La historia de Lou Gehrig

** Hijo de inmigrantes alemanes muy pobres, vio morir a sus cuatro hermanitos.

** Y ya moribundo él mismo, dijo...: “Soy el hombre más feliz sobre la faz de la tierra”.

CORAL GABLES, Florida (VIP WIRE).- Hace ahora 85 años, terminaba la temporada de Grandes Ligas más recordada en la historia. En septiembre de 1927, el mundo del beisbol se declaró asombrado por los logros de los Yankees. “The New York Times” tituló en una edición de octubre de 1927...: “Jamás se jugó al beisbol como el club de Nueva York de este año”.

Y aún ahora, para la mayoría de los historiadores, aquel ha sido el mejor róster de todos los tiempos, encabezado por Babe Ruth y Lou Gehrig.

Los Yankees del `27 ganaron 110 juegos de los 154 que formaban el calenadario de la época. Segundos fueron los Atléticos, entonces de Philadelphia, quienes quedaron a 19 juegos, con 91-63.

Y en la Serie Mundial (no había playoffs) despacharon a los Piratas en cuatro juegos.

Fue la temporada en la cual Ruth, tercero en la alineación, impuso su record en una temporada de 60 jonrones, tan recordado por todos los fanáticos. Pero muy pocos se han enterado de que Gehrig, no obstante batear después del Babe, en el cuarto puesto, impulsó 175 carreras, Babe Ruth 164. Además, Lou sacó otros 47 jonrones.

Si Ruth fue inmortalizado en Cooperstown, especialmente por su record total de 714 jonrones, hasta Hank Aaron, 755, Gehrig lo fue porque apareció sin descanso en 2,130 juegos y por haber sido el primera base más completo hasta hoy. Un año después de muerto Gehrig, en 1942, Gary Cooper lo encarnó en una película titulada “The Pride of the Yankees”, estrenada en 1942. Este film se considera de lo mejor hecho en cine acerca del beisbol.

El record actual de cuadrangulares de por vida es de Barry Bondd, 762; y el de juegos consecutivos, de Cal Ripken, 2,632.

Gehrig fue uno de los cinco hijos de una pareja de imigrantes alemanes tan pobres, que la madre era sirvienta y el padre conserje. Nació Lou en pleno corazón de Manhattan, en uno de los apartamentos del edificio 309 este, de la calle 94. En el frente a este inmueble develaron una placa en 1991, como homenaje para siempre al viejo Yankee.

Los cuatro hermanitos de Lou Gehrig murieron de niños, y él murió muy joven, 17 días antes de cumplir sus 38 años de edad, el dos de junio de 1941.

Por cierto, el mal que lo mató no se conocía entonces ni en los mejores hospitales del mundo. Lo que le diagnosticaron fue “un extraño tipo de cáncer en la sangre” que le destrozó todo el cuerpo día tras día. Ahora se le conoce científicamente como “amyotrophic lateral sclerosis”. Pero popularmente se le llama “el mal o la enfermedad de Lou Gehrig”.

Gehrig supo que estaba enfermo en la tarde del dos de mayo de 1939, cuando aún no había cumplido los 36 años de edad. Era el día cuando hubiera alargado su cadena de apariciones consecutivas a dos mil 131 juegos. Esa vez, difícilmente podía exhibir su permanente y bonachona sonrisa.

Arrastrando los pasos, movió su cuerpo de seis pies y 200 libras de muchos músculos, se acercó al mánager Joe McCarthy, y le dijo...:

“Señor, no puedo jugar hoy”.

McCarthy quedó asombrado. Había disfrutado a Gehrig el año anterior con su promedio al bate de 295, 29 jonrones y 114 carreras puestas en home.

“No puedo, señor. Me siento tan mal, que me resulta imposible ofrecer lo que esperan de mí los fanáticos, la organización, y mis compañeros”.

Llorando como un bebé fue a reclinarse en un extremo del dugout en Yankee Stadium. Y ya no jugó más. Nueve semanas después, el cuatro de julio, Día de la Independiencia de Estados Unidos, lo despidieron en la casa de los Yankees ante 75 mil espectadores, que era la mayor capacidad del viejo parque.

Pero si fue espectacular la carrera de 17 años de bigleaguer de Lou Gehrig, y notable su retiro, también ha resultado histórico el comienzo de esos juegos sin descanso.

Después de dos períodos de prueba arriba y dos viajes a las menores, Gehrig comenzó la temporada de 1925 con los Yankees. Pero en el banco. Un caballero llamado Wally Pipp era el primera base estelar de los Yankees.

Ocurrió que el primero de junio de ese año ´25, el mánager, que entonces era Miller Huggins, envió a Lou de emergente. El muchacho conectó doble y anotó poco después la carrera de la victoria.

Aún cuando los planes de Huggins eran mantenerlo en el banco, por novato, no pudo. Ese fue el juego número uno de sus 2,130 consecutivos, porque al día siguiente Pipp le dijo al mánager que no podía jugar porque le dolía la cabeza. Por él mandaron a Gehrig a primera, y todo lo que hizo fue despachar jonrón, sencillo y doble, impulsar tres carreras y anotar dos, en victoria de 4-3.

Desde luego Wally Pipp perdió su sitio en la alineación y fue vendido a los Rojos por 7,500 dólares, antes de comenzar la temporada siguiente, de 1926.

Toda la vida de Lou Gehrig fue espectacular. E igualmente su final. Ningún discurso en un estadio de beisbol es tan recordado como el suyo de la despedida, cuando iba muriendo irremediablemente día tras día.

Ese cuatro de julio en la tarde, cuando lo anunciaron, caminó con dificultad, pero elegante como siempre, desde el dugout de primera base hacia el micrófono, frente al home-plate. Y comenzó diciendo...:

“Hoy soy el hombre más feliz sobre a faz de la tierra”.

Tuvo que esperar largos segundos para seguir con sus palabras, porque Yankee Stadium parecía haber estallado, gracias al estruendo de la ovación y de las aclamaciones.

Esa tarde, por primera vez en la historia, se retiró el número del uniforme de un bigleaguer, el cuatro de Lou Gehrig.

Hace ahora 85 años de los Yankees de 1927, pero aquella campaña de Grandes Ligas, más Lou Gehrig y más Babe Ruth, son recordados en el ambiente del beisbol como noticias del día cada día.