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Adolfo Luque, a 100 años de su debut profesional: 'Bigleaguer' con figura de actor

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Adolfo Luque, Papá Montero, quien invitó a desayunar para que su entrevista quedara mejor.
Adolfo Luque, Papá Montero, quien invitó a desayunar para que su entrevista quedara mejor.

** Adolfo Luque fue el primer latinoamericano en una Serie Mundial.-

** En México, Luque le enseñó cómo tirar la curva a Sal (El Barbero) Maglie.

** Apenas llegó a Puebla como mánager, se enamoro y se casó con una poblana.


CORAL GABLES, Florida (VIP-WIRE).- Los cubanos del beisbol en Cuba y en todo el mundo, deberían celebrar en este 2012 los 100 años de la aparición en la pelota profesional, del “Orgullo de La Habana”, Aldolfo Luque.

Porque fue en 1912, cuando Adolfo, con más tipo de actor de cine que de bigleaguer, entonces en sus 22 años, fue presentado en la sociedad del espectáculo por el Club Fe, de La Habana. Como se acostumbraba por aquellos años, especialmente en nuestros países, era pitcher, pero también muy buen bate, por lo que a menudo lo utilizaban en otras posiciones.

Durante la Primera Serie del Caribe, en febrero de 1949, me presentaron a Adolfo en el estadio del Cerro, La Habana. Y ante la solicitud de una entrevista, respondió...:

“Me imagino que no vas a venir desde tan lejos para entrevistarme entre saludos, abrazos y otras interrupciones lógicas por mis amigos. Te invito a desayunar mañana”.


Y desayunamos en el hotel Sevilla Biltmore, en pleno centro habanero. Me dijo...:

“Ese cambio de 1912 fue notable para mí. Imagínate, de jugar como aficionado pasar de pronto al profesional. Por muy buen beisbol que fuera el uno, el otro era algo diferente. Y apenas dos años después, en 1914, sufrí otro traslado importate a una vida profesional, cuando me ví de pronto uniformado con los Bravos (que entonces eran de Boston)”.

A la pregunta lógica, respondió...:

“No... No me sentí nervioso ni asustado, quizá porque no tenía tiempo. Me dedicaba a aprender viendo a los otros lanzadores”.

Figuró en 20 temporadas de las Mayores con cuatro equipos, y comenzó como frecuente relevista y ocasional abridor. En 1919 cuando jugaba con los Rojos, fue el primer nativo de Latinoamérica en una Serie Mundial. Ese hecho resultó doblemente histórico porque le tocó enfrentar a los Medias Blancas, que se convirtieron en Medias Negras en ese octubre, porque ocho de ellos se vendieron a los apostadores.

En 1923 se convirtió en parte de la rotación de los Rojos, y respondió encabezando la Nacional en victorias (27) y en efectividad (1.93). Además tiró seis blanqueadas.

En 1933, cuando ya jugaba para los Gigantes, volvió a figurar en la Serie Mundial, y resultó un héroe porque lo llamaron a relevar el quinto juego frente a los Senadores, tiró puros ceros en 4.1 innings hasta el décimo, porque fue extra-innings, se acreditó la victoria y esa fue la tarde final del Clásico.

Luque fue un personaje muy interesante, fiero competidor, cordial amigo, con la alegría propia de la mayoría de los cubanos, y le gustaba oír chistes. Incluso, solía pedir que le contaran una vez más algunos de los que ya había oído.

Después de nuestro primer encuentro en La Habana, cuantas veces nos vimos, me pedía...:

“¡Cuéntame otra vez el del novato que se bañaba con agua fría!”.

O sea, el del novato jovencito y latinoamericano, que después de sus primeros entrenamientos se metió bajo la ducha, y salió de pronto temblando. Un coach que lo vio le advirtió...:

“¡Pero bueeeno muchacho, abre la llave que tiene la hache!”.

“¡No hombre!, si la de la ce de caliente está fría, la de la hache es helada”.

Aldolfo ha sido de los peloteros con más sobrenombres. Además de el Orgullo de La Habana, también lo llamaron Papá Montero, Zorro Plateado, Habana Perfecto, El Polaco y, en Cincinati, Cuban Whitey.

Terminó su carrera de bigleaguer con 194-179, 3.24.

“Sí estoy satisfecho con lo que logré en Grandes Ligas” le oí decir durate aquella entrevista, “porque solo soñé desde niño con jugar beisbol profesionalmente y llegar a Grandes Ligas. Pero pude ir más allá con mis apariciones en las Series Mundiales y al terminar con record positivo, lo que no pueden muchos”.

Durante sus úlimos años en el beisbol, fue mánager-jugador en Cuba y en México. En Mexicali lo recuerdan por el título que ganó allí en 1950, y en Nuevo Laredo, especialmente los dos campeonatos que obtuvo con los Tecolotes en 1953 y 1954, mientras que en Cuba fue una de las más grandes figuras del Almendares.

En México contrajo matrimonio con una linda poblana, y también dirigió equipos en Puebla, Jalisco, Veracruz y Yucatán.

Y fue en México donde Luque le enseñó a Sal (El Barbero) Maglie, cómo tirar la curva, con la cual logró tantos éxitos en la Liga Mexicana y más tarde en Grandes Ligas.

Adolfo Luque murió en La Habana el tres de julio de 1957, cuando estaba a 33 días de celebrar sus 67 años de edad. Su corazón, quizá agotado por tantas emociones, por tantos días felices, por las duras presiones y por el mucho viajar, se negó a seguir ayudándolo.

El mundo todo de beisbol se conmovió, y en su memoria se guardaron segundos de silencio antes de los juegos del día siguiente en Milwaukee, donde estaban entoncs los Bravos, en Cincinnati (Rojos), en Brooklyn (Dodgers) y en Manhattan (Gigantes).

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