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A falta de voto, mariachi en Los Angeles

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Elecciones en Los Angeles: la serenata que le llevaron los mariachis a Edna durante su recorrido. | Eileen Truax

Este 6 de noviembre los vecinos de Sun Valley, en el norte de Los Ángeles, se prepararon para iniciar el día como todas las mañanas. Se arreglaron, vistieron a los niños, desayunaron algo rápido, agarraron bolsos, mochilas, el dinero las llaves y salieron a la calle. De pronto, de algún lado, se empezó a escuchar una potente voz:

–“Canto al pie de tu ventana, pa’ que sepas que te quiero…”.

¿Mariachis? ¿A las ocho de la mañana? Y entonces todos los que pasaban por ahí detuvieron el paso un poco porque de día o de noche, y en cualquier día de la semana, una serenata no es algo para desperdiciar.

Esta fue la idea que un grupo de jóvenes y activistas de la Coalición pro Derechos del Inmigrante de Los Ángeles, CHIRLA, impulsó simultáneamente en ésta y otras 13 ciudades de California para invitar a los integrantes de la comunidad latina a salir a votar en esta jornada electoral: una serenata con mariachi, calle por calle y puerta por puerta, hasta las diez de la mañana, y un maratón de llamadas telefónicas a votantes registrados por la tarde para recordarles que si aún no lo han hecho, todavía están a tiempo de ir a votar. Sus esfuerzos en Los Ángeles y en otras ciudades como Santa Bárbara, San Diego, Fresno y Sacramento se han enfocado en aquellos precintos en los que por alguna razón los votantes latinos han dejado de ejercer su derecho al voto o no lo hacen de manera constante.

Pero la actividad de los jóvenes voluntarios no inició este martes de elecciones. Durante las últimas semanas cientos de ellos se han dedicado a hacer llamadas y a recorrer las calles tocando puertas para conversar con los votantes latinos registrados y resolver sus dudas o preguntas. En este ejercicio, han contactado a más de 300 mil personas.

Hassan Josué es uno de estos jóvenes. Tiene 23 años de edad, está estudiando para ser bombero y es un Dreamer, uno de los más de millón y medio de chicos que serían beneficiados por la ley DREAM Act en caso de que ésta llegara a aprobarse; de ser así, los jóvenes que llegaron indocumentados a Estados Unidos siendo menores de edad podrían solucionar su situación migratoria. La ley fue presentada en 2001 y desde entonces ha sido discutida en el Congreso en varias ocasiones sin lograrse su aprobación.

Mientras recorríamos las calles de Sun Valley, Hassan compartió conmigo su historia. Cuando tenía nueve años su familia vino a Estados Unidos desde su natal Ciudad de México buscando una vida mejor. Vinieron sin documentos, pero esto no representó un conflicto para él hasta algunos años más tarde, cuando cursaba la secundaria y se entrenaba para correr maratones. Lo hacía bien, así que recibió una invitación para ir al Maratón de Chicago. Lleno de emoción llegó a platicarle a sus padres la buena noticia; entonces ellos lo llamaron a su habitación, se sentaron con él y le explicaron cuál era su situación: era indocumentado, no tenía un número de Seguro Social ni una identificación válida, y seguramente le pedirían una durante el viaje. Corría el riesgo de ser detectado por las autoridades de inmigración y de no regresar a casa. Unos meses después la situación se repitió: Hassan tomaba clases de italiano, llegó la oportunidad de hacer un viaje a Roma, y en esta ocasión ni siquiera se permitió emocionarse. Esa puerta estaba cerrada.

Diez años más tarde, una luz parece filtrarse por una rendija de la puerta. En junio de este año, el presidente Barack Obama anunció el programa conocido como Acción Diferida, que otorga a estos jóvenes un alivio temporal protegiéndolos de las deportaciones y otorgándoles un número de Seguro Social y un permiso de trabajo por un periodo de dos años. Aunque nada de esto constituye una solución permanente a su estatus migratorio, los jóvenes consideran que esta medida es una señal de Obama que dice que, en caso de ser reelegido este martes, hará todo lo posible por lograr una aprobación definitiva del DREAM Act.

–Yo ya presenté mi solicitud para la Acción Diferida –me dice jubiloso Hassan, un chico alto, esbelto, de cabello castaño y ojos luminosos color almendra, mientras caminamos atrás de los mariachis que siguen dando serenata a las señoras que se asoman a las ventanas emocionadas y a quienes se acercan a votar a la casilla electoral. Le pregunto qué es lo que más le emociona de tener sus documentos. –¡Poder tramitar una licencia de conducir! – responde emocionado.

Entonces me explica la razón por la cual los jóvenes como él trabajan como voluntarios durante esta elección. Aunque son mayores de edad no pueden votar, pero de los resultados de esta elección depende su futuro. Los voluntarios de CHIRLA no hacen campaña partidista, pero los jóvenes sí platican con la gente sobre sus casos particulares, y a la vez escuchan las historias que los posibles votantes latinos tienen para compartir. Muchos de ellos vienen de México u otros países centroamericanos, en donde hay un historial de procesos electorales dudosos y por ello, aunque pueden votar, no siempre lo hacen; ignoran las diferencias de esos sistemas con respecto al estadounidense. Esta percepción en ocasiones pasa de padres a hijos, de manera que muchos jóvenes latinos que sí pueden votar, no siempre ejercen este derecho.

Cuando Hassan encuentra a alguien que le da estas razones para no ir a las urnas, él busca la manera de convencerlos. Les recuerda que el voto latino es importante, que es lo único que le da poder a esta comunidad, y por ello pide a quienes sí pueden votar que lo hagan, considerando cuál es la mejor opción para los jóvenes indocumentados como él. Si en esta elección los Dreamers no pueden emitir un voto, al menos cooperan con una conversación y con un mariachi.

“Por eso quise cantar, y gritar que te quiero mujer consentida….”, se oían las voces a lo Jorge Negrete de los mariachis matutinos cuando salían los votantes de la casilla electoral. Edna Hernández, a quien le tocó una de las serenatas, me mostró con orgullo la estampita que le colocaron en la solapa después de emitir su voto.

–Para mí fue muy bonito, es como sentir el apoyo de toda la comunidad. Sé que es mi obligación votar debido a todos los problemas por los que estamos pasando, por las injusticias que se cometen contra los latinos. Yo puedo votar, pero tengo primas que no pueden por la falta de documentos. Una de ellas no puede seguir estudiando, y otra ya terminó su carrera pero no puede trabajar. Creo que participando podemos mejorar las cosas; y si no cambian, sé que al menos yo hice mi parte.

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