"La disposición para aceptar responsabilidad por la vida propia es la fuente de la cual nace el respeto por uno mismo". - Joan Didion

"Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes". - Jorge Bucay

Hace aproximadamente seis meses te invité a comenzar un camino de exploración personal con el objetivo de descubrir cómo cultivar y fortalecer la confianza en ti mismo. Te invité a conseguir una libreta de trabajo donde pudieras ir anotando tus reflexiones y descubrimientos a lo largo del camino. En mis escritos te he hecho preguntas, te he propuesto hacer ejercicios de introspección, te he compartido historias y te he animado a buscar información y recursos que puedan nutrir tu búsqueda personal.

Hemos estado armando un rompecabezas y cada una de las partes juega un papel fundamental en el resultado final. Hemos explorado la importancia de conocernos a nosotros mismos y de tener una visión clara de lo que deseamos lograr. También hemos explorado la importancia de encontrar aquello que realmente nos apasiona y cómo ejercitar el poder de nuestra voluntad para hacer nuestros sueños realidad. En esta ocasión te invito a explorar un tema al que a veces no le prestamos mucha atención pero que es esencial para el fortalecimiento de nuestra confianza. Hoy te compartiré algunas ideas acerca de la responsabilidad personal.

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra responsabilidad como "la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente". Es decir, la responsabilidad es la habilidad para responder por nuestros actos y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. Nuestro poder personal y nuestra capacidad para transformar nuestra vida radican en gran parte en la habilidad que tengamos para aceptar responsabilidad por nuestras acciones.

Quizás durante tu adolescencia muchas veces escuchaste a otros adultos decir que parte importante de crecer, de hacerte independiente y acceder a tu libertad pasaba por la capacidad de asumir las consecuencias de tus actos. Cada acción tiene una reacción. Esto probablemente es algo que como adultos todos entendemos racionalmente, sin embargo hay veces que cuando nuestra vida no es lo que quisiéramos que fuera podemos caer en la trampa de "echarle la culpa" a factores externos que nada tienen que ver con nosotros mismos y nuestra capacidad de elegir.

Echarle la culpa al pasado, a nuestros padres, a nuestra pareja o a las circunstancias de nuestra vida que están fuera de nuestro control aunque "nos absuelve" de nuestra responsabilidad y nos permite un alivio temporal de la "culpa", muchas veces nos deja con una sensación de profunda frustración, parálisis e impotencia.

Si bien es cierto que en la vida hay situaciones que están fuera de nuestro control, nosotros tenemos el poder de elegir como reaccionamos ante estas situaciones y lo que hacemos con ellas. Es verdad que a veces la vida nos da limones, pero está en nosotros decidir si quejarnos por esto o si hacemos limonada.

En uno de sus escritos el médico y psicoterapeuta argentino Jorge Bucay contaba una anécdota personal que invita a la reflexión acerca de este tema. Relata que en una ocasión que visitaba la casa de su abuela, su primo de 3 años entró corriendo al cuarto donde él estaba y se llevó la mesa del comedor por delante. Cuenta que el golpe fue tan fuerte que su primo cayó sentado en el suelo llorando desconsolado. Su tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo. En su intento de consolarlo, la tía le decía al primo "Pobrecito, mala mesa que te pegó" mientras le pegaba al mueble e invitaba al primo a que le pegara al mueble de igual manera.

Cuenta el Dr. Bucay que aquella experiencia lo llevó a reflexionar acerca de cual es la enseñanza que a veces está detrás de los mensajes que recibimos de nuestro entorno. En su reflexión nos dice: "La responsabilidad no es tuya que no mirás por donde caminas, es culpa de la mesa. La mesa es mala...Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa... Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees".

Esta anécdota de su vida personal y sus años de trabajo como terapeuta y pensador lo llevaron a sostener que como adultos somos responsables de apartarnos de aquello que nos daña, así como de rodearnos de aquello que nos hace bien.

Cuando asumimos responsabilidad por nuestros actos y nuestras circunstancias nos hacemos un regalo a nosotros mismos de bienestar y de poder personal. Ese sentimiento de bienestar, de fortaleza, de libertad y liviandad puede inclusive venir de las veces en que admitimos que hemos cometido un error.

Piensa en alguna situación que hubieses deseado manejar de otra manera. Quizás tuviste un desacuerdo con tu pareja, o le hablaste a tus hijos de una manera que no te gustó. Quizás tuviste una situación en tu trabajo que como resultado de tu acción o inacción tuvo consecuencias negativas. ¿Cómo reaccionaste? ¿Asumiste tu contribución en el desenlace de los eventos? Si no lo hiciste te invito a que hagas un experimento: La próxima vez que te encuentres en una situación similar haz el intento de asumir responsabilidad por tu parte y mira a ver qué pasa. Observa como te sientes internamente. Observa como reaccionan los demás.

Asumir responsabilidad por nosotros mismos no se trata de juzgarnos o de echarnos la culpa, se trata más bien de aceptarnos tal y como somos, con nuestras fortalezas y limitaciones, en toda nuestra humanidad. George O'Neil decía que "cuando comenzamos a hacernos cargo de nuestras vidas, a hacernos dueños de nosotros mismos, se hace innecesario pedir el permiso de otro" para ser quienes somos y hacer lo que deseamos hacer. Jorge Bucay concuerda, y con eso en mente nos regala estos cinco permisos que ahora te comparto a ti. Úsalos. Párate frente al espejo y léelos en voz alta. Pueden ser el comienzo de una nueva relación contigo mismo en donde asumir responsabilidad se convierta en un área de fortaleza en tu vida.

  1. Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.
  2. Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.
  3. Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.
  4. Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.
  5. Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

Para leer en más detalle el escrito de Jorge Bucay entra aquí. ¡Hasta la próxima!

MI SERIE DE ARTÍCULOS:

VIDEOS RELACIONADOS: