Hace 80 años, la socialité de Los Ángeles se reunió en un popular jardín para tomar cerveza ubicado en la azotea del Italian Hall, un lugar de reunión localizado en la Plaza Olvera, en pleno corazón de la urbe. La ocasión: desvelar "América Tropical", la monumental obra del controversial muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, quien fue comisionado para que reflejara en su fresco de 18 por 80 pies la abundancia de recursos existentes en el Estados Unidos de los años 30.

Cuando el mural quedó expuesto, los asistentes se quedaron boquiabiertos, pero no precisamente por su belleza; no daban crédito a lo que estaban viendo porque lo que tenían ante sí era mucho más que escandaloso: en el centro, la parte más prominente de la pintura, estaba plasmada la imagen de un indígena crucificado. Y en la parte superior derecha estaban dos revolucionarios armados en posiciones de ataque.

Entonces comenzó la odisea del muralista, quien junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco, formó la generación de artistas de este género más importante del México moderno.

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Poco tiempo después de inaugurado, el mural fue censurado, primero los combatientes armados y después toda la pieza. Fue cubierto con una capa de pintura blanca con la que se esperó tapar para siempre el que se consideró un insulto para la sociedad estadounidense de la época.

Siqueiros, quien estaba en México cuando esto sucedió, trató de regresar a Estados Unidos, pero le negaron la visa. En su desesperación, pidió a sus amigos en Los Ángeles que hicieran lo posible por rescatar su obra, pero nada se pudo hacer. "América Tropical" había quedado borrada, se esperaba, para siempre.

"La historia puede ser cruel, pero también puede tener sentido del humor", dijo el martes el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, en referencia a la venganza póstuma de Siqueiros, cuya obra reapareció décadas después luego de que la lluvia y el aire deslavaran la pintura que censuró el mural. "Hoy, 'América Tropical' respira con nuevo espíritu en nuestra ciudad y en el mundo".

Así fue como este martes, 9 de octubre, ocho décadas después de su inauguración, y después de más de 20 años de tortuoso camino de burocracia y retos de ingeniería, autoridades de la ciudad y del Instituto de Conservación Getty, pusieron de nuevo a "América Tropical" a la vista del público.

Con ese acto se marcó la conclusión de un proyecto de 9.95 millones de dólares –6 millones aportados por la ciudad y 3.95 por el Getty– que incluye un refugio con protección para el mural, una plataforma para que el público lo vea y un centro de interpretación que narra con fotografías y otros elementos interactivos la historia de la obra y el proceso de su rescate. Está alojada en la Casa Sepúlveda, una construcción en la Plaza Olvera que data de 1887.

Es desde la azotea de la Casa Sepúlveda de donde se puede ver la grandiosidad de "América Tropical", o lo que queda de él. Un temblor en 1971 dañó parte de su estructura, y químicos de la pintura que intentó borrarlo y elementos climáticos también le hicieron mella. Es por eso que la única opción viable era rescatar los restos, limpiar y reparar meticulosamente lo que quedó para estabilizar la pieza. Hay partes de las orillas del muro que han desaparecido.

De hecho, regresar los colores vívidos que seguramente tenía el mural hubiera sido imposible, dijeron los expertos que asistieron a la inauguración, porque entonces no existía la fotografía a color, y los únicos registros que existen sobre el proyecto original son en blanco y negro. En su restauración trabajó un equipo de arquitectos, químicos, investigadores, conservadores e historiadores.

"Esta fue una labor de amor", dijo Chris Espinoza, administrador general de El Pueblo –como se denomina al área donde está ubicada la casa que aloja el mural–, en relación con los grandes obstáculos con los que se topó el proyecto.

"América Tropical" fue el segundo de tres murales que pintó Siqueiros en Los Ángeles, quien llegó a la ciudad en 1932 como exiliado político cuando tenía 36 años. La obra fue comisionada por F.K. Ferenz, quien administraba el Plaza Art Center del Italian Hall.

En esta ocasión, Tim Wayland, administrador del Getty Conservation Institute, prometió que el mural "no va a desaparecer esta vez".