(Actualizado el viernes a la mañana para reflejar las negociaciones de último momento en la Casa Blanca)

Hoy viernes, el Presidente Barack Obama y los cuatro líderes, demócratas y republicanos, de ambas cámaras del Congreso, se están reuniendo en uno de los últimos intentos para impedir que sobrevenga el abismo fiscal, con su carga de inestabilidad financiera y el temor de recaer en una profunda recesión motivada por una confrontación política.

La reunión en la Casa Blanca esta noche sería con el líder de la mayoría demócrata en el Senado Harry Reid, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, y con los líderes de las minorías en el Senado, el republicano Mitch McConnell y en la Cámara Baja, la demócrata Nancy Pelosi.

Los expertos señalan que la inclusión de McConnell, quien hasta el momento se mantenía alejado de los círculos de decisión, es significativa y señala la seriedad del proceso.

Como siempre a último momento, y como siempre, con cálculos políticos, electorales, económicos, el Congreso de Estados Unidos hace los últimos malabarismos y ejercicios de imagen antes de que venzan todos los plazos y comience lo que hace 18 meses, al crearse, se dio en llamar “fiscal cliff”, que traducimos por abismo (o precipicio) fiscal.

Al no llegarse a un acuerdo entre republicanos y demócratas en un ciclo anterior de negociaciones, las partes acordaron, votaron, aprobaron – y el Presidente Obama lo rubricó con su firma – seguir negociando vías para reducir la deuda nacional hasta el 31 de diciembre de 2012.

¿Quién tendrá la culpa del abismo fiscal?

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De no hacerlo, se dijeron, subirán impuestos para la mayor parte de los estadounidenses (más para quienes menos ganan), desaparecerá la ayuda de emergencia federal para dos millones de desocupados (más allá de la limitada ayuda que proveen los estados), se recortarán fondos para la educación y para el departamento de Defensa, entre muchas otras medidas.

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A menos, anunciaron, a menos que haya un acuerdo.

Llegó el momento y el acuerdo todavía no existe, aunque sí flotan más y más señales de que los dirigentes están tomando en serio la situación y llegando a un común denominador.

El miércoles, el presidente Obama y los demócratas del Senado – controlan la Cámara Alta – anunciaron su retorno de vacaciones de invierno a Washington para tratar de solucionar, de hacer algo, a pesar de que propuestas no existen en el tapete.

Y este jueves, como para nos ser menos en el juego de las percepciones, los republicanos en la Cámara de Representantes – la que controlan – dijeron que estarán de vuelta en la sala de deliberaciones el domingo a las 6:30 de la tarde. Menos de 30 horas antes de que se inicie el abismo fiscal.

Por su parte, los demócratas tienen a su favor la carta del vencimiento automático, a fin de año de los recortes impositivos llamados “de Bush”, porque el Presidente George W. Bush (el hijo) los promovió, recortando los pagos de todos los estadounidenses. El partido de Obama quiere renovar solamente aquellos recortes que reciben quienes ganan menos de 250,000 dólares al año.

Pero en una previa etapa de las negociaciones, la Casa Blanca aceptó implícitamente subir la tasa impositiva a quienes ganan más de 400,000 al año.

Esta es al parecer, ahora, la base de un posible acuerdo. Los impuestos para la gente pudiente subirán de 35% a menos de 38%. Y se recortarán programas sociales por 800,000 millones de dólares, el presupuesto militar en 100,000 millones adicionales, todo en el lapso de 10 años, así como malabarismos de contabilidad y reducción de subsidios a los consumidores.

Sin un acuerdo, muchos economistas temen el regreso de la recesión. Los pronósticos son tenebrosos, en momentos en que el país todavía no se recuperó de la profunda crisis iniciada en 2007, y con casi 8 por ciento de cesantía.

Pero para los políticos, en estos momentos, lo importante no es el daño que el abismo fiscal causará – en realidad, será gradual, paulatino e involucra en los primeros meses especialmente a aquellos desocupados que se quedarán sin ayuda gubernamental. Lo importante es a quién culpará el público estadounidense.

Hasta ahora, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, apoyado por su colega Eric Cantor, insistía en que es el turno del Senado enviar una propuesta.

Lo hizo por razones importantes: los republicanos bajo Boehner y Cantor no han logrado unirse. Por el contrario, una propuesta inicial del primero, de aceptar aumentos tributarios para quienes ganan más de un millón de dólares al año, fue rechazada la semana pasada en votación interna de los congresistas republicanos, cuando aquellos identificados con el movimiento conservador Tea Party se emplazaron como un solo hombre contra su presunto líder. Al liderazgo oficial del GOP (el Partido Republicano) no le quedó otra que aceptar su incapacidad de decidir y pedir una iniciativa del Senado.

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Anteriormente, Reid dijo que el país entraría - o caería - al abismo fiscal, que ello sería culpa de los republicanos, y que existía de hecho una dictadura republicana en la Cámara de Representantes que evitaría todo acuerdo.


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  • John Boehner

    El veterano político republicano se convirtió en el nuevo presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es un legislador pragmático que reconoce que el gobierno necesita más ingresos, pero su bancada en la Cámara no está de acuerdo. En el verano de 2011, Boehner casi obligó a la nación a dejar de pagar su deuda porque no pudo lograr los votos necesarios para aumentar los impuestos.

  • Presidente Barack Obama

    El Presidente Barack Obama encapsula, en su segundo término en la Casa Blanca, la esquizofrenia nacional sobre el presupuesto. Presidió el mayor déficit de la historia, entre ellos un gran estímulo fiscal, rescates de la industria automotriz, y la ampliación de la red de seguridad. El debate sobre gastos públicos es interminable. Los opositores del Presidente creen que en los primeros cuatros años de su mandato tuvo la posibilidad de llevar al país a una mejor situación económica.

  • Grover Norquist

    Como jefe de una poderosa organización de cabildeo y financiamiento de campañas, Nosquist casi que obligó a cada republicano que se encontraba al frente de un cargo público a no subir impuestos bajo ninguna circunstancia. Si alguién declinaba a hacerlo o violaba el juramento, el desafío al que se enfrentaba era monumental. La amenazó funcionó, al menos por un tiempo, según los expertos. Norquist fue una pieza clave de lograr un acuerdo presupuestario entre demócratas y republicanos en los dos últimos años. Los demócratas insistieron en que cualquier plan para equilibrar el prepuesto debía incluir más ingresos así como el recorte de gastos, los republicanos se opusieron a cualquier variante que condujera al aumentos de impuestos.

  • Alan Greenspan

    Alan Greenspan fue el presidente de la Reserva Federal entre 1986 y 2006. Según los expertos en economía, uno de sus errores fue cuando en el 2001 le dijo al Congreso que lo peor que se podía hacer era pagar la deuda porque eso conduciría a destruir el mercado de bonos y a perder el control.

  • Bill Clinton

    Al final de su presidencia, Clinton y su administración dejaban la Casa Blanca con un superávit de 559.000 millones de dólares y una aprobación de su gestión del 66%, la más alta para un presidente de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. El expresidente Clinton dio a entender que crear un superávit era fácil.

  • Arthur Laffer

    El economista Laffer fue el autor y el que demostró que se podía tener comida gratis y el defensor de que la reducción de impuestos aumentaría los ingresos fiscales. Responsable de la cobertura intelectual para aquellos consevadores que querían el recorte de impuestos, pero a la vez no quiere ser visto como responsable de ésto.

  • Dick Cheney

    Mientras Bush estaba ocupado cortando impuestos, Cheney estaba ocupado planeando la guerra contra el terrorismo. Aseguró que por primera vez en la historia, se envíaron militares a batalla sin aumentar los impuestos en el país. Añadió billones a la deuda.

  • George W. Bush

    Nadie es más responsable de la acumulación de la deuda actual que Bush. En su campaña presidencial en el 2000 prometió reducir los impuestos con el fin de evitar el pago de la deuda nacional. Y cuando la recesión del 2001 llegó, dijo que los recortes de impuestos reactivarían la economía. Cuando la economía no revivió, redujo los impuestos un poco más.


¿QUÉ ES EL ABISMO FISCAL?: