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Tortura en los circos de México: El brutal caso del oso Invictus

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Al final de su último show denominado "Sólo para mujeres" en el poblado de Dzidzantún Yucatán, el presentador del circo Harley tomó el micrófono y pronunció ante el público un discurso fuera de la rutina. Acusó a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y a los reporteros locales de tener "envidia" y pretender manchar la imagen de su negocio, luego que dos días antes, un operativo federal de 48 horas, echara la carpa abajo y decomisara siete animales torturados, presuntamente comprados a traficantes de especies.

Cuatro monos araña, un león sin garras ni colmillos, un tigre de bengala lacerado y un oso negro llamado "Ballerina Nait", al que le habían mutilado el setenta por ciento de la quijada, trozándole el hocico con unas pinzas de electricista.

De Profepa llamaron a Erika Ortigoza, directora de la Unidad de Rescate, Rehabilitación y Reubicación ubicada en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, quien, junto con un grupo de rescatistas, viajó al Zóologico Centenario de Yucatán donde el animal había sido auxiliado.

Ahí lo recuperaron y de vuelta, lo trataron. Hasta que este 18 de julio fuera operado con éxito mediante la colocación dos injertos de titanio en el maxilar inferior.

El caso viralizó en Facebook y coloca al centro del debate la prohibición de los circos con animales los códigos necesarios para prevenir y castigar la tortura animal en México. Hoy el oso lleva un nuevo nombre, "Invictus", en honor a su lucha por sobrevivir.

Se necesitaron 30 personas y casi un día de quirófano para operar a Invictus, dirigidos por el cirujano maxilo-facial Ignacio Calleja Ahedo, y los médicos veterinarios Guillermo Díaz Díaz y Carlos Flores García. Era un oso de circo típico.

Tutú y holanes rosas, ahorcado a una cadena de hierro. Bailaba cada noche, con una agujeta sujetándole el hocico para que no mordiera a su capataz. Ya llevaba días, no se sabe cuántos, con una infección dental, y, quizá por eso, en un mal momento de un mal show, rompió la agujeta que lo sujetaba abriendo las fauces y lanzando un bufido.

Eso desató el pretexto para que su entonces dueño, José Luis Orozco Lara, drogara al animal y con unas pinzas mecánicas aprensara cartílago, hueso y piel para destrozarle corte a corte casi la totalidad de la mandíbula.

El oso despertó a las dos horas, y esa misma noche, mutilado, con la lengua amoratada, hediendo sangre y baba, dio su siguiente espectáculo.

Sobre la carne del oso colgaban restos de glándulas, hueso y carne. El momento de la operación, los médicos descubrieron incrustada en la garganta del animal una masa de tejido y dientes trozados.

Había sido alimentado por años con restos de pastel y arroz con leche. Pesaba 95 kilos para una especie que debe superar los 200 kilogramos. Tenía fracturado el brazo izquierdo y bajo el codo una callosidad que le impedía flexionarlo.

También sus molares y colmillos habían sido limados y su lengua, expuesta permanentemente, ya estaba llagada. Por el grado de afectación dental, no se sabe exactamente la edad del oso, pero se presume tenga entre cinco y siete años.

"Cuando lo rescatamos pensamos que era un oso muerto", dice Erika Ortigoza.

Según información recabada por medios locales, Orozco Lara, con oficinas en la ciudad de Ecatepec, Estado de México, enfrenta un proceso judicial por delitos ambientales que podrían tenerlo hasta nuevo años en una prisión federal. Además, una multa económica que ascendería a los 201 mil 870 pesos, más la cancelación de todo registro de operación y permiso ambiental, por violación a la Ley de Vida Silvestre, incluido una averiguación bajo el expediente PFPA/37.3/2C.27.3/0012-14 por no acreditar la legalidad de nueve especies.

Pero en su declaración ministerial, Orozco Lara justificó su acción diciendo que había mutilado al oso por "un acto de amor", porque al animal le dolían los dientes. Dijo que había sido una operación quirúrgica y reclamó la apropiación de Invictus.

"Ya sé qué ser lo hizo, pero ¿qué hay dentro de él, qué hay a su alrededor, para que pueda ocasionar eso? Para que pueda tener actos tan perversos y después tan miserables para justificarlo por un acto de fe y de amor. Porque saben perfectamente lo que hicieron. Y el mirar la mutilación y mirar lo que fue un proceso de tortura brutal. Que hubo un proceso de explotación pese a esa disminución física, aún así explotarlo por saberlo vulnerado. Y todavía querer pelear la tenencia del animal... es algo que hiere, lástima y te llena de indignación"

Erika es una mujer fuerte, nunca la había visto sollozar. Pero al intentar comprender la tortura a Invictus, miré sus ojos cristalizarse. Dirige el Bioparque de Convivencia Pachuca, convertida en la primera Unidad en México de Rescate, Rehabilitación y Reubicación de Fauna Silvestre, Endémica y Exótica de México, gracias a las donaciones de decenas de personas solidarias, comprometidas con los derechos animales. Viste su traje de faena, y trata a cada uno de las especies rescatadas como a uno de sus hijos.

En el área de recuperación yacen Invictus, dos tigres y dos leonas. Y en la parte de cristales llamado así para su exposición a los visitantes de la Unidad-, tres tigres más, tres leonas - una de bengala-, un jaguar, un puma, y diversas especies de aves y tantos más monos araña. Pero hoy la atención se centra en este oso americano.

Erika se acerca a su jaula e Invictus la presiente. Pega su cuerpo a los barrotes dentro de los cuales fue indicado a recuperase, pues en un espacio abierto corre el riesgo de retardar el cicatrizamiento de su hocico. Come pescado, mango y papillas. Pero por primera vez, pudo masticar dos pedazos pequeños de pollo. Ya pesa 128 kilos.

"La lucha por Invictus no para en unas barras de titanio. No pararemos hasta que quien lo hizo reciba un castigo. Porque si no hay castigo, vives en la impunidad y permites que esto suceda a menudo. ¿Y en qué otros circos, en qué otro traspatio, en qué otra azotea, suceden actos de esa naturaleza? En 'n' número. Pero cuando tú conoces esos actos tienes la responsabilidad de reivindicar, de zurcir".

Sobre el asunto de los circos, Erika Ortigoza llama la atención sobre la explotación de especies, incluso personas, para la diversión de los otros. Que aún cuando la gente ignora o pretende ignorar lo que pasa en esos lugares, historias como las de Invictus demuestran la inviabilidad de los espectáculos con animales.

"El abuso de un ser inocente es la historia de la explotación. El que consume ese espectáculo, está fomentando ello. En el momento que entendamos que su explotación no puede ser mi diversión, creo que ahí es donde se va a romper ese eslabón. La gente que acude a un circo ignora lo que ocurre tras bambalinas, o nos auto engañamos. No podemos hablar de inocencia en el espectador, pero sí podemos decirles que son actos brutales" [...] "Debemos poner un alto. No debemos tolerar un acto de violencia por mínimo que nos parezca. Porque (el maltrato animal) es un iceberg del cual vemos la punta pero tiene raíces profundas, terribles y letales. Y las grandes civilizaciones han pasado por etapas brutales. Pero ahora tenemos toda la ciencia y tecnología para que esté al servicio de la bioética y la conservación".

Actualmente en México, los animales tienen trato de objetos. El Código Civil Federal en su artículo 753 establece que los animales son equivalentes a "mercancía" objetos de juicios mercantiles, embargos y otros procesos legales que provocan lagunas para su maltrato, abandono o sacrificio.

Y aunque el maltrato animal está penado en México, solamente en diez de los 32 Estados federales está tipificada la tortura animal. Y en algunos otros, como en Hidalgo, eventos como las corridas de toros, están protegidas legalmente como "patrimonio cultural".

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