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NUEVA YORK- Un refrán popular dice que "después de la tormenta siempre llega la calma". Pero calma es lo que menos se vive actualmente en la ciudad de Nueva York tras el paso del huracán Sandy.

La tragedia causada por el fenómeno natural ha dejado grandes secuelas psicológicas y emocionales entre los neoyorquinos quienes, a diferencia de los residentes de otras zonas del país, no están acostumbrados a lidiar con desastres de esta categoría.

Y, si bien los residentes de la Gran Manzana tratan de volver poco a poco a la normalidad, muchos aún se encuentran en estado de shock, incredulidad y tristeza por la devastación que ven a su alrededor.

Los más afortunados -aquellos quienes no perdieron seres queridos, sus casas o bienes materiales- tienen igualmente que afrontar situaciones para las cuales no estaban preparados.

Vivir más de cuatro días sin luz eléctrica, sin conexión a la internet o celular, y sin la posibilidad de poder tomarse una ducha caliente en su propio hogar, tiene a más de un neoyorquino con los pelos de punta y al borde de la locura. La impaciencia también se nota en los que deben hacer largas colas para poder comprar gasolina, agua potable u otros productos de primera necesidad.

Y ni hablar de la creciente tensión, angustia y ansiedad que hay entre aquellos que hacen largas filas para tomar los pocos autobuses públicos disponibles hasta ahora, y dentro de los cuales la gente viaja aglomerada. A otros no les ha quedado más alternativa que caminar largas distancias para poder llegar a sus trabajos. El pesimismo también se ha apoderado de los que viajan en autos particulares y tienen que enfrentarse a un pesado tráfico. En fin, los ánimos están caldeados y la frustración sigue subiendo como espuma hasta niveles peligrosos.

Que el estrés no lo domine
A las personas que sufren de Trastorno de Estrés Post-Taumático (PTSD*), por haber vivido la tragedia muy de cerca, o a los que presentan depresión y ansiedad ante las pérdidas sufridas, el doctor Paul Greene, jefe del Departamento de Psicología de la Universidad Iona, en New Rochelle (NY), les recomienda hablar con amigos o familiares para desahogar sus angustias.

"La gente debe saber que ahora están a salvo y les sugiero que busquen soporte emocional en otras personas, en la familia, grupos sociales y comunitarios, como las iglesias en sus vecinos, para apoyarse mutuamente", aconseja el experto.

"Si alguien pierde a familiares de repente de una manera tan traumática, como cuando un árbol cae en la casa y mata a alguien, el impacto psicológico es muy grande. Pero no deben necesariamente buscar de inmediato la ayuda de un psicólogo o psiquiatra, necesitan primero el soporte social de la gente que ellos aman", dice Greene, quien agrega: "luego podemos pensar en la intervención psicológica".

En cuanto a los que no perdieron mucho -o nada- pero su vida cotidiana se ha visto alterada por las secuelas dejadas en áreas como el transporte público y la electricidad, el psicólogo le pide tener paciencia y calma.

"Si no perdieron nada, o nadie, son afortunados y deben estar agradecidos por sus bendiciones (...) La gente debe tener autocontrol, y creo que en general hemos visto ese autocontrol. Es remarcable como los neoyorquinos han salido y respondido en el peor de los momentos. Nosotros somos una ciudad muy fuerte y tenemos organizaciones y familias que son nuestra primera línea de defensa", reflexiona.

El mismo consejo va para quienes aún se encuentran viviendo en albergues provisionales sin saber qué futuro le depara a ellos y sus familias, especialmente los más pequeñitos.

"Todos en cierto grado nos estamos sintiendo ansiosos, tristes y traumatizados porque este ha sido un evento muy terrible, pero no debemos asumir que todos deben ir a consejería de inmediato, lo que necesitan es apoyo, sentirse seguros, tener los recursos necesarios y un lugar para recuperarse", enfatiza.

"La gente está ansiosa, y no hay nada mejor para reducir esa ansiedad que compartir sus experiencias con otras personas que también están ansiosas, y darse apoyo mutuo", añade.

Para calmarse luego de este tipo de eventos -dice el psicólogo-, las personas deben saber que estos síntomas van a pasar y que se van a sentir mejor, que este no es un estado permanente. "Sus cuerpos y sus mentes están reaccionando para ayudarlos a enfrentar una situación terrible, pero con el tiempo se sentirán mejor".

En conclusión, el doctor Greene cree que la gran mayoría de los neoyorquinos se recuperará con el tiempo de esta tragedia y no tendrá efectos permanentes ni desarrollará PTSD(*).

*El PTSD es una enfermedad mental, real, que se sufre luego de vivir eventos traumáticos como la guerra, huracanes, violaciones, abusos físicos o un accidente grave. La gente se siente estresada y asustada todo el tiempo, lo que afecta su vida y a la gente que le rodea.

Este artículo se publicó originalmente en El Diario La Prensa.

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