PAMPLONA, España (AP) — Al son del chupinazo, un cohete que se lanza desde el balcón del ayuntamiento de Pamplona, decenas de miles de parranderos se empaparon mutuamente con vino espumoso y agitaron al viento sus pañuelos rojos para dar comienzo el viernes al mediodía a la fiesta de San Fermín, característica por la suelta de toros.

La más famosa celebración veraniega española comenzó en la plaza consistorial adoquinada repleta de fiesteros que gritaban, saltaban, aplaudían y bebían mientras se bañaban con miles de litros de vino y otras bebidas alcohólicas además de rociarse con harina, lo que iba dejando una masa caótica.

Muchos extranjeros, que adhirieron a la fiesta usando el atuendo tradicional de camisa y pantalones blancos con pañuelo rojo, se sumaron a los entusiastas residentes locales que convierten la ciudad en un verdadero carnaval.

El estallido del cohete anunció el comienzo de nueve días de infarto que el público celebró entonando los gritos tradicionales de "¡Viva San Fermín!" y "¡Gora San Fermín!" en vasco, mientras descorchaban las botellas para dar salida a sus ansias de fiesta.

"Parecía una gigantesca batalla de comidas", comentó Andrea Smith, miembro de los militares estadounidenses estacionados en Montana. La nativa de Coxsackie, Nueva York, dijo que había venido a Pamplona con licencia para presenciar la fiesta, y no precisamente para ponerse en el paso de los toros.

Lindsay Erdall, una enfermera de Montana, dijo que el comienzo de la celebración "fue lo más alocado que he visto".

La primera de las ocho sueltas de seis toros que corren por las calles en medio de una multitud de osados comienza el sábado.

Desde que se llevan registros a partir de 1924, 15 personas han muerto ensartadas por los toros. La tragedia más reciente fue en 2009 cuando un joven español fue corneado en el cuello. Fue la primera muerte en San Fermín en casi 15 años.

La fiesta en honor del santo patrono de Pamplona fue inmortalizada por el novelista Ernest Hemingway.

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