El enfrentamiento político sobre el presupuesto federal está provocando una desaceleración de la economía nacional, más que las dudas de la población a la hora de gastar.


Ese es el consenso que surge de la más reciente Encuesta Económica de The Associated Press en momentos en que el estancamiento en las discusiones sobre el presupuesto en Washington está a punto de provocar reducciones de gastos automáticas en toda la economía.


Muchos de los economistas piensan que el gasto del consumidor ha perdido fuerza en respuesta a una mayor presión tributaria pero que se recuperará más adelante este mismo año. Pero, por otra parte, les preocupa que la batalla política por el presupuesto en Washington persista durante buena parte de 2013 y afecte el crecimiento económico.


Veintitrés de los 37 economistas que respondieron a la encuesta la semana pasada afirman que la parálisis en Washington es un factor significativo en la desaceleración económica. Los otros factores citados, por orden de importancia, son: poco crecimiento del empleo, excesivas regulaciones del gobierno e impuestos, el estancamiento de los salarios y la cautela de los bancos en emitir préstamos. Sólo ocho de los economistas consultados afirmaron que les preocupa que los consumidores estén ahorrando más y gastando menos.


El estancamiento en las discusiones sobre el presupuesto, que provocarán una reducción de gastos de 85.000 millones de dólares a partir del viernes, restará aproximadamente medio punto porcentual al crecimiento económico este año, afirman.


Y a esto le seguirán otras fechas tope importantes: buena parte del gobierno tendría que interrumpir sus operaciones el 27 de marzo si no se aprueban nuevas leyes de autorización de gastos. El Congreso tiene que acordar un aumento del techo de la deuda en mayo o corre el riesgo de caer en mora en el pago de su deuda.


Cumplir esas fechas tope pudiera significar nuevas reducciones de gastos o aumentos de impuestos. En cualquier caso, ello pudiera reducir el crecimiento económico.


Las opiniones de los economistas sugieren que la parálisis presupuestaria le hace daño a la economía en por lo menos dos formas: erosiona la confianza del consumidor y las empresas, lo que pudiera reducir el gasto y la inversión. Y provocará reducciones de gastos del gobierno a punto de entrar en vigor.


Todo esto se suma a la reducción de la cantidad de dinero que la mayoría de los trabajadores se llevan a casa debido al aumento en el impuesto del Seguro Social que entró en vigor el 1 de enero.


Los negocios "no están dispuestos a contratar personal o invertir en plantas y equipos en esta incertidumbre", afirma Sung Won Sohn, profesor de Economía de la Universidad Estatal de California en Channel Islands. "Lo prudente es posponer (los recortes)".


La encuesta de la AP compiló las opiniones de economistas privados, empresariales y académicos sobre una gama de temas.


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  • John Boehner

    El veterano político republicano se convirtió en el nuevo presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es un legislador pragmático que reconoce que el gobierno necesita más ingresos, pero su bancada en la Cámara no está de acuerdo. En el verano de 2011, Boehner casi obligó a la nación a dejar de pagar su deuda porque no pudo lograr los votos necesarios para aumentar los impuestos.

  • Presidente Barack Obama

    El Presidente Barack Obama encapsula, en su segundo término en la Casa Blanca, la esquizofrenia nacional sobre el presupuesto. Presidió el mayor déficit de la historia, entre ellos un gran estímulo fiscal, rescates de la industria automotriz, y la ampliación de la red de seguridad. El debate sobre gastos públicos es interminable. Los opositores del Presidente creen que en los primeros cuatros años de su mandato tuvo la posibilidad de llevar al país a una mejor situación económica.

  • Grover Norquist

    Como jefe de una poderosa organización de cabildeo y financiamiento de campañas, Nosquist casi que obligó a cada republicano que se encontraba al frente de un cargo público a no subir impuestos bajo ninguna circunstancia. Si alguién declinaba a hacerlo o violaba el juramento, el desafío al que se enfrentaba era monumental. La amenazó funcionó, al menos por un tiempo, según los expertos. Norquist fue una pieza clave de lograr un acuerdo presupuestario entre demócratas y republicanos en los dos últimos años. Los demócratas insistieron en que cualquier plan para equilibrar el prepuesto debía incluir más ingresos así como el recorte de gastos, los republicanos se opusieron a cualquier variante que condujera al aumentos de impuestos.

  • Alan Greenspan

    Alan Greenspan fue el presidente de la Reserva Federal entre 1986 y 2006. Según los expertos en economía, uno de sus errores fue cuando en el 2001 le dijo al Congreso que lo peor que se podía hacer era pagar la deuda porque eso conduciría a destruir el mercado de bonos y a perder el control.

  • Bill Clinton

    Al final de su presidencia, Clinton y su administración dejaban la Casa Blanca con un superávit de 559.000 millones de dólares y una aprobación de su gestión del 66%, la más alta para un presidente de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. El expresidente Clinton dio a entender que crear un superávit era fácil.

  • Arthur Laffer

    El economista Laffer fue el autor y el que demostró que se podía tener comida gratis y el defensor de que la reducción de impuestos aumentaría los ingresos fiscales. Responsable de la cobertura intelectual para aquellos consevadores que querían el recorte de impuestos, pero a la vez no quiere ser visto como responsable de ésto.

  • Dick Cheney

    Mientras Bush estaba ocupado cortando impuestos, Cheney estaba ocupado planeando la guerra contra el terrorismo. Aseguró que por primera vez en la historia, se envíaron militares a batalla sin aumentar los impuestos en el país. Añadió billones a la deuda.

  • George W. Bush

    Nadie es más responsable de la acumulación de la deuda actual que Bush. En su campaña presidencial en el 2000 prometió reducir los impuestos con el fin de evitar el pago de la deuda nacional. Y cuando la recesión del 2001 llegó, dijo que los recortes de impuestos reactivarían la economía. Cuando la economía no revivió, redujo los impuestos un poco más.