“No lo tomes personal”; “Te digo esto porque me preocupa”; “Quiero decirte una crítica constructiva”. Por buena que sea tu intención de ayudar a alguien o la de alguien por ayudarte a ti, estas afirmaciones tienen algo de falsas. En primer lugar, ¡claro que es personal! La crítica va dirigida a una persona. En segundo lugar, la segunda frase es como para suavizar lo que viene y pone al otro a la defensiva en seguida. En tercer lugar, no existe la crítica “constructiva”, al menos hasta que el criticado ve una forma de mejorarse gracias a la crítica.

La crítica es crítica y molesta; la rechazamos espontáneamente. Generalmente no dejamos al otro ni terminar de hablar cuando empezamos a defendernos y a discutir. Tampoco tenemos mucha habilidad para criticar y que el otro escuche sin incomodarse. Necesitamos valor para dar y recibir la crítica. Siempre suena negativa y estamos a la defensiva contra ella por muchas razones.

Sabemos que tras la crítica puede haber una agenda oculta de quien la dice para conseguir sus propósitos personales, y no precisamente para que mejoremos.

  • Amenaza nuestra identidad.
  • Puede terminar en confrontación si es demasiado negativa, o no se dice de la manera adecuada.
  • Tendemos a ver lo que nos dicen como bueno o malo; no de una manera neutral.
  • Tenemos miedo al rechazo, a la exclusión y al abandono o pérdida de conexión con motivo de la crítica.
  • La mente humana está programada con un sentido de jerarquía y de autoridad legítima. Si nos critica alguien a quien no le reconocemos como autoridad y o persona calificada para opinar sobre lo que nos dice, nos da más ira, la resistimos, la resentimos y ni la consideramos.

La crítica específica y bien dirigida es esencial para crecer y mejorar profesional y personalmente. El problema es que nos molesta que nos critiquen voluntariamente, no importa el tono en que lo hagan. La crítica voluntaria produce disgusto y se descarta desde que empieza. Somos un poco más receptivos a la crítica si nosotros la pedimos.

¿Cómo escuchas una crítica?

  • Respira hondo.
  • No hables mucho mientras escuchas.
  • Considera que la crítica te expone a ti ante ti mismo, y tal vez te muestra algo que tú nos has notado y merecen modificarse.
  • Admite los beneficios y desecha lo que te desagrada.
  • Observa los sentimientos detrás de tu resistencia a la crítica, para que no interfieran con el aspecto positivo de lo que estás escuchando.

¿Cómo criticas de manera que el otro se incomode menos?

  • Nunca ofrezcas críticas si no te las piden, a menos que seas padre, maestro o supervisor en una empresa. Hay roles que nos obligan a criticar sin que se nos solicite. Cuando la persona que te pidió tu crítica se empiece a molestar (puede ocurrir), recuérdale que él o ella te la solicitó.
  • Pide primero la opinión de la persona a quien vas a criticar, sobre el asunto del que vas a hablar. Luego traes tu punto de vista.
  • Asegúrate de que la persona te reconoce como autoridad o como alguien apto para darle una crítica. La gente no recibe bien las críticas de los que perciben como iguales o no cualificados.
  • Distingue si tu crítica es válida o refleja tus propias necesidades.
  • Nunca digas una crítica cuando estés enojado. La ira enajena al que te oye. Expresar tu decepción es más efectivo.
  • Tienes que saber a quién le hablas. Los narcisitas toman cualquier crítica como ataque personal y pierdes tu tiempo y tu energía. Los inseguros pierden auto estima y te vas a enfrentar a un drama.
  • Conócete. Si a ti no te afectan las críticas, cuídate de no lucir insensible cuando las digas a otros.
  • Espera que la persona reaccione a la defensiva, de primera intención. El cambio ocurre después que la ella asimile tus palabras y adopte lo que le conviene.
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  • <strong>2.</strong> Creen una dinámica de trabajo de equipo. Involucren a sus hijos según las edades.

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  • <strong>4.</strong> Compartan las tareas del hogar a base de lo que a cada cual le disgusta más hacer, de manera que cada cual haga lo que menos le disgusta. En la casa hay tareas que disgustan a todos, pero hay que hacerlas. Altérnenlas. El propósito es que se completen las tareas, sin que ninguno de los dos se sienta recargado ni abrumado.

  • <strong>5.</strong> Observen en qué gastan el dinero y decidan asignar una cantidad para contratar a alguien que limpie la casa. A veces gastamos $60 o $70 sin darnos cuenta. Invertirlos en alguien que limpie la casa redime las energías para cosas más importantes.

  • <strong>6.</strong> Echa a un lado la vieja idea de que tu esposo, "hombre al fin", no tiene la habilidad para hacer las cosas como tú las haces. Arriésgate a que las haga. Celébralo cuando lo haga bien e instrúyelo (no te burles ni regañes) para que lo haga mejor.

  • <strong>7.</strong> Escucha sugerencias. Muchos hombres son buenos en logística y en simplificar tareas.

  • <strong>8.</strong> Comparte las decisiones y recibe nuevas ideas. A tu pareja le va a gustar participar en todo (que es la verdadera vida de pareja) y quién sabe de cuánta carga te puedes liberar).

  • <strong>9.</strong> Invítalo a coordinar sus salidas contigo o las familiares, hacer reservaciones y resolver detalles, en vez de hacerlo tú. Sugiere opciones específicas y dale seguimiento, pero déjale a él las gestiones.