Nacimos en lugares remotos entre sí, pero por nuestras venas corre la misma sangre. Somos latinos, somos hispanos. Estamos orgullosos de quienes somos, de la tierra en la que nacimos. Arraigados en nuestras ciudades de origen o echando raíces en Estados Unidos, nunca nos olvidamos de la calidez de nuestra gente, de los pintorescos rincones de nuestros pueblos, del aroma y sabor de nuestros platillos tradicionales, de nuestras costumbres, de nuestra herencia.
Editores y blogueros de HuffPost Voces nos dimos a la tarea de recordar y narrar cómo es el lugar en donde nacimos y crecimos, y cómo es, en algunos casos, extrañarlo. Mira cuánto amor se desborda aquí por nuestra hermosa Latinoamérica.

Gabriel Lerner, Argentina
En la casa donde nací, en un suburbio de Buenos Aires, había una placa recordatoria de mi padre, un cirujano que falleció en aquellos mismos días. La infancia la pasé en el centro de la Capital, en un barrio que era de italianos y judíos, de cines y tiendas de vestir y pizzerías maravillosas sobre la calle Corrientes. Soy argentino, pero también israelí. A los 10 años viajé a Israel y allí me quedé, con un esporádico regreso a mi país natal, por décadas. Y vine a Los Angeles en 1989, siguiendo mi linaje y con algunos de mis hoy cuatro hijos varones. Mi identidad es entonces múltiple, cargada de distintas culturas, idiomas, comidas y las memorias de personajes que poblaron mi vida en todos estos años. Pero mi corazón está en Argentina cuando hablo con algún compatriota aquí en el sur de California, cuando tomo mate o preparo empanadas, cuando alguien canta un tango... Se alegra cuando gana mi equipo de fútbol (Rácing de Avellaneda), ya raras veces. Palpita cuando me entero de los avances del país hacia la prosperidad y la democracia, o sus retrocesos frente a la violencia y los abusos. Y llora cuando, con la imaginación, recorro las calles estrechas de la infancia, mi escuelita, los parques y los otros lugares que quedan en la memoria como apacibles, sonrientes, familiares.
Alberto Sánchez, México
Vivo en una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo. Una ciudad que se está modernizando pero también de grandes contrastes, tolerante pero a veces inoperante. Por un lado construcciones de vanguardia, modernos edificios inteligentes y opulencia; por otro, ciudades perdidas, nuestras favelas mexicanas. Una ciudad para el gay, para el no gay, para el güey, para el que se hace güey, para el que sueña, para el que no tiene ni cama. Una ciudad para el que tiene y para el que no, para el que se cree rico, para el que no es pobre, para el naco, para el chido. Una ciudad plural; de izquierda, derecha y centro. Una ciudad bella, con jardines, museos, restaurantes, antros, changarros, cacharros, a la que alguien se atrevió a llamar la "Ciudad de los Palacios". Yo agregaría a ese apelativo: la ciudad de los topes, del tráfico, de los segundos pisos, de las eternas obras, del metrobús, de los microbuses, de los taxis, de los bicitaxis, de las trajineras, de las garnachas, de las tostadas, de las tortas y quesadillas, del pozole, del chamoy, de la chirimoya, de los chapulines, de las religiones, de los santos, de los pueblos, de los barrios, de las tradiciones, de los mariachis, de los ríos entubados, de las montañas, de los bosques, de los "mols", de los mercados, de los ambulantes, de la fayuca, del Azteca. Pero sobre todo mi ciudad; la de mis hijos y mi esposa, la de mi familia, la de mis amigos, la de mis compañeros de trabajo, la de mis cuates, la que siempre llevo conmigo.
Hirania Luzardo, Cuba
Yo nací en Cuba y viví allí hasta los 22 años. Cuba me sigue doliendo con alegría, pues regresar a mi país me tomó más de una década. Esta foto es cuando tuve el privilegio de volver junto a mi madre y a mi hija. A mis 43 años ya soy resultado de muchas influencias culturales, pero sigo conservando mi esencia como cubana. Adoro que mi hija pueda decir que es cubana y mexicana, me deleito en mi preferencia por la pasta en vez del arroz con frijoles, pero me sigo muriendo por un cafetito cubano en la mañana o un guarapo con la mejor caña de azúcar. Cuba me duele porque casi no la visito, porque mi futuro e incierto regreso está condicionado por situaciones ajenas a mi voluntad, porque sigo soñando con la casa donde nací a pesar de haber tenido muchas otras en mi vida, porque allí vive el recuerdo de mis abuelos que murieron y que amaron Cuba con devoción aún cuando no eran cubanos, porque allí está mi padre que después de recorrer el mundo considera que es el mejor lugar para vivir. Y como dicen, para mí es Cubita la bella.
Dra. Nancy Alvarez, República Dominicana
Nací en Santo Domingo. Soy dominicana como el merengue y como Juan Luis Guerra. Viví casi toda mi vida ahí. Me casé y tuve una hija. Años después, ya divorciada y con ella, me mudé a San Juan, Puerto Rico. Después de dos años y medio me fui a Miami, en donde viví hasta 1995. Regresé a mi país, pero como nos pasa a los que emigramos, añoraba el orden de USA, las oportunidades, etc. Volví a Miami en 2002 y sigo ahí hasta el día de hoy. Por 11 años he vivido en USA, actualmente soy ciudadana americana, pero cada día añoro mi país de origen, como todos los emigrantes. Amo este país y estoy casi segura que aquí nacerán mis nietos, pero me siento ser también dominicana y me duele todo lo que pase en esa media isla. Dejé mi tierra natal por las pocas oportunidades que veía en el futuro para mi hija, además de mi gran anhelo de educar a los latinos en la TV como lo había hecho en R.D. Extraño mis amigos, mi familia, mi merengue, mi malecón y mi mangú. Después de casarme con el Dr. Álvaro Skupin voy una semana al mes a R.D. porque tenemos negocios allá. Esto me hace muy feliz porque he podido recuperar un contacto más cercano con mis costumbres, mis amigos, mi familia, mi comida, con todo lo que añoramos los que hemos dejado nuestro país atrás.
Marinés Arroyo, Puerto Rico
Tengo 12 años fuera de mi isla, Puerto Rico. Me despedí momentáneamente y emprendí camino a otro destino también tropical, Miami, con el fin de culminar mis estudios para un día regresar. Nací en Ponce, la segunda ciudad más grande de la isla después de su capital, San Juan. A partir de los cinco años mi familia se trasladó a Jayuya, un pueblito campestre lleno de montañas, árboles y ríos ubicado en el centro de la isla. Soy orgullosamente jayuyana. Allí me espera siempre mi gente, mi familia y amigos y los manjares de mis padres. Allí me acuesto con el cantar del coquí, y despierto con el kikirikí de gallos a veces desentonados. Hoy, después de comenzar mi propia familia 'al otro lado del charco', mi casa ubicada en otra latitud, añoro día a día los sonidos del campo, y agradezco mucho la libertad de poder regresar, ahora con mi hijo, al menos una vez al año.
Victoria Infante, México
Yo creo que mis padres me concibieron una noche en que estaban escuchando mariachi y tomando tequila... Bueno, no exactamente. Mi mamá no toma y a mi papá solo le gusta el brandy. El caso es que a mí me vuelve loca la música ranchera y el olor a tequila --ojo, solo el olor, aunque de vez en cuando me echo unos cuantos sorbos-- me transporta de inmediato a mi tierra. Sí, soy de la ciudad más mexicana, si es que se pueden poner niveles a eso de la mexicanidad. Nací en Guadalajara, cuna de las tortas ahogadas, el tejuino, la carne en su jugo, las escamochas... La Perla de Occidente me vio crecer hasta los 26 años, cuando decidí que quería norte. Pero sigo siendo tapatía hasta las cachas. La mejor fotografía que pueden escuchar sobre ella es 'Guadalajara', acaso la canción más bella que sobre mi terruño escribió Pepe Guízar; pero de cualquier manera aquí les dejo su mayor emblema, las torres de Catedral.
Miguel Ferrer, Puerto Rico
Nunca olvido de donde soy, pues sin haber comenzado allí -- títere de Santurce, playero caribeño, hijo, nieto, hermano, primo y amigo de figuras míticas -- nunca hubiera llegado al día de hoy donde soy feliz, querido y enamorado. Llevo mi querido Puerto Rico en la sangre, en el alma, en la risa, en las caderas. San Juan + San Francisco + San Juan + Ithaca + Nueva York + Rio de Janeiro + San Juan + Nueva York + Mac + 43 años = Cayetano. Ya no se trata de donde vengo, ahora se trata de hacía adonde vamos.
Mandy Fridmann, Argentina
"Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?", dice Astor Piazzola, y de solo escuchar el sonido de un bandoneón se me "pianta un lagrimón". Vivo hace 12 años en Estados Unidos, pero soy argentina hasta la médula, argentina como el mate, como los asados con amigos. Nací en Buenos Aires y me siento orgullosamente porteña. Ser argentina en el exterior a veces no es fácil pues nos hemos bien ganado una famita no grata de pedantes y agrandados. Decimos que Dios es argentino y nació en Recoleta, pero la verdad es que está en nuestros corazones, en donde aprendemos que la familia es lo más importante y que, ¡a "la vieja" [mamá] nadie la toca! Somos un pueblo orgulloso porque nos llena de orgullo unirnos cuando alguien lo necesita. Porque pese a la violencia que está insertada en nuestra sociedad siempre habrá alguien que te dé una mano. Somos metidos porque queremos ayudar y somos capaces de arreglar los males del mundo con un café y una charla. Desde la parte de arriba de América no dejo de pensar en el último lugar en el mundo donde están los míos, donde siempre estará mi casa y donde sueño que algún día mi hijo grite en un Mundial: "¡Argentina, Argentina!".
Lourdes González, México
La Torre Latino me encanta porque es un edificio emblemático que se inauguró en 1956 y habita en el Centro de la Ciudad de México. Es muy cercano a mi casa, llego en 20 minutos, sólo me transporto en el Metro de la línea azul y me bajo en la estación de Bellas Artes. Este edificio es muy representativo para mí y para mi familia, porque aquí empezó la historia de cuando mis padres se conocieron. Mi papá trabajaba en el piso 31 de esta torre y mi mamá en una tienda de abarrotes de la calle Juan de Letrán. Mi mamá me contó que papá iba todos los días a la tiendita a comprar su <em>Orange</em> y que se quedaba mirándola mientras ella atendía a las personas, pero que no se atrevía a hablarle, hasta que se animó y la invitó a ver la ciudad desde el mirador del piso 44, donde está la terraza de la Torre Latino. Hasta hoy, cada vez que paso por ahí, le doy gracias al edificio por ser cómplice del amor de mis padres y de haberlos enamorado con sus vistas panorámicas de esta gran ciudad.
Lizza M. Rivera, Puerto Rico
Aunque nací en Santurce me siento hija de Arecibo. Una ciudad rodeada de las mejores playas de Puerto Rico y del mundialmente famoso Observatorio de Arecibo, operado por la Universidad de Cornell, lugar que ha sido escenario de muchísimas películas. Los arecibeños somos amables, simpáticos, todos somos una gran familia donde nos conocemos por sus nombres y apellidos. Nuestras alegrías son de todos y los malos momentos son compartidos. Heredé de mi familia, que se distinguió en la industria de radio y las comunicaciones, la pasión por mi profesión. De mis abuelos adquirí el orgullo a mi cultura y de mi madre saqué el tesón para luchar, el amor a los estudios, al trabajo y mi fe. En Arecibo descasan los restos de mis antepasados. De ahí viene mi esencia como hispana, mis raíces me acompañan siempre y me sirven como fortaleza desde hace 14 años cuando decidí expandir mis horizontes para seguir creciendo profesionalmente. Mi alma seguirá siendo de la ciudad del cetí. ¡Soy orgullosamente puertorriqueña!
Betti Ortega-Roderick, México
Soy originaria de la Cuidad de México, donde nací y crecí; en el DF fui a la escuela y a la universidad. En 1999 vine a trabajar a Estados Unidos a través de una oferta laboral de la compañía con la que trabajaba en ese entonces. Actualmente vivo en Hoboken, Nueva Jersey, con mi familia. Sí extraño mucho México; mi familia está toda en México, tengo también muchos amigos que están allá y procuro ir a visitarlos tres, o cuando se puede, cuatro veces al año. Cuando estoy en México me siento como en otro canal; la energía del país y del DF, de la gente, es diferente; me gusta lo bueno y lo malo: la comida callejera y el tráfico, escuchar los diferentes acentos, las modas y el estilo de vida. Pero considero que Estados Unidos es también mi casa. Aquí es donde vivo, donde esta mi familia, donde también he hecho amigos y donde tengo un trabajo que me permite utilizar mis habilidades, mi cultura y mi lenguaje.
Zuania Capó, Puerto Rico
Nací y crecí en la capital de Puerto Rico, San Juan, pero mi familia proviene de dos de los pueblos más hermosos de mi isla, ubicados en extremos opuestos. Esa "distancia" (aunque en Puerto Rico nada es demasiado lejos), me permitió disfrutar de todos sus muchos encantos. Desde los colores vibrantes y ambiente de fiesta, del Viejo San Juan, el hermoso paisaje montañoso de Guavate y el extenso lago Carite en Guayama (al sur), hasta la magnificencia del mar en todo su esplendor, en Mar Chiquita, Manatí (al norte). Fui bendecida al poder criarme además rodeada de una familia apasionada por la cultura, y orgullosa en gran manera del lugar que los vio nacer. Nos transmitieron a mi hermano y a mí ese mismo sentimiento, el cual llevamos con nosotros a donde sea que vamos. Esa seguridad de saber quién soy y de dónde vengo me dio la fortaleza para emprender vuelo y mudarme a lo que llamo "mi segunda isla", la ciudad de Nueva York. El lugar donde he podido desarrollar mi carrera profesional, ser expuesta a nuevas experiencias, y gozar de una gran diversidad. Sin embargo, al final del día, y muy profundo en mi corazón, sé que como dice una famosa canción puertorriqueña, "un día volveré, a buscar mi querer, a soñar otra vez, en mi Viejo San Juan".
Sonia Ramírez, México
Para los del Distrito Federal soy "sateluca" -- por vivir más allá de los linderos de las Torres de Satélite, el símbolo más predominante del Estado de México. Sí, desde niña he vivido muy, muy al norte de la capital del país, y eso me ha obligado a recorrer la ciudad de extremo a extremo para visitar sus estadios de fútbol y sus foros para conciertos. Y claro, las distancias son largas, pero es así como he aprendido a amar este bello lugar, a disfrutar cada uno de sus imperfectos rincones. Aquí, en medio de barrios antiguos y complejos con construcciones modernas, entre coloridos tianguis en donde se comen deliciosas garnachas y en donde se encuentran todo tipo de chácharas, rodeada de folclor urbano que va desde malabaristas en los semáforos hasta aspirantes a cantantes en los camiones, es en donde me muevo feliz y en donde tengo a la gente que más quiero. Soy producto de la mescolanza cultural que se respira en esta tierra, soy hija de una sociedad que se niega a olvidar sus raíces pero que también abraza la herencia de otros muchos países. Soy, quizá, tan abstracta e indescifrable como esas cinco torres prismáticas.
Annietere R. Bonnet, Puerto Rico
Nací en Arecibo, Puerto Rico, una hermosa ciudad costera del norte de la isla conocida como La Villa del Capitán Correa y donde está ubicado el radiotelescopio más grande del mundo. Aunque ya hace doce años que salí de mi preciado terruño sigo adorando con el corazón a mi pueblo y mi gente, ellos son mi mayor herencia. No saben cuánto añoro mis amaneceres bañados con las olas del Atlántico, la brisa y el salitre acariciando mi rostro así como el disfrutar de esas caras lindas de los personajes que nos distinguen como pueblo. Es como un retrato que ha quedado tatuado en mi alma para siempre. Sin planificarlo la vida me llevó a emigrar a Miami. Aunque pude adaptarme al estilo de vida de la ciudad del sol y el éxito me ha visitado en muchas ocasiones, no pasa un día que no sienta el vacío que provoca el no estar con los míos. ¡Arecibo soy yo! Ahí están mis raíces. De ahí viene mi dinastía, mi educación, mis valores, mi religión, mi pasión por la política, mi lado humanitario, mi liderato, el gusto por el arte, los sabores de mi paladar, mi coquetería, mis amores, mi idioma, mi gente. Sueño algún día regresar a mi islita a respirar ese aire borinqueño que oxigena mi alma y volver a caminar por esas calles que dentro de su historia estoy yo.
Grissel Martínez, México
<a href="http://voces.huffingtonpost.com/grissel-martinez/estoy-muy-orgullosa-de-mi_b_1544435.html">Nací en la Ciudad de México</a> y hasta los 8 años viví allí. Mis padres decidieron que nos mudaríamos a Estados Unidos, pues querían darnos un mejor futuro. Primero nos ubicamos en San Diego, California, donde permanecimos hasta que tuve 14 años, y luego viajamos a Utah, ya que ahí teníamos una tía y varios primos, y mis padres querían que estuviéramos cerca de nuestra familia. Mi familia es maravillosa. La presumo. Mis padres son los dos pilares que nos dieron a mi hermano y a mí valores para el resto de nuestras vidas. Siempre nos inculcaron que estuviéramos orgullosos de nuestras raíces mexicanas. Si no hubiera sido porque siempre nos hablaban en español, hubiéramos perdido el dominio de nuestro idioma. Mi mamá siempre nos cocinó comida mexicana, así que en casa devorábamos chilaquiles, taquitos, pozole, sopa azteca, etc. Mi papá es un hombre que me enseñó el valor del trabajo. Llegamos con pocos recursos a San Diego pero mi papá con su esfuerzo y trabajo logro armar una compañía de transporte, y luego, en Utah, montó un <em>dealers</em> de autos. Amo a mi familia más que a nada en el mundo. Son todo para mí. A México solo he vuelto una vez, cuando tenía 14 años, por unas vacaciones, y en este momento estoy ansiosa de volver y ver a mis primos que viven en la Ciudad de México. A pesar de que he vivido casi toda mi vida fuera de México, mi papá y mi mamá han sido el hilo conductor que no han permitido que ni mi hermano ni yo perdamos los valores y el conocimiento de nuestra cultura mexicana. <a href="http://voces.huffingtonpost.com/grissel-martinez/estoy-muy-orgullosa-de-mi_b_1544435.html">Lo digo con orgullo. Yo soy mexicana</a>.
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Publicado: 19/09/2012 20:26 Actualizado: 20/09/2012 19:27