Observo el casi trauma psico-existencial que tienen las mujeres en general con las limpiezas de sus casas y recuerdo a dos personas: a mi madre y a Doña Millie, mi profesora de Administración del Hogar de la Universidad. De hecho, es la clase que más he usado en mi vida. De todo lo que aprendí, ofrezco mis ocho verdades universales.

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  • 1. El que no riega, no tiene que recoger. Una casa recogida luce casi limpia y es más fácil de limpiar. Unas gavetas recogidas no requieren reorganización. Tan pronto uses algo que sacaste de su lugar, devuélvelo a donde pertenece. Ejemplo clásico: si terminaste de comer, tomar agua o beber café, lava esos trastes o ponlos en la lavadora de platos. Si el niño terminó de jugar con algo, lo puede echar en algún recipiente o lugar destinado para sus juguetes.

  • 2. Cada cual es responsable por su área (dormitorio, baño que usa, lugar de juego). Acostumbra a tu familia a que cada quien mantenga limpia su área y supervisa. Mientras hay bebés, es obvio que les toca a mami y a papi.

  • 3. Todo el que vive en una casa tiene que colaborar, en la medida de su capacidad. Entrena a tu familia a conservar presentables las áreas comunes, incluyendo a tu pareja. Supongo que él quiere que si llega un amigo o un familiar, encuentre la casa impecable.

  • 4. El que amontona ropa, no encuentra cómo empezar a lavar. Lava una vez a la semana. En el mundo actual, lava la lavadora y seca la secadora. Cada quien echa la ropa y luego la saca, la dobla y la guarda. Cada parte de ese proceso se puede hacer entre anuncios, mientras se ve televisión en la semana, o haciendo otra tarea, cualquier día.

  • 5. Si te quieres levantar tarde, pasear o descansar en el fin de semana, limpia y lava ropa durante la semana. Si tus hijos adolescentes quieren salir con sus amigos, deben cumplir con lo suyo antes de irse.

  • 6. Si ganas suficiente dinero para pagar a otro por hacer la limpieza, da instrucciones, delega y supervisa. Y deja de decir que nadie limpia como tú.

  • 7. Dejar de anticipar "el día de limpieza" con terror y ansiedad, ni te agotes rezongando. Solo hazlo. La palabra es organización, una tarea a la vez: limpiar las mesas, limpiar espejos, limpiar cristales, barrer pisos, pasar aspiradora, mapear, lavar los baños. Las tareas más complicadas en las casas (limpieza de patio y ventanas, por ejemplo) requieren mayor planificación y, si es posible, contratar a otra persona.

  • 8. Sé efectiva; no tienes que ser perfecta. Con prevención, cooperación y un esfuerzo mínimo sin estrés, puedes disfrutar una casa limpia. <em>-- Por <a href="http://voces.huffingtonpost.com/ofelia-perez/" target="_blank">Ofelia Pérez</a></em>

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