Parecería dramático. En múltiplies publicaciones y comenzando con la cadena ABC, se dio a conocer que el vehículo espacial o “rover” Curiosity, que se encuentra en misión de reconocimiento en el planeta Marte, había hecho un descubrimiento de alcances, bueno, siderales, que, y cito, “cambiarán los libros de historia”.

Así decían:

Hace dos días, John Grotzinger, el investigador principal de la misión Curiosity, anunciaba en una entrevista radiofónica que uno de los instrumentos del sofisticado vehículo había recogido datos que"cambiarán los libros de historia".

Para mantener la tensión, se dijo, el hallazgo no sería hecho público hasta el 3 de diciembre. ¿Por qué? Para presentarla, debidamente, en una conferencia científica internacional previamente organizada de la Unión Geofísica Americana.


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En serio, ¿qué es una semana de espera cuando se espera lo que podría ser el descubrimiento más importante de la historia de la humanidad, que no estamos solos en el universo?

Porque de eso, estábamos seguros todos, se trata: hay vida en Marte, hay vida en la Galaxia. Algo, algo hallaron.

Además, el tiempo sería aprovechado para corroborar información, acumular más datos, todo eso.

Y cuando la noticia dio la vuelta al mundo, la acompañaron legiones de comentarios, entre ellos a cuál más irónico.

Que habían encontrado en Marte los restos largamente buscados de Jimmy Hoffa, el líder sindical nacional estadounidense que desapareció en 1940 misteriosamente.

Que un libro de cocina.

Que "no digo que son marcianos, pero son marcianos".

O que encontraron en realidad, los restos de... las expediciones terrícolas de los últimos 30 años.

En su cuenta de Twitter, la NASA exacerbó los rumores con la siguiente inscripción:

“¿Qué he descubierto en Marte?”, escriben en nombre del Curiosity, “mi equipo considera esta misión ‘apta para los libros de historia’”.

Pasaron unos pocos días y de pronto nos enteramos que ni marcianitos verdes, ni restos de una cultura, ni siquiera gigantesca molécula orgánica, sino que no se comprendió al interlocutor que expresaba su maravilla por los logros generales y futuros de la misión.

Sí, porque para aclarar, vino Amanda Wills de Mashable, y Damon Poeter de PCMagazine y anunciaron el gran descubrimiento: todo fue un malentendido, que comenzó el 13 de noviembre al término de una entrevista de John Grotzinger, el jefe científico de la misión, y lo que éste quería decir, era que en su totalidad, los datos que Curiosity recolectará durante los dos años de su misión – la actual y las futuras – será de tal magnitud que llegará a los libros de historia. ¿Eh?

De hecho, de acuerdo con Mike Wall de Space.com, el gran descubrimiento ya fue hecho y publicado y no llegó a los titulares: Curiosity determinó que futuros astronautas podrán sobrevivir en el futuro la radiación a Marte… si es que llegan a llegar allí.

Pero los rumores persisten. E insisten en que la información vino del mismísimo Grotzinger, un científico de alto prestigio. Yagregan que:

El hallazgo se realizó, en efecto, con un intrumento muy concreto del rover, el SAM (analizador de muestras marcianas), capaz de detectar un gran número de componentes biológicos presentes en el aire o en las rocas, así como de analizar materia orgánica.

O sea… nada. Esperemos. Lo que se dijo: ¿qué es una corta semana para un paso tan gigantesco para la humanidad?

Lo cual alimenta más y más rumores y teorías de la conspiración:


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