Durante casi 40 años, Angelita Riquemel no ha dejado de suministrar paquetes a sus familiares en Cuba. No ha podido comprarse una casa en Estados Unidos; no sabe lo que es conducir un auto nuevo; nunca ha vestido una ropa de marca y en los ardientes veranos del sur de la Florida quita el aire acondicionado para no pagar más por el consumo eléctrico. Trabaja en una fábrica de ropa en el noroeste de Miami, y gana siete dólares por hora.

Todos los esfuerzos de Angelita son para ahorrar dinero y envíarselo mensualmente a los suyos en la isla.

Ella sabe lo que es pagar 25 dólares por transportar una libra de ropa a Cuba.

Pero ahora, dice, está en la gloria porque apenas le cobran 11 dólares, gracias a las diferentes opciones que han surgido recientemente. Riquemel, como cientos de cubanos exiliados en Miami, creen que la reanudación de los envíos marítimos a la isla caribeña -cuya primera carga salió hace una semana del puerto de Miami, en el barco nombrado "Santa Cecilia", después de medio siglo- ya está creando competencia para el lucrativo negocio de las agencias de envíos.

Más que nada, los nuevos envíos ponen en evidencia un negocio clandestino, subterráneo y lucrativo: el conocido como el de las "mulas".

Las "mulas" han existido desde la década del 70, sin embargo han tomado más auge desde que el presidente Barack Obama eliminó las restricciones para que los cubano-americanos pudieran viajar con cantidades ilimitadas de dinero y más flexibilidad en el contenido y el peso de sus equipajes.

Las "mulas" cargan paquetería a cambio de que le paguen el boleto de avión. Reciben las mercancías de otros cubanos radicados en Miami, y cobran entre 15 y 18 dólares por libra. Al llegar a la isla, entregan el cargamento a otros extraños, quienes se dedican a distribuir los encargos.

El sistema de las "mulas" ha funcionado casi a la perfección. Según reportan, el soborno con dinero o mercancías a las autoridades aduaneras es otra de las características, por lo que logran entrar valijas repletas de ropa, comida, electrodomésticos y hasta cientos de miles de dólares, de una red de negociantes en el sur de la Florida.

Angelita compartió con HuffPost Voces que desde hace cinco años no usa agencias y prefiere a las "mulas" porque cobran uno o dos dólares menos que aquellas y van directo hasta la casa de sus sobrinos.

"Yo nunca me he puesto una ropa de marca, pero mis sobrinos son locos por todo eso de Gucci y Dolce & Gabanna. Yo les compro carteras y espejuelos falsos de esas marcas y allá piensan que son de verdad, los usan o incluso los venden y hacen un dinerito extra. Ellos [las "mulas"] saben que hay una necesidad y que la gente aquí tiene nostalgia, dolor de que su familia en Cuba no tenga qué comer. Entonces, a ti no te importa pagar veinte dólares si sabes que vas a a mandar un paquete de leche en polvo. Yo no los veo como negociantes; claro, se ganan su dinero, pero también resuelven un problema", dice Angelita Riquemel.

"Pero también están las mulas que engañan, a mí me ha pasado que he mandado cosas y dice que se las quitan al llegar a Cuba y resulta que las regalan o las venden. Eso sí me molesta. Lucrar con uno que es pobre, no se vale", añadió.

Convertirse en "mula" se ha convertido en el negocio perfecto y oculto de cubanos recién llegados de la isla, quienes en su calidad de supuestos refugiados políticos reciben del gobierno estadounidense ayuda económica, cupones de alimentos y hasta dinero, y cada dos o tres meses, vuelven a Cuba con un boleto gratis que le entrega un negociante de esta red.

Enrique del Llano es graduado universitario, llegó a Estados Unidos a través de una reclamación de matrimonio. Estuvo empleado como vendedor de autos por dos años, pero descubrió que llevando paquetes a Cuba gana más por mes y puede también ver a su familia.

"En el dealer donde trabajaba a veces no ganaba ni 200 dólares por semana, las ventas estaban muy malas, y ahora voy cada tres meses. Veo a mi mamá, papá, sobrinos, les llevo dinerito a cambio de vender las libras que me permiten a mí", compartió con HuffPost Voces.

Entre un porcentaje significativo de cubanos exiliados, especialmente aquellos que llegaron con una educación universitaria y a quienes se les ha prohibido el regreso por razones políticas, hay inconformidad por el negocio de las "mulas".

"Yo hace 20 años que estoy en Estados Unidos y no puedo entender que si te dan asilo político tú regreses a los dos meses a Cuba a llevar cosas. Entonces tú no tienes problemas políticos, tú eres un exiliado económico y por eso sí deberían quitar la Ley de Ajuste Cubano" [que permite a cubanos que hayan llegado legalmente o a quienes califican por razones políticas solicitar la residencia permanente a Estados Unidos], opinó Julieta Pérez, productora de televisión y quien abandonó su país a través de una solicitud familiar de su padre.

"Y yo aquí en Miami estoy pagando mis impuestos para que esas 'mulas' no trabajen, vivan de un cheque del desempleo y encima vayan a Cuba a pasarla bien y a hacer alarde de que aquí se vive muy bien. Lo que debían de hacer es quitarles la residencia y que no se puedan hacer ciudadanos", explicó a HuffPost Voces.

El Español, una sucursal con varias oficinas de envíos en Miami, podría ser una de las agencias que abarate sus precios ante la competencia generada por el "Santa Cecilia". Una de sus empleadas, y quien prefirió mantener el anonimáto, dijo:

"Nosotros no hemos cambiado los precios, pero se espera que sí, obviamente ese barco es más económico, pero también más demorado, ya sabremos en que para este dichoso negocio".

Esta agencia desde hace un mes rebajó sus tarifas y ahora cobra a ochos dólares por libra, no importa si de comida o ropa. Toma hasta 10 días laborables la entrega en el interior de la república y de tres a cinco días si es en la capital cubana.

No hay cifras oficiales sobre cuánto dinero entra a Cuba por el concepto de las "mulas", pero sí está claro que ha existido un auge en los últimos años, realidad que podría cambiar con el envío de los barcos con mercancías a Cuba.

Con el mayor acceso a internet de muchos cubanos en la isla, algunos hacen encargos por catálogos o envían sus listas por correo electrónico. El requisito para efectuar la orden es que un familiar en Miami debe adelantar al menos un 50 por ciento del valor del producto y que paguen el resto cuando se haya ejecutado la compra. La "mula" por esta entrega puede recibir hasta un 25 por ciento de comisión.

Estela Rodríguez, quien tiene familia en Sancti Spiritus, en la zona central de Cuba, ha sido "mula" desde hace más de una década junto con su hijo Tomás, y confiesa que hace cinco años era tanta la demanda que prefirieron dejar sus trabajos en Miami para dedicarse exclusivamente a los viajes.

"Nosotros cobramos menos que otros. 12 dólares por la libra, no importa si es comida, ropa o medicina, la gente prefiere envíar las cosas con nosotros porque si es una medicina urgente para un familiar que vive en el campo, no puedes estar esperando 10 días para que llegue. Yo no creo que ese barco va a reemplazar a las "mulas". Las "mulas" han existido y existirán. Que le quiten el negocio a esas agencias que hay por ahí que muchos tienen a cubanos infiltrados tratando de sacar información para el gobierno cubano", dijo a HuffPost Voces Estela, de 72 años y quien vive en una pequeño departamento de un cuarto en la popular calle 8 de Miami.

Entrevistas en fotos de exiliados cubanos opinando sobre el barco marítimo a Cuba

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  • Los gobiernos se entienden

    "Los gobiernos hacen lo que quieren, nosotros el pueblo decimos una cosa, pero al final ellos deciden. Yo estoy de acuerdo en que ayuden a la gente en Cuba, no tienen nada y si esas medicinas y ropas llegan al pueblo, lo veo muy bien, no entiendo por qué están en contra. La gente que cobra por llevar paquetes a Cuba es porque se necesita. Los familiares de aquí necesitan ayudar a los suyos y los de allá no tienen nada", explicó Angie Belsanti, quien nació en Argentina de madre cubana y padre italiano, pero vive en Miami y dice sentirse cubana.

  • Un error ese barco

    "Pienso que ese barco es un error grande, esa mercancía no va a ir a donde debe de ir, eso no va a ayudar al pueblo. Todo lo que lleva ese barco lo van a vender por divisas. Cuando tú quieres mandarle algo a tu familia se lo mandas directamente, no puede ir al gobierno. Las "mulas" son personas que necesitan ir a ver a su familia y no tienen dinero para pagarse el pasaje, simplemente eso", dijo Roque Velazquez, cubano que abandonó la isla hace ochos años.

  • No ayuda para los comunistas

    "Yo vine muy chiquita de Cuba, pero mis papás nunca estuvieron de acuerdo en ayudar a la familia que se quedó alla porque ellos eran comunistas. No creo que nosotros estamos de acuerdo con ese barco de envíos, pero también entiendo a los que llegaron hace poco y dejaron atrás hijos, madres, no es fácil", compartió Ileana Abraham, quien lleva exiliada 44 años en Miami.

  • Lucrando con el drama

    "No apuesto por nada de eso, ese barco que fue a Cuba no creo que va ayudar a nadie, creo que es un negocio de todo a quien le pueda brindar un lucro. Yo no puedo decirte que estoy a favor de las "mulas", yo estoy a favor de lo que represente poderle llegar a mis hijos cosas, en todo este drama cubano hay una gran industria de lucro", señaló Denis Fortun, escritor, con dos hijos en Cuba y quien escribió el blog <a href="http://www.denisfortun.blogspot.com/2012/07/barco-y-destino-la-quimera-sobre-olas.html" target="_hplink">"La quimera sobre olas"</a> a raíz de nuestra entrevista.

  • Eso no es ayuda humanitaria

    "Eso no es un barco humanitario, eso es un barco de flete, recogen aquí los paquetitos y cobran $5.99 la libra a los pobres infelices que necesitan envíarla desde aquí. Aquí están las víctimas y alla están los victimarios. Alla están los ladrones", opinó Armando García exiliado en Miami desde hace 50 años.

  • Las "mulas" necesarias

    "Yo estoy de acuerdo con el barco que fue a Cuba y que comience ese tipo de relación. Es muy fácil criticar y decir que se está en contra de que ese barco cuando hay familiares del otro lado que necesitan ropa, medicina y comida, como también estoy de acuerdo con las "mulas" porque llegan a intrincados lugares, en el campo, en sitios muy remotos donde ninguna agencia llega", dijo Teté Milián, quien ha vivido dos exilios, primero en España y ahora en Miami.

  • ¿Dónde empezar los cambios?

    "Me parece que es bueno ese barco, pero me parece que los verdaderos cambios deben empezar en Cuba para que realmente esto no siga siendo la misma situación viciada. Yo tengo familia en Venezuela y envíamos dinero, ropa y claro la situación es fuerte. Desafortunadamente nuestros países están en una situación", dijo Karla,

El “Santa Cecilia” salió del puerto de Miami y logró llegar al de La Habana el pasado viernes 13 de julio después de complementar una travesía con una demora de 24 horas debido a problemas burocráticos con las autoridades aduaneras. Según Café Fuerte, portal de internet especiliazado en temas sobre Cuba, hubo problemas de documentación a la entrada del cargamento por funcionarios que llenaron incorrectamente los formularios, pero que en ningun momento hubo obstáculos políticos.

El barco saldrá semanalmente de Miami y el costo del envío de la libra será de $5.99 dólares. De acuerdo con los permisos otorgados por Washington, se puede mandar, ropa, medicinas, comida, equipos electrodomésticos, e incluso materiales de construcción y muebles. En Cuba las entregas se harán a través de la compañía CubaPack, asociada con las autoridades oficiales aduaneras de la isla, y se tomará hasta dos semanas para distribuir la mercancía en caso de que las personas que la reciban no la reclamen personalmente.

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