo que dice un proverbio suizo:

"Las palabras son enanos, los ejemplos gigantes".

Lo que pasó después de los snacks en la piscina es otra historia...

¿QUÉ TE PARECIÓ ESTE HISTORIA? ¿QUÉ LECCIONES SIMILARES TE HAN DADO TUS HIJOS?

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  • <strong>Yined Ramirez-Hendrix</strong><br> Cuando los infantes van adquiriendo independencia, tus dolores de cabeza aumentan. Por un lado, ya hacen cosas por su cuenta, pero por la misma razón no les puedes despegar un ojo de encima. <br>Las edades entre 3 y 5 años, pueden ser un verdadero reto, así que trata de evitar los siguientes errores.

  • No adherirse a una rutina

    El nene puede preguntarse, ¿por qué ayer comí helado a mis anchas y hoy no puedo probar ni una cucharada? Anoche pude ver tele antes de dormir y hoy mami no me deja, ¿por qué no?<br> Es importante ser consistente en todos los aspectos desde la disciplina, hábitos al dormir y comidas. Las excepciones son válidas y es importante permitirles ciertos gustos, pero también lo es crear una rutina que se pueda seguir al menos un 90% del tiempo.

  • Te enfocas en lo negativo

    Es fácil resaltar las actitudes negativas de los niños -como patalear y gritar- e ignorar las positivas. <br> Dile unas palabras de elogio, dale un beso o un abrazote, él lo apreciará y querrá más. Le puedes decir: "Me gustó como compartiste tus juguetes con los otros niños", "estoy segura que tu maestra está impresionada porque siempre dices 'gracias' y 'por favor" o "te comportaste muy bien durante la cena".

  • Ignorar señales de alerta

    Poco te va a servir que le implores a tu hija que se calme en medio de una rabieta. Trata mejor de prevenir que remediar. Conoces a tu hijo, sabes qué le puede provocar un berrinche, las causas más comunes son hambre, cansancio y aburrimiento. Si tu hija no ha tomado su siesta, mejor atrasa el viaje al supermercado y procura siempre tener una merienda saludable en tu bolso.

  • Fomenta la manipulación

    Los ruegos y lloriqueos pueden enloquecer a cualquiera y a veces prefieres ceder que aguantar un grito más. Digamos que estás lista para preparar la cena y tu hijo empieza a insistir que quiere ir al parque en decibeles que no piensas sean humanos. Para callarlo, suspendes lo que estás haciendo y lo llevas al parque. Los niños saben cómo salirse con la suya y tus puntos débiles. Siempre y cuando tu hijo no muestre conductas agresivas, ignora sus gemidos y lloriqueos. Si te haces la fuerte, tu hijo comprenderá que esa táctica no funciona contigo.

  • Menospreciar la importancia del juego

    Muchos padres quieren que sus hijos sean los primeros de su clase cuando vayan a la escuela y los apuntan en programas educativos y culturales. Pero esto puede ser contraproducente. En estas edades los niños necesitan jugar sin muchas estructuras.<br> Los niños consideran "juego libre" lo que ellos eligen hacer cuando eligen hacerlo. A veces se entretienen dando vueltas por la casa con una escoba, es lo que han preferido y lo hacen por diversión.

  • Reacción exagerada con las mentiras

    Algunos psicólogos piensan que el mentir es una muestra de desarrollo cognitivo. Por supuesto es preocupante, pero muchos padres se imaginan a sus hijos en la cárcel con la primera mentirita que sueltan. El mentir es parte del desarrollo de los niños. No te alarmes con sus mentiras y demuéstrale que no engaña a nadie.

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