Hace un par de semanas, publicamos que el senador junior por Florida, el republicano Marco Rubio, estaba anunciando que en el futuro iría a presentar un proyecto de ley según el modelo del DREAM Act - la propuesta que en los últimos años circula en Washington y que de ser aprobada, llevaría a la legalización de muchos jóvenes estudiantes y soldados indocumentados. Tanto quiso Rubio que su moción se pareciera al original que lo llamó igual: DREAM Act.

Solo que, decíamos, con cambios sustanciales. Contrariamente a los proyectos de ley hasta ahora barajados, el publicado en nombre de Rubio no permitiría que los así beneficiados con la legialización migratoria se convirtiesen jamás en ciudadanos de Estados Unidos con derecho al voto y otros privilegtios. En contraste, las versiones presentadas por demócratas o grupos bipartidarios de la misma ley tienen todas en común el que conferirían al beneficiado la residencia permanente, seguida luego de cinco años por el derecho a solicitar la ciudadanía. De hecho, dijeron sus críticos, esto crearía una categoría oficial de "ciudadanos de segunda categoría", de gente oficialmente en el limbo.

La secretaria de Trabajo Hilda Solís, por ejemplo, dijo que las ideas de Rubio sobre el DREAM Act "solo proveerán residencia y la habilidad de quedarse e ir a la escuela pero nunca la ciudadanía", como dijo a MSNBC.

El jefe de la bancada demócrata en el Senado, Harry Reid, llamó el domingo en una entrevista por Univisión a Rubio a "dejarse de hablar tanto y presentar la ley de una vez", voceando inquietudes similares.

Y en un programa semanal de entrevistas de la cadena de TV CBS, el alcalde demócrata de Los Angeles Antonio Villaraigosa expresó sobre Romney que "dijo que el DREAM Act será una dádiva pero al mismo tiempo está haciendo campaña con Kris Kobach [el secretario de estado de Kansas y asesor de campaña de Romney, quien] es el autor de las leyes [antiinmigrantes] de Arizona y Alabama".

En ese momento, se barajó que el motivo principal por el cual Rubio presentaba la propuesta era el de sacarle brillo a sus credenciales legislativos - hasta el momento no hay ninguna ley que lleve su nombre con excepción de una proclamación - para mejorar sus oportunidades de ser nombrado candidato republicano a vicepresidente en la fórmula que encabezará en noviembre Mitt Romney.

Pero las probabilidades de Rubio, que nunca fueron muy importantes, cayeron aún más en las últimas semanas, a medida que se alejaban las elecciones primarias en Florida, donde éste cuenta con importante apoyo por parte de su comunidad, la cubanoamericana.
De hecho, el semanario Time en su última edición lo listó décimo en la nómina de posibles postulantes a la vicepresidencia, con una lacónica etiqueta señalando la "obsesión" con la que su nombre es repetido por algunos. Nada más.

Pero contrariamente a lo que se podía pensar - que Rubio iba a olvidarse de la idea ante la pálida recepción que se le deparó - el senador parece seguir preparando la ley para su introducción oficial al Congreso, aunque ahora, según el sitio Talking Points Memo, con un nuevo principal objetivo: el de comparecer como adalid de los latinos y ante la más que probable derrota de la propuesta de ley, acusar al Presidente de hacerla fracasar y de haber traicionado a los latinos.

Por ejemplo, dijo Rubio a la entrevistadora radial super-conservadora Laura Ingraham el último jueves, "la Casa Blanca ha llamado a los simpatizantes del DREAM Act y les ha pedido, casi ordenado, que no trabajasen conmigo sobre el tema. Esperan que el tema les sirva como herramienta de división en octubre para aumentar su caudal de votantes", como lo cita TPM.

Como es de esperar, como lo explica otra nota del mismo autor Sahil Kapur, la Casa Blanca rechaza de antemano la acusación: "Si la propuesta fracasa, será por los republicanos", dijo un portavoz.

En cambio, dijo la casa de gobierno, "el Presidente espera trabajar con colaboradores importantes, y eso es algo que no ha visto", aludiendo a la poca visibilidad de Rubio y el hecho de que no es uno de los líderes de su partido en la Cámara Alta.

Rubio no ha anunciado el día en que presentará su propuesta al Congreso. Mientras tanto, está ocupado tratando de cosechar los frutos de algo que todavía no ha hecho: contribuir al debate migratorio en el Congreso.

En 2010, cuando la mayoría era demócrata, la Cámara de Representantes aprobó el DREAM Act, que fracasó por un estrecho margen en el Senado. Desde entonces no ha vuelto a presentarse ante la Legislatura.

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