Un estudio realizado en la Universidad de California parece indicar que la culpa suele ser del usuario, incluso cuando los equipos confunden.

Para el trabajo de campo, realizado por Barry Brown y Allison Primarck, se utilizaron 2 cámaras en el auto para registrar el uso y conducta de los conductores con el GPS. El análisis permitió determinar que en muchos de los casos el responsable era el conductor y no el aparato. Ya sea por ingresar equívocamente la información, o por no seguirla del modo indicado.

Como parte de su informe, Barry Brown indica que el diseño de estos dispositivos está pensado realmente para conductores sumisos con pocas habilidades de navegación. Los problemas aparecen cuando el nivel del conductor o su conducta superan las posibilidades del GPS.

Los estudios sugieren también que es más seguro para el conductor limitarse a las instrucciones sonoras y evitar poner sus ojos sobre el mapa. Probablemente por la cantidad de información visual que ofrecen tanto los GPS como las aplicaciones disponibles en smartphones.

En esta dirección, se realizó un estudio en la Universidad de New Hampshire, donde el profesor Andrew Kun (ingeniería eléctrica y computarizada) trabajó con un simulador de manejo para determinar la frecuencia y duración de las miradas que los conductores voluntarios destinaban al camino y a la pantalla de navegación alternadamente. La duración de 200 milésimas de segundo de las miradas destinadas al dispositivo de navegación es -lamentablemente- tiempo suficiente para afectar la atención en el manejo.

"Las instrucciones por voz, en cambio, hicieron que los voluntarios de prueba llegaran a sus destinos y uno podría argumentar también que éstos manejaron mejor porque mantuvieron mucho más sus ojos en el camino. Aún así, una mayoría prefiere contar con una pantalla de navegación porque de lo contrario sienten ansiedad", indica Kun.

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